Los recortes en educación pública se han llevado por delante buena parte de los programas específicos para alumnos inmigrantes y el Gobierno se llevó por delante Educación para la Ciudadanía, que fomentaba la formación en la diversidad. El resultado: España obtiene en educación su peor nota en un ránking internacional de políticas de integración… mientras que está a la cabeza de la clasificación mundial en reunificación familiar.

España pasó en apenas década y media de la total inexperiencia en la acogida de población extranjera a convertirse en uno de los países que más inmigrantes recibía de todo el mundo. De los apenas 500.000 extranjeros que aquí residían en 1995 se pasó a superar los 5,7 millones en 2011. A pesar de los que algunos políticos dijeron, el efecto llamada se llamaba empleo, y la crisis ha hecho no sólo que las llegadas se congelen en los últimos años, sino también que se haya registrado la marcha a otros países de muchos de esos inmigrantes (muchos ya como nacionalizados españoles).

Esa conversión de España de país de emigrantes a tierra prometida para inmigrantes de medio mundo, se hizo sin grandes problemas de convivencia. Al menos no trágicos, al menos no violentos en proporciones realmente relevantes. En septiembre de 2000 la inmigración entró por primera vez en el barómetro del CIS como uno de los problemas que los españoles identifican en el país. Y en octubre de 2006 se convirtió en principal problema para los ciudadanos (entonces seis de cada diez españoles veían la inmigración como uno de los tres principales problemas del país).

Entonces el discurso del Partido Popular contra el Gobierno de Zapatero (“regularización masiva”, “papeles para todos”, “efecto llamada”, “no cabemos todos”…) azuzaba el rechazo de la ciudadanía contra la inmigración. Hoy, como la crisis todo lo puede, también esto, la inmigración ha desaparecido de las preocupaciones de los españoles. Y también se ha esfumado desde hace tiempo (quizá sólo temporalmente) del discurso de los políticos.

 

Fuente:MIPEX 2015

 

A pesar de los vaivenes, la convivencia no se rompió. Ni entonces, ni después con la crisis, ni ahora. Entonces y ahora existe ese racismo de baja intensidad, cotidiano, que muchos muestran con normalidad en sus conversaciones, con el desparpajo del que da por hecho que esa xenofobia (en muchos casos no reconocida ni asumida íntimamente) se trata de una obviedad. Para él y para los demás.

Pero la convivencia entre inmigrantes y autóctonos no se ha roto, lo que también ha dado pie a cierta autocomplacencia entre los ciudadanos y también las administraciones públicas para los que, en muchos casos, se entiende la integración como algo casi superado. Y aunque España ha desarrollado en los últimos años políticas orientadas a fomentar la integración de inmigrantes (algunas, meras trasposiciones de directivas de la Unión Europea), aún quedan algunos aspectos en que hay que mejorar. Al menos algunos.

España, valorada internacionalmente

En cualquier caso, España sale más que bien parada en el ránking de países del Índice de Políticas de Inmigración e Integración (MIPEX) de este año, un estudio que elaboran el Migration Policy Group y el think tank CIDOB. Según este estudio, presentado parcialmente ayer en Madrid (el informe al completo estará disponible el mes próximo), España se sitúa en el puesto número once sobre un total de 38 países analizados, tras obtener 60 puntos de los 100 disponibles.

España sale bien parada en el ránking internacional de políticas de integración de inmigrantes (en el puesto 11 de 38 estados), pero suspende en educación y en medidas contra la discriminación

La clasificación de España es razonablemente buena (teniendo en cuenta que se compara con países desarrollados, y algunos con amplia experiencia inmigratoria, como los Veintiocho estados de la UE, más EEUU, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Islandia, Japón, Corea del Sur, Noruega, Suiza y Turquía), pero supone caer tres puestos en relación a la anterior edición del estudio, de 2011. Una caída que va en paralelo a la que sufren otros países europeos especialmente afectados por la crisis, como Grecia, Italia o Portugal.

Según el MIPEX 2015, España obtiene resultados por encima de la media general en el análisis de las políticas de integración vinculadas al mercado de trabajo, la reunificación familiar, la obtención de la residencia permanente y participación política. Nuestro país se coloca en la media general, en acceso a la nacionalidad por parte de los extranjeros y también en sanidad (aunque en este aspecto es crucial tener en cuenta que el estudio sólo valora las políticas ligadas a la inmigración legal, y en España la asistencia sanitaria se ha restringido sólo a los irregulares). Y se sitúa por debajo de la media del índice, con puntuaciones preocupantes, en las políticas vinculadas a la educación (37 puntos sobre 100) y a la lucha contra la discriminación (49 puntos).

Educación, asignatura pendiente

La educación es la gran asignatura pendiente de España en materia de integración de inmigrantes. Según el índice internacional, nuestro país cae en este ámbito hasta la posición 20 (en el anterior informe ocupa el 13º puesto) en orden de la idoneidad de sus políticas de integración en la escuela, y es el campo en el que obtiene su peor puntuación, con sólo 37 puntos.

“La educación es la gran debilidad de la política de integración de España, y donde sufre la mayor caída”, sostiene Elena Sánchez Montijano, investigadora de CIDOB y codirectora del proyecto MIPEX. Los recortes presupuestarios en educación ejecutados por todas las comunidades autónomas y la eliminación por parte del Gobierno de la asignatura de Educación para la Ciudadanía (con contenido específico en materia de diversidad, es lo que ha provocado que España se derrumbe en este campo.

Fuente:MIPEX 2015

 

España, en comparación con otros países, cuenta actualmente con pocas políticas dirigidas específicamente a los alumnos inmigrantes, como aulas de apoyo, refuerzo fuera de la escuela, becas de formación específica, programas para fomentar la relación familiar con el sistema educativo…”, explica Sánchez Montijano. “En paralelo, se ha reducido el fomento de la educación intercultural, como muestra la desaparición de Educación para la Ciudadanía”, subraya.

Salvo casos en barrios específicos de algunas ciudades o en centros educativos concretos, la integración de los alumnos inmigrantes o de alumnos españoles con padres de origen extranjero se ha ido asentando. Varios estudios muestran cómo los hijos de los que vinieron de fuera se sienten cada vez más parte sociedad española. Sin embargo, algunos expertos alertan de que la integración sigue siendo ahora posible por el esfuerzo continuo de los profesores y también de las familias del resto de alumnos, y a pesar de que los recortes presupuestarios han puesto fin a muchos de los programas específicos en la materia.

El foco en la política, no en sus resultados

“Es una sorpresa la valoración que se recoge en el informe MIPEX sobre algunos índices, que muestran un aparente éxito en materia de acceso al mercado laboral y un fracaso de la integración en el sistema educativo. No es la percepción que tenemos los que no dedicamos a esto”, apunta Francisco García Villar, subdirector general de Integración de los Inmigrantes del Ministerio de Empleo y Seguridad Social. “Nadie puede pensar que en el sistema educativo no se está haciendo un gran esfuerzo en integración, incluso en un ámbito de rigor presupuestario”, contrapone.

En este sentido, los autores del informe subrayan que el MIPEX se elabora en base a la opiniones de centenares de expertos que analizan el diseño y el desarrollo de las políticas de integración, para garantizar la igualdad y la cohesión con la población autóctona, y no tanto el resultado final obtenido con las mismas y su efectividad.

La integración en la escuela se mantiene por el esfuerzo de los profesores y de las asociaciones de padres, y a pesar de los recortes presupuestarios, según algunos expertos

Y es por ello que, incluso aunque se esté consiguiendo asegurar relativamente la integración efectiva de los niños inmigrantes (por el esfuerzo de los centros y los docentes, así como de las asociaciones de padres), la valoración de las políticas públicas se ha resentido por los recortes y el estudio pone en cuestión su idoneidad. Y es por ello, también, que aunque la población inmigrante esté sufriendo más intensamente la lacra del desempleo, España aparece en el 10 puesto del ránking en acceso al mercado laboral porque su legislación permite un acceso igualitario entre extranjeros y nacionales a puestos de trabajo, formación, becas y ayudas sociales.

“El recorte de los fondos destinados a las políticas de integración en la educación y la poca atención a la diversidad en las asignaturas hacen caer a España”, concluye Joaquín Arango, catedrático de Sociología de la UCM y miembro del comité científico del MIPEX. “El primero es por la crisis, el segundo por la elección de las materias”, sentencia.

Otro suspenso, y dos sobresalientes

El otro suspenso de España es en las políticas que buscan combatir la discriminación, precisamente por su falta de desarrollo normativo. “En España no existe protección frente a la discriminación por nacionalidad y el organismo de vigilancia antidiscriminación previsto es débil y no dependiente”, apunta el informe.

En el otro extremo, en el que el país ofrece la mejor cara, España se encuentra en la primera posición del ránking en materia de reunificación familiar (con 90 puntos sobre 100), gracias a que el proceso es fácil, gratuito y rápido; y ocupa la tercera posición en obtención de la residencia permanente (con 74 puntos).