Un delito de odio es un acto criminal motivado por la intolerancia hacia un determinado grupo de personas. Se basa en un prejuicio hacia un determinado colectivo social que se convierte en violencia. Dentro de estos, se encuentra la aporafobia: un sentimiento de rechazo al pobre por el hecho de ser pobre. Adela Cortina, que acuñó este término en 1996, dice que nos sirve para explicar por qué “no marginamos al inmigrante si es rico, ni al negro que es jugador de baloncesto, ni al jubilado con patrimonio”.

Este rechazo a los pobres es el causante de que el 47% de las personas sin hogar haya sufrido un incidente o delito de odio. “Es un prejuicio convertido en violencia”, explicó Luis Perea, director de comunicación de RAIS Fundación, la entidad coordinadora del Observatorio Hatento de Delitos de Odio contra Personas sin Hogar.

El Observatorio presentó este lunes los resultados de una investigación pionera en España para “ponerle datos al sufrimiento”, para cuya elaboración ha entrevistado a 261 personas sin hogar en Barcelona, Bilbao, la Comunidad de Madrid, Donostia, Murcia y Sevilla. El 47% (123 personas) reportan algún incidente o delito relacionado con la aporafobia durante su historia de sinhogarismo y, de estas, el 81% habría pasado por experiencias similares en más de una ocasión. Las mujeres lo sufren más: el 60,4% de las encuestadas afirman haberlo sufrido frente al 44% de los encuestados.

Seis de cada diez incidentes relacionados directamente con la aporafobia se producen por la noche en el lugar donde están durmiendo las víctimas. Es decir, se aprovecha el máximo grado de indefensión para atacarles. Por ello, algunas personas sin hogar ya optan por caminar toda la noche y dormir durante el día en sitios concurridos, donde se sienten más seguras.

 

En cuanto a las agresiones sufridas, el insulto o trato vejatorio es el más común (un 42,9% de las víctimas lo reportó) seguido de la agresión física (40,8%). Destacan el robo y el daño a las pertenencias de la persona sin hogar (17,5%) así como las agresiones sexuales (3,5% de las personas encuestadas han sufrido este tipo de abuso).

 

¿Quiénes son los agresores?

El perfil más habitual es el de un hombre (87%) de entre 18 y 35 años de edad (57%). El 7,3% de los entrevistados apuntaban como agresores a personas de ideología nazi. Más allá de las ideologías extremas, resulta muy llamativo que el 28,4% de los agresores fueran chicos jóvenes que salen o vuelven de fiesta y cometen “delitos de ocio”.

Igualmente alarmante es que el 10% de los responsables de estas agresiones a personas sin hogar sean policías, el 6,4% guardias de seguridad privada y el 3,7% funcionarios de la administración pública. Esto podría explicar por qué el 63% de los encuestados afirma no denunciar los hechos ni acudir a ningún servicio sanitario. El 43,1% piensa que no sirve para nada y el 19,4% no confía en ningún servicio. De las 15 denuncias presentadas por las víctimas encuestadas, ninguna derivó en sentencia condenatoria.

Además, dos de cada tres experiencias se produjeron delante de otras personas, pero en la mayoría de los casos, nadie hace nada. Desde el Observatorio Hatento apelan a la ciudadanía “a que, al menos, llame al 112”.  

 

¿Cuánta gente hay sin hogar?

El Instituto Nacional de Estadística estima, a partir de una encuesta realizada en 2012, que en España hay unas 23.000 personas sin hogar. Las ONGs que trabajan con este colectivo creen que la cifra es algo superior y la sitúan entre 30.000 y 40.000. La mayoría son varones (80,3%), las edades más frecuentes oscilan entre los 30 y los 64 años y la mayoría son de nacionalidad española (54,17%). Un 15% sufriría alguna discapacidad y, en contra de la creencia popular, sólo el 4,14% tiene un consumo excesivo de alcohol.

El sinhogarismo constituye la forma más extrema de exclusión social ya que el derecho a la vivienda se relaciona directamente con la calidad de vida, la seguridad y la salud de las personas. En 2013, el indicador AROPE situa al 27,3% de la población residente en España en riesgo de pobreza o exclusión social, casi tres puntos por encima de la media de la UE. La Comisión Europea calcula que unos 4 millones de ciudadanos se ven expuestos a una situación de sin techo en algún momento del año.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos establece en su Artículo 1 que todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos. Los delitos de odio constituyen una de sus vulneraciones más flagrantes, porque precisamente despoja a las víctimas de su dignidad como seres humanos y viola un derecho fundamental como es la integridad física y moral, garantizado en el Artículo 15 de nuestra Constitución.