“¿De qué sirve quejarse de los árbitros?” se preguntaba en 2012 Pep Guardiola, cuando aún dirigía al Fútbol Club Barcelona, tras un partido en el que no se pitó un penalti a los blaugrana frente al Espanyol.

Pero aunque en esa ocasión Guardiola prefirió no hablar de arbitrajes, sí que lo ha hecho en otras ocasiones, y no sólo él, pues técnicos, jugadores, aficionados (tanto los que siguen los partidos desde su casa como los que lo hacen desde el estadio), todos ellos han acabado por maldecir una actuación arbitral, por criticar una decisión que a su ver era totalmente incorrecta e injusta.

Además, tenemos recientes las noticias sobre corrupción que han salpicado a la FIFA por el amaño de partidos en los Mundiales, ante lo que cabe preguntarse si el uso de tecnología en los encuentros podría evitar que se diesen situaciones tan bochornosas como la que en Corea y Japón 2002 dejaron a España e Italia sin ninguna opción de alzarse con el título de campeón mundial.

Las televisiones hoy en día permiten ver casi desde cualquier ángulo la jugada y la trayectoria del balón, sin embargo sigue siendo el árbitro quien decide, según su juicio y bajo su punto de vista, si lo que ha sucedido es falta, penalti, mano o gol. No hay repetición que valga más que la decisión de un árbitro.

La tecnología está ahí, son muchos los avances que se han producido y que podrían ayudar a esclarecer cualquier duda en un partido, pero esto llevaría a los árbitros a situarse en un segundo plano. Nadie ha dicho que las máquinas tengan que sustituir al hombre (por ahora) pero lo que si deberían hacer es ayudarle a realizar mejor su trabajo.

Los árbitros son necesarios, pues ellos pueden determinar si hay o no intencionalidad en una jugada polémica, algo que una máquina nunca podría deducir. Pero si hablamos de ‘goles fantasma’, desde luego no hay duda de que la visión de un árbitro no puede ser la misma que la de una cámara o sistema que pueda ser colocado en la línea de gol y que determiné si la pelota entra o no en la portería.

En tenis el ojo de halcón es imprescindible en muchas ocasiones, del mismo modo que la foto finish determina quien es el ganador de una carrera

En tenis el ojo de halcón es imprescindible en muchas ocasiones para conocer si una bola es válida o no, pues un partido de tenis, de fútbol, de baloncesto o de bádminton se gana por los puntos marcados, por los balones encestados o los goles anotados. Y es esta importancia, la de contabilizar de forma correcta y justa la que anima a introducir la tecnología en el mundo del deporte.

La foto finish es determinante en una carrera, del mismo modo que deberían de serlo los videos que recogen las jugadas de los partidos. Pero claro, el dinero siempre aparece como un problema, y aquí no iba a ser menos. En 2013, Michel Platini señalaba que “no es posible introducir el arbitraje mediante el vídeo en la Liga de Campeones porque contamos con 80 partidos en toda Europa. Esto costaría 55 millones de euros, sería complicado…”, para terminar confirmando que trabajar con cinco árbitros “no es tan caro y es más eficiente”.

Cuando la tecnología se pone a funcionar

Después de muchos errores arbitrales e innumerables quejas en el pasado Mundial de Brasil 2014, la FIFA contó con la línea de gol como una nueva característica para ayudar a esclarecer las dudas que podrían suponer los goles fantasmas. También en la MLB, la principal liga de béisbol del mundo comenzó a utilizar un sistema de repeticiones inmediatas para ayudar a los árbitros en su trabajo y un centro de evaluación de las jugadas protestadas.

Respecto a la FIFA, el sistema informático que puso en marcha en el último Mundial se encargaba de trazar la trayectoria del balón gracias a un método estadístico que se apoyaba en las imágenes recogidas por cámaras de video de alta velocidad. El objetivo, determinar si el baló cruza o no la línea de gol.

En el caso de que la acción fuese gol, una señal vibratoria llegaba a los árbitros que daban como válido el tanto. Así sucedió en el partido entre Francia y Honduras en el que se requirió el uso de esta tecnología para comprobar que el segundo gol de los franceses había sido efectivo.

La tecnología que comenzó a utilizar la liga de béisbol necesitaba que uno de los 74 árbitros independientes revisara la jugada polémica en el Replay Operations Center, para después de ver las imágenes recogidas por alrededor de 10 cámaras, emitir un veredicto definitivo en un tiempo inferior a los 90 segundos. Todo un ejemplo de combinación de las nuevas tecnologías y el trabajo del árbitro.

 Imagen | Play Among Friends Paf en Flickr