Concejales y miembros de base de la plataforma creen que el exdelegado de Cultura y Deportes debería haber conservado el cargo. Zapata dimitió 24 horas después de asegurar que no se iría y tras escuchar a la alcaldesa decir en público que barajaba cesarle por los injuriosos tuits que difundió.

“Todo reinado tiene que empezar con una ejecución memorable”, prescribió Nicolás de Maquiavelo. La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, parece tener bien aprendida una lección que ayer aplicó sin piedad sobre Guillermo Zapata, su dimitido concejal de Cultura y Deportes. Tras dos días en la picota por la difusión de chistes injuriosos en Twitter, Zapata cedió y se desdijo de lo declarado apenas 24 horas antes: “no tendría mucho sentido que una persona dimitiera por un trabajo que ni siquiera ha empezado a hacer”.

El edil -que sale del Gobierno de Carmena pero conserva su acta y su cargo de concejal de Fuencarral-El Pardo– presentó su renuncia después de que la regidora asegurara en público que estaba barajando cesarle y de reunirse con ella durante una hora. La regidora se la aceptó al momento. Con su marcha pierden peso en el Ayuntamiento las bases de Ahora Madrid menos identificadas con el oficialismo de Podemos, ya que Zapata fue uno de los impulsores de Ganemos y era lo más puramente quincemista del equipo de Carmena. Vinculado al centro social Patio Maravillas y a diversos colectivos, su presencia era una garantía de reivindicación continua de las esencias fundacionales de la plataforma.

Cientos de personas firmaron un manifiesto de apoyo a Zapata

Por ello, centenares de compañeros suyos se movilizaron ayer para respaldarle públicamente. Un manifiesto firmado por más de mil personas, entre ellas numerosos miembros de Anticapitalistas -la corriente donde se integra el sector de Podemos más crítico con Pablo Iglesias-, de diversos círculos del partido morado y de candidaturas de unidad popular, señalaba que “lo que está aquí en juego, más allá de la continuidad del concejal, es la posibilidad de la ciudadanía de debatir ideas responsable y públicamente, de comunicarnos y seguir formando una comunidad, independientemente de quién la gobierne”.

El escrito añadía que defendiendo a Zapata se reivindicaba “la posibilidad de hacer política” de otro modo y a él se adhirieron, entre muchos otros, el actor Alberto San Juan -miembro del Consejo Ciudadano de Podemos Madrid-, el eurodiputado Miguel Urbán, la diputada madrileña Jazmín Beirak o los miembros de la dirección de Iglesias Sarah Bienzobas, Germán Cano, Jorge Lago y Eduardo Maura.

Un concejal reconoce las “diferencias”

Además, lo avalaron con su firma varios integrantes de la lista electoral de Ahora Madrid, incluidos los concejales Pablo Carmona y Rommy Arce. Ambos lideraron la corriente que dentro de la Junta de Gobierno se mostraba en contra de la dimisión, un debate que fue zanjado por la propia Carmena y por la claudicación de Zapata. Ayer, junto a él compareció en el consistorio el delegado de Seguridad de la nueva corporación, Javier Barbero, que reconoció “diferencias” en el seno del equipo que fueron expresadas “sin problema”, ya que el grupo es “lo suficientemente plural” como para que se haga así.

Lo cierto es que esas divergencias fueron más bien enfados y disgustos por parte del sector más cercano a Zapata, que considera que se ha cedido ante la presión política y mediática. Es el caso de Toni García, integrante número 24 de la lista de Ahora Madrid y miembro de Anticapitalistas. A lo largo de todo el día dio muestras en Twitter de lo improcedente que consideraba apartar a su compañero de filas de la concejalía de Cultura.

Otro de los miembros de la plancha electoral, Fabio Cortese, hizo lo propio difundiendo un mensaje que decía “esto no va sólo de Zapata, sino de si vamos a permitir que la caverna altere un gobierno por unos chistes mientras los corruptos siguen ahí”, actitud que se repitió en Ángel Guillén, número 39 de la lista. “Las batallas hay que darlas, si no las damos estamos perdidos” o “¿De verdad permitirán que la prensa y la derechona -valga la redundancia- derriben un gobierno elegido por el pueblo? ¿Ya? ¿En dos días?” fueron algunos de los mensajes que divulgó ayer Guillén, compañero de Zapata en el lanzamiento de Ganemos.

Quienes sí se mostraron conformes con la decisión y alabaron la “responsabilidad” del dimitido fueron los dirigentes de Podemos. Tanto el secretario general, Pablo Iglesias, como el secretario de Política, Íñigo Errejón, agradecieron el gesto. En cambio, el exnúmero tres, Juan Carlos Monedero, lamentó el cese de Zapata y habló de “tamayazos indirectos”.

Uno de los hechos que más llama la atención del asunto es la diferencia en el trato dado a Pablo Soto, otro concejal puesto en el candelero por sus tuits. En su caso no eran chistes de humor negro, sino deseos de “guillotina” para numerosos personajes públicos expresados hace unos años. Carmena aseguró en La Sexta que ahí no había debate porque le conocía y sabía que había cambiado y estaba “arrepentido” de haber dejado escritas esas cosas.

Preguntado ayer por este asunto, Zapata aseguró que “en absoluto me siento discriminado” e incidió en el hecho de que en Ahora Madrid “nadie es imprescindible”. Sobre el hecho de que la alcaldesa no hubiera acudido a la sala de prensa para arroparle -como sí hicieron varios ediles- el exdelegado de Cultura señaló que ella se había ofrecido a comparecer con él pero que entendía que lo mejor era no hacerlo para acentuar el carácter “personal” de la decisión de quitarse “de en medio”. “Nadie me ha invitado a irme”, remarcó.

Tampoco mostró Zapata preocupación por las pesquisas iniciadas por la Policía para estudiar si su comportamiento fue constitutivo de delito. Dijo respetar los procesos judiciales y en adelante se centrará en desarrollar lo mejor posible sus “competencias distritales”. Todo ello en ese ambiente enrarecido que ha provocado su caso dentro de una formación tan variopinta y repleta de espíritus contestatarios, situación que augura que este no será precisamente el único momento de tensión de una legislatura que no ha hecho más que comenzar.