Napoleón definió a España como un país lleno de monjas y de curas. “ Una chusma de aldeanos guiada por una chusma de curas de armas tomar”.

Lo cierto es que no se equivocó mucho, si tenemos en cuenta que a principio de 1800 en la Villa y Corte había más conventos que en cualquier otro lugar del mundo, incluido Roma. Con lo que no contaba Napoleón es que esa “manada de curas y monjas” rechazaría mantenerse fiel al espíritu contemplativo y pacífico de los religiosos y se lanzaría a batallar contra las tropas francesas. No es que fueran los curas y las monjas los que acabaran con el dominio francés y liberaran España, por mucha banda guerrillera auspiciada por el cura Jerónimo Merino, ya que sin las tropas británicas del Duque de Wellington la guerra de independencia española no hubiera terminado como terminó, propiciando además el declive del imperio francés en manos de Napoleón.

Es curioso ver cómo siglos después, las cosas no son tan distintas. Cierto es que han cambiado las tornas y que hay un español, Manuel Valls, como primer ministro de Francia, y una española, Ana Hidalgo, como alcaldesa de París. Pero en cuanto a la presencia de curas y monjas en España, el panorama no ha variado mucho.

Hubo un tiempo en que los únicos religiosos que veíamos en la tele eran el Pájaro Espino, al que daba vida Richard Chamberlain , y el Padre Mundina con su universo de plantas.  Antes había hecho su aparición Sor Citroën, aunque era otro estilo. La realidad siempre supera la ficción y lo más parecido que hemos  tenido al Montgomery Clift del “Yo confieso” fue el secretario del Papa Benedicto XVI, Gerog Gaenswein , más conocido como el George Clooney del Vaticano o como el Bello Giorgio.  Luego la cosa degeneró bastante y el Padre Apeles se convirtió en el perejil de todas las salsas televisivas cuando el término tele basura empezó a cocerse. Y de ahí a tener a Sor María imputada en el caso de niños robados abriendo los informativos, hubo un paso.

Hagamos un experimento de agudeza visual como suele proponernos Forges. ¿Se ha fijado que cada día es más complicado ver a un monja en la calle, en un avión, en un parque, en un hospital… ? No es que hayan desaparecido , es que están en la televisión. A todas horas, y opinando de todo y de todos. Por supuesto que están en su derecho, el mismo que nos asiste a los demás a criticar esa omnipresencia mediática. Para ser francos, algunos verán menos la influencia napoleónica en esta presencia de monjas televisivas y más la influjo de Federico Fellini, rememorando el desfile de moda eclesiástica con curas y monjas deslizándose en patines de manera estrafalaria,  en su película “Roma”. Un espectáculo de luz y color, un circo.

Esta semana emitieron un reportaje con Sor Lucía Caram, una monja argentina, dominica contemplativa, o eso dice, asentada en España y que más que por su buena labor con los necesitados, se la conoce por sus exabruptos verbales y tuiteros. Los responsables de la televisión se la llevaron con sus hábitos a entrevistar a millonarios.  La monja no hacía más que preguntar por el precio de esto y aquello, y calcular cuántos litros de leche para “mis niños” podría comprar con ese presupuesto. Lástima que se le olvidara echar los números que tenía más cerca: cuántos litros de leche podría comprar con lo que cuesta una embajada catalana de esas que el presidente autonómico del que dice estar enamorada (¿?) abre por todo el mundo. Las cuentas salen rápidamente y avergüenzan más que una botella de champán de más de 600 euros en Marbella o un bolso de 12.000 euros porque al fin y al cabo esos lujos, para la gran mayoría inaccesibles aparte de absurdos, se lo sufragan los propios millonarios y no las arcas públicas de ninguna comunidad autónoma. También podía haber calculado cuantos litros de leche podría comprar con los recortes que el gobierno catalán al que tanto defiende ha cercenado en sanidad o en el presupuesto destinado a la atención a discapacitados o con diversidad funcional, como nos piden que digamos.  Y no le digo los litros de leche que podría haber comprado con los millones de euros de las cuentas bancarias en paraísos fiscales de los Pujol y del propio padre del presidente Mas. Pero eso a la monja no le debe parecer el mismo capitalismo que tanto desprecia. Muy Marx, no Karl sino Groucho: “Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros”. Da la impresión que a alguien le fallan los conceptos. Y eso que lo dice la Biblia:  “No juzguéis, para que no seáis juzgados. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.” . Mateo 7:1-5.  Con la agenda que tiene Sor Lucía, no debe quedarle tiempo para leer.

Todo el mundo tiene derecho a opinar pero no todos lo hacen en las mismas condiciones. Aparecer con el hábito religioso impone y mediatiza la opinión de forma consciente. Tengo un amigo cura que cuando quiere imponer respeto o empezar con ventaja una negociación, siempre se coloca el alzacuellos como eficaz medida de presión. Y no falla.  En mi época de la radio, presenté una tertulia de curas que se convirtió en una de las secciones favoritas de la audiencia. Hablaban de todo, pero siempre con respeto y con mucho humor, huyendo del insulto, de la provocación y del partidismo. Entre ellos estaban el Padre Jony, más conocido como el padre rockero , melena al viento y cazadora de cuero celebrando misas rockeras en la catedral de Tarrasa para atraer a los más jóvenes, el Padre Garralda, que hace una labor encomiable en las cárceles,  y el Padre Ángel, que con su eterna sonrisa consigue entrar tanto en palacios como en países en guerra.  Todos, sin malas caras ni malos modos, hacen una labor que ya quisieran hacer los más servicios sociales de cualquier administración pública. Jamás he escuchado a ninguno de ellos decir que les repugna la gente con dinero, que les dan asco. No son tan torpes, ni tan falsos, ni tan tramposos. Una de las máximas de Teresa de Calcuta era decirle a los que tenían dinero: “Yo hago lo que usted no puede, y usted hace lo que yo no puedo. Juntos podemos hacer grandes cosas”.

Se ve que es otro estilo. Supongo que es el mismo Dios pero con interferencias, quizá provocadas por el afán de protagonismo, la demagogia, o el uso excesivo de las redes sociales que tienen el peligro de retratar al personal en 140 caracteres,  como cuando falleció un importante banquero y Sor Lucía creyó conveniente escribir en un alarde de caridad cristiana: “Los sudarios no llevan bolsillos”.  A nadie se le ocurrió contestarle que los bozales tampoco los llevan, supongo que por respeto, el mismo que no mostró ella. La torpeza es humana,  una acción poco acertada e inoportuno como bien define la RAE,  pero cuando se mediatiza y se insiste compulsivamente en publicitarla, adquiere tintes de ofensa e insulto.

“Si me callo , gritarán las piedras”, le dijo por carta al Papa después de que el Vaticano la llamara al orden, a ella y a Teresa Forcades, una monja benedictina que además de decantarse por un activismo político pro independentista catalán, lideró una campaña contra la vacunación de los niños. Espero que al menos no haya visitado al menor de 6 años que está luchando por su vida a causa de una difteria, después de que sus padres decidieran no vacunarle. “Gritarán las piedras”, dijo en un ataque de modestia Sor Lucía. Bendita afonía, le vino a decir el Papa Francisco.

Como ha cambiado el cuento. Antes era Dios quien estaba en todas partes. Ha debido delegar, porque abdicar creo que no puede y dimitir entraría en el apartado de milagros. Ahora son estas monjas las que están en todas partes. Pues nada, con Dios.

 

Foto: Kellar Wilson en Flickr