Un dato: Podemos, como tal partido, sólo se presentó el 24 de mayo a las elecciones autonómicas y obtuvo el 14% de los votos, exactamente la mitad de los que llegaron a pronosticarle algunas “prestigiosas” encuestas demoscópicas (el CIS, por ejemplo).

Este 14% no está lejos de las previsiones de voto que otorgaban las encuestas a IU en vísperas de las elecciones europeas de 2014. En otras palabras: Podemos está hoy donde hubiera estado IU si ésta no se hubiera dedicado con gran determinación a autodestruirse, comenzando por rechazar la presencia de Pablo Iglesias y sus amigos en las lista de esa coalición (IU) cuando se convocaron las elecciones europeas en el año 2014.

Es cierto que tras elecciones autonómicas del pasado 24 de mayo, si el PSOE quiere gobernar, por ejemplo en Castilla-La Mancha o en Extremadura, necesita el apoyo de Podemos, apoyo que tanto criticaba hace pocos meses Pablo Iglesias. Un apoyo, en cualquier caso, mínimo.

Sin embargo, lo ocurrido en las municipales es otro cantar. En los Ayuntamientos, los mascarones de proa de las llamadas candidaturas de “unidad popular” han obtenido resultados espectaculares (Madrid, Barcelona, Zaragoza, Valladolid, Coruña o Santiago de Compostela). Resultados que muy hábilmente Podemos se ha dejado atribuir gracias a la propaganda rival de PP y PSOE, que se cansaron de de calificar durante la campaña a estas candidaturas de “marcas blancas de Podemos”, pero los hechos son muy distintos. En efecto, según señala el analista Juan Cuesta, en Coruña y Santiago, por ejemplo, las “mareas” no contienen ningún concejal de Podemos. Xosé Manuel Beiras, líder de Anova (una componente relevante de “las marcas”), lo ha descrito con gracia: “Aquí no hay ninguna fuerza política que pueda ser el gallo de este gallinero”.

En Barcelona, de los 10 escaños que obtuvo la candidatura de Ada Colau, sólo 2 son de Podemos. En Madrid, de 20 concejales, tan solo 8 son podemitas. Y ya que estamos en la Villa de Madrid, Podemos sacó en la autonómicas 280.000 votos y la candidatura de Carmena 520.000. Una diferencia que ha debido dejar de piedra a los estrategas de Podemos.

Podemos debería tomar nota de los resultados reales y no perderse con la apresurada y poco documentada interpretación que han dado los periodistas

En Zaragoza, en la candidatura de “unidad popular” (“Zaragoza en común”) Podemos no obtuvo ningún concejal (de los 9 concejales obtenidos por “Zaragoza en común” 5 son de IU y 4 son independientes). Según el citado Juan Cuesta, “[…] allí donde hubo convergencia, hubo éxito a la izquierda del PSOE. Si alguien no lo entiende así –y Podemos hasta ahora ha demostrado no entenderlo– puede provocar un frenazo histórico a las aspiraciones de esa izquierda rupturista. Podemos –añade Juan Cuesta- debería tomar nota de los resultados reales y no perderse con la apresurada y poco documentada interpretación que han dado los periodistas”.

Parece evidente que las posiciones iniciales del grupo fundador de Podemos, es decir, el populismo izquierdista de procedencia latinoamericana, no convence demasiado a los “españoles indignados y cabreados”, que es caldo donde se ha cocido esta “protesta ciudadana” en forma de partido político, tal como había hecho en Italia Beppe Grillo y sus “Cinco estrellas”.

El giro que han anunciado algunos “socios fundadores” de Podemos de cara a las elecciones generales va en la dirección se subsumir Podemos en un magma parecido a las candidaturas de “unidad popular”, cosa que viene predicando Alberto Garzón desde IU. Si esto se concretara, esa escopeta (es decir, esa ensaladilla rusa) tendrá un solo disparo: o sobrepasa al PSOE e Iglesias lidera el derribo socialista o su destino será la dispersión pues, como decía hace muchos años Henrique Cardoso (que luego fue Presidente de Brasil): “Toda organización izquierdista es divisible al menos por dos”.

Pero en las generales no sólo se la juega Podemos. También se la juega Rajoy y, desde luego, el PSOE, que, gane o pierda, tendrá que repintar sus blasones, olvidarse de cualquier “renovación generacional” e innovar una nueva política en y para Cataluña, pues –digámoslo de una vez- con el PSC no se puede ya ir ni a misa, sea esa misa federalista o no lo sea. Y sin contar con una presencia propia en Cataluña, al PSOE le será prácticamente imposible ganar unas generales en el conjunto de España.