Durante los últimos meses, el modelo de negocio de Spotify se ha puesto en entredicho por artistas como Taylor Swift, que retiró sus temas de la plataforma europea, descontenta por las bajas retribuciones. También por Jay Z, que montó con otra docena de intérpretes Tidal, un competidor controlado por él mismo, las discográficas, un fondo de capital riesgo y un grupo de intérpretes famosos (Beyoncé, Rihanna, Kanye West, Nicki Minaj, Daft Punk, Jack White, Madonna, Arcade Fire, Alicia Keys, Usher,Chris Martin, Calvin Harris, deadmau5, Jason Aldean y J. Cole). Ahora llega Apple para competir.

Para Apple, el verdadero movimiento detrás de la compra de Beats no tenía que ver con sus cascos (relativamente mediocres si tenemos en cuenta lo caros que son). El verdadero motivo de pagar 3.000 millones de dólares era la confianza ciega en que sus co-fundadores, Jimmy Iovine y Dr. Dre, eran capaces de mover sus contactos en el mundo de la música y lograr acuerdos exclusivos. Nadie lo dudaba cuando la compañía de Cupertino anunció que U2, la banda de Bono, íntimo amigo de Iovine, regalaría los temas de su último disco en cada iPhone 6.

Según Bloomberg, el movimiento para cazar exclusivas ha empezado exactamente con la artista que más puso en duda el modelo de Spotify, Taylor Swift, y con la banda británica Florence and the Machine. La estadounidense ya anunció en noviembre la retirada de su catalogo de Spotify. El coloso de la música en streaming confió en que cambiase de idea y lanzó un comunicado en el que subrayó que cerca de 16 millones de usuarios reprodujeron sus canciones en los 30 días anteriores a la decisión, y que su música está en 19 millones de listas. A posteriori, resulta difícil no imaginar que todo podría muy bien ser un movimiento perfectamente planeado para después arrojarse como el Tío Gilito sobre la montaña de dinero esperando destino que es hoy en día Apple. 

Obviamente, Apple tiene las de ganar en EEUU, no sólo por su enorme cuota de mercado en smartphones sino también porque tiene el músculo financiero necesario para invertir lo que haga falta en contenido exclusivo que arrebatar a otras plataformas. 

Frente a un modelo en el que toda la oferta estaba concentrada en Spotify, o más o menos, vamos a pasar a uno de más competencia en el que los grandes artistas intentarán lucrarse lo más que puedan. Frente al modelo de derechos centralizados de la Premier inglesa, pasamos a un reparto como el de las famosas guerras del fútbol.

La única duda es si esto beneficia, a largo plazo, al modelo de streaming creado por Spotify. Por supuesto, Tim Cook no tendrá problemas. El usuario de Apple paga, lo ha hecho siempre. Es uno de sus rasgos característicos. Los dueños de sus dispositivos son como los Lannisters del consumo: siempre pagan. El problema es que Spotify sirve, a escala global, a una base de usuarios mucho más amplia. Si los artistas, ávidos con razón de hacerse con jugosas exclusivas para poner sus contenidos en manos de Apple, vacían de contenido relevante Spotify, los ingresos de pago de ésta se reducirán, y los de publicidad no servirán para pagar a los artistas que queden. Se refugiarán en otras plataformas. Y si los menos escuchados cobran hoy poco, cuando Cupertino tenga que remunerar a sus estrellas veremos cuánto queda para los chiquititos.

Sin duda, siempre habrá una oferta de pago, pero mucha quedará en manos de Apple. Además, los de Cupertino son bastante buenos en su trabajo. La posibilidad de interactuar con Siri, su asistente por voz, y preguntarle por las canciones más populares de un grupo o las más exitosas de un año en cuestión, tiene gancho. Y For You, el equivalente a este servicio del Genius de iTunes, sin duda funcionará bien. Por no hablar, también, de la nueva emisora de radio Beats 1, que emitirá en directo ininterrumpidamente y a escala global desde Los Ángeles, Nueva York y Londres. O Connect, un sistema para que los artistas puedan interactuar como nunca con su público.

Grandes servicios, sin duda, que disfrutarán millones de personas. ¿Pero qué pasará con el resto? Se corre el riesgo de devaluar la opción gratuita, que sirve de plataforma de acceso al mundo del streaming. En ese escenario, muchos usuarios que habían ido transitando de la vía paralegal a un sistema abierto y sencillo, volverán a descargarse las canciones. “¿Y si mis artistas favoritos abandonan Spotify?”, será una excusa como otra cualquiera. Y en España la cosa sería aún más complicada: si la compañía europea cae, teniendo en cuenta que somos un mercado netamente Android y no tan dado a pagar por todo, la idea de apoquinar los 10 euros al mes que propone Cupertino difícilmente tendrá un gran éxito entre todo el mundo, por muchos DJ que pongan en la balanza.

¿Pasaremos de la democratización nórdica del consumo y del reparto de ingresos de Spotify a una competencia entre artistas multimillonarios para ver quién expulsa a los usuarios con menos recursos a los brazos de la piratería? ¿Está demasiado maduro el mercado para pensar que la gente puede volver a llenar de música sus discos duros?