Aunque los contadores inteligentes permitan ajustar el precio de la luz que pagan los clientes dependiendo de los costes de la energía en cada instante, las diferencias en la factura no son exageradas. Poner una lavadora por la noche supone un ahorro de 18 céntimos de euro.

A partir del 1 de octubre de este año, por mandato del Ministerio de Industria, Energía y Turismo, los consumidores que tengan instalado un contador de la luz inteligente en su casa van a ser facturados por su consumo real por horas, en sustitución del modelo anterior, por el que pagaban de acuerdo a un perfil medio.

Esto supone un avance en la transparencia, ya que le permite al usuario saber algo más sobre cuándo y cómo gasta, como explicó el Ministerio en un comunicado.

No obstante, es posible que el cliente sienta sus esperanzas defraudadas, ya que los contadores inteligentes no tienen una pantalla para mostrar a los habitantes del hogar en tiempo real el precio y el consumo que se está haciendo, como vienen denunciando varias organizaciones. De modo que el usuario podrá tener más detalle de cuándo y cómo gasta, sí, pero a toro pasado, una vez que ya haya realizado el consumo.

La “gymkana de la luz”

El ciudadano tampoco podrá hacer mucho por cambiar sus hábitos de consumo, a no ser que modifique su estilo de vida por completo y adopte las costumbres de los vampiros. La electricidad es más barata por las noches, pero los seres humanos tenemos un comportamiento típicamente diurno; resulta complicado pensar que alguien va a empezar a cocinar de madrugada porque encender el horno le costará menos.

Desde Facua dicen que el ciudadano se ve obligado a hacer “una gymkana para ahorrar, para poner la lavadora por la noche o el aire acondicionado cuando no hay nadie en casa”

“Hay que eliminar este sistema, es absolutamente descabellado”, afirma el portavoz de Facua, Rubén Sánchez. “Es una fórmula que no responde a las necesidades del ciudadano, que se ve obligado a hacer una gymkana para ahorrar, para poner la lavadora por la noche o el aire acondicionado cuando no hay nadie en casa”, añade.

En lugar de ahorrar, asegura Rubén, la gente va a pagar mucho más porque “cuando haya más consumo, las eléctricas nos van a cobrar la luz a un precio más caro”.

En caso de que el cliente quiera activar sus electrodomésticos por la noche -aquellos que tenga sentido utilizar entonces, como la lavadora-, ha de saber que tampoco puede llegar muy lejos con este nuevo sistema. Fuentes del sector indican que este modelo tiene más sentido para empresas con unos grandes gastos en electricidad, que sí pueden notar estas oscilaciones en los precios debido al uso intensivo que hacen de la luz.

Según cálculos de estas fuentes, una lavadora estándar, con capacidad para 6 kilos y una certificación energética D, genera un consumo medio en torno a los 1.000 vatios durante un lavado normal de 1 hora.

Poner 4 lavadoras a la semana durante todo un año en el horario más barato puede llevar a ahorros de tan solo 37,44 euros

Siempre de acuerdo con estas estimaciones, poner la lavadora en la hora más cara del día costaría alrededor de 68 céntimos, mientras que de madrugada, en el momento más barato, saldría a 50 céntimos. Una diferencia de 0,18 euros.

Si establecemos que la media de lavados en una familia puede rondar -por ejemplo- las 4 coladas semanales y los años tienen 52 semanas, el número de lavadoras al año asciende a 208.

Los 208 lavados, multiplicados por 0,18 euros de ahorro en cada uno, arroja un resultado de 37,44. A 4 lavadoras por semana en el momento más barato, un cliente puede ahorrarse la friolera de 37,44 euros en un año.

¿Cuándo sería útil este modelo?

El nuevo sistema de tarificación, muy previsiblemente, no va a generar grandes terremotos en la factura de la luz, que ahora mismo es la segunda más cara de la UE, ponderada con el poder adquisitivo.

Otro cantar sería si cada uno de los hogares contara con una batería capaz de acumular electricidad durante la noche y liberarla durante el día, con lo que se cubrirían las necesidades energéticas de una vivienda.

Por el momento, el producto más destacado que puede cumplir este papel es la Powerwall de Tesla, el fabricante de automóviles eléctricos. Lo malo es que el Ministerio de Industria, Energía y Turismo ya ha emprendido el camino para gravar el uso de estos sistemas de almacenamiento.

Industria ha elaborado un proyecto de real decreto que grava el almacenamiento de energía, una práctica que sí resultaría ventajosa para los consumidores con el nuevo sistema

En el proyecto de real decreto sobre autoconsumo que está estudiando la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) se incluye un impuesto sobre la potencia que oscila entre los 8,9 euros por kilovatio (kW) y los 15,3 euros por kW, medida que en principio se supone tiene como objetivo cubrir los gastos del sistema eléctrico que respaldan el autoconsumo, pero que se convertirán en una forma de disuadir a los consumidores que quieran instalar dispositivos como la Powerwall y a aquellos que acumulen la energía de los paneles fotovoltaicos en baterías incorporadas.

El cambio del modelo es necesario, el cliente tiene que ser capaz de actuar sobre su gasto en la luz, y en ello coinciden empresas y organizaciones de consumidores. Pero la transparencia en este sector pasa por algo más que facturar por horas.

 

Foto: Flickr – Jesús Alenda