Mariano Rajoy recibió una herencia envenenada. No vamos a negárselo nosotros. A escala estatal, el Gobierno anterior intentó aplicar políticas contracíclicas, se puso a Keynes por montera e hizo una serie de gastos poco productivos que no contribuyeron a reconducir la situación. Cualquier defensor de la disciplina fiscal en aquel periodo fue tratado como un loco , hasta que cambiaron las tornas. El mismo Gobierno de Zapatero que impulsó el Plan E y el cheque bebé firmaba en 2011 la reforma constitucional sobre el objetivo de déficit y aprobaba una serie de ajustes que el posterior ejecutivo refrendó y en los que ha profundizado desde entonces.

El problema de dicho veneno, que no hemos dejado de beber a grandes cucharones, es que la mayor parte de las botellas no se guardaba en la bodega de José Luis Rodríguez-Zapatero, sino en las bóvedas de los bancos y, lo que parece aún más grave, en los sótanos del PP. 

La descentralización de las competencias del Estado y la liberalidad con la que casi todas las comunidades autónomas dilapidaron el dinero público durante años les llevó a incurrir en una deuda colosal, que a finales de diciembre se encontraba en el entorno de los casi 240.000 millones de euros.

Y buena parte del problema corresponde a baronías populares: Aragón, Baleares, Extremadura, Cantabria, Castilla-La Mancha y la Comunidad Valenciana, todas ellas presididas hasta ahora por el PP, y con un cambio de administración en el horizonte, están intervenidas de un modo u otro por Montoro. Y Madrid, que se resistió como gato panza arriba a que viniese nadie a mirar con atención sus balances, no debería tardar en estarlo también, seducida por las promesas de préstamos a interés cero. Además, Cifuentes quedaría limpia de todo descubrimiento sobre la gestión anterior y, lo que es más, la ayudaría a desmarcarse de ella.

Recientemente, nuestra compañera Ana Tudela trataba este tema en SABEMOS, y poco después continuaba con su investigación señalando, pero hablando de ayuntamientos, cómo Manuela Carmena se enfrentará en Madrid, y ya desde este mismo mes, a su primera cuota a pagar heredada de la administración Gallardón: 260 millones.

Un lector, a través de Twitter, señalaba que este tipo de noticias no son más que una forma de ir poniendo paños calientes por parte de Ahora Madrid ante el previsible incumplimiento del programa electoral de Carmena, debido a una supuesta falta de presupuesto.

Pero lo cierto es que no es así. El problema más grave lo tienen las CC.AA. A escala municipal, es más que probable que Carmena pueda ser responsabilizada sin problema de sus resultados futuros, y que no valgan excusas, habida cuenta cómo el Ayuntamiento de Madrid es una máquina de recaudar. Y no lo decimos nosotros, lo decía ella misma en una entrevista con El País:

“El Ayuntamiento tiene deudas, pero tiene mucho dinero. Es una situación que en términos contables no es especialmente mala, se debe un dinero, hay que pagarlo en amortizaciones, pero se tiene mucho dinero para gastar”.

 

Después de una frase como esta, queda claro que en su ánimo está aceptar la culpa si no consigue cumplir con sus promesas. O debería estarlo. Además, muchos de sus compromisos electorales no tendrán más coste para la ciudad que el reputacional. Y sí, estoy pensando en las ideas más peregrinas de todas, aquellas que no son discutibles por cuestiones ideológicas sino porque alientan a los partidarios de la pseudociencia.

La verdadera cicuta de la herencia recibida no la beberá Carmena. Está en el vaso de esas grecias de España que, en casos como el de la Comunidad Valenciana, no es que vayan a tener las manos atadas para trabajar, sino que estarán amordazados, con pesos de plomo en los pies y ya están a medio camino del fondo del lago.

En esos casos, y sin margen para cumplir promesas, sociales o de cualquier otro tipo, puede que la lucha contra la corrupción y la regeneración de las administraciones sea el único caballo de batalla, si realmente apuestan por enjaezarlo, de las syriza de nuestras grecias. Lo mejor es que la limpieza de las instituciones no sólo sale gratis sino que, además, ofrece todo tipo de rentabilidades a corto, medio y largo plazo. Otra cosa es, y es un riesgo bastante claro, que limpien sólo a medias y se dejen buena parte de la casa sin barrer.