Los Ganglios – Sala Caracol – 5/06/15

Uno de los entretenimientos más perversos que puede proporcionar un concierto de Los Ganglios es la contemplación y regocijo ante los gestos de desorientación o directo rechazo de aquellos que han acabado en el concierto de rebote, porque les ha invitado el raro del grupo -que al final es el más listo, como en las películas- o, como era este caso, porque la actuación está enmarcada en un contexto más amplio.

El viernes hubo una fiesta del diario Diagonal y algunas muecas del respetable eran un poema. Dos chicas delante de mí se salieron a la segunda canción expresando en voz muy alta, por encima de la música, su manifiesta disconformidad con el concepto de la magistral Mimetic motherfucker, que abrió el concierto. Un grupo de borrachos acodados en la barra a mi izquierda se esforzaban en recordarse unos a otros que estribillos que son gloria pura como el de Hay los hace cualquiera -pero, maldita sea, hasta la fecha solo lo han hecho Los Ganglios-. Hits como Al final, Robocop, LOL o El subiduki se sucedían ante comentarios supuestamente irónicos de personas que no se percataban que la ironía les llevaba varios cuerpos de ventaja.

El buen fan de Los Ganglios sabe disculpar, con gesto católico, el desconcierto y disgusto de los asistentes. Pero en el fondo no entiende que un batiburrillo conceptual que incluye los asquerosos efluvios del caballo del Cid, la alopecia como posicionamiento político post-transición, Amelie Poulain como fuente de todos los males y que ya no eres mi primo si te gusta el punchi-punchi no sea del gusto de cualquier oyente con un mínimo de sensibilidad. Por eso, en los conciertos de Los Ganglios lo pertinente es dejarse llevar por ese humor nada altivo que permite combinar power points, bocinazos de discotecón, humor de droga blanda, videoarte e infocreación sin que el componente crítico, paródico o directamente gamberro quede muy claro.

Y es por eso que desde fuera a Los Ganglios cuesta pillarles el chiste: siendo abiertamente chistosos, no se cuelgan el cartel de “Ojo, humor” que tanto ha perjudicado al tecnopop youtubero de los últimos tiempos. Los Ganglios están por encima de eso, y la prueba definitiva, posiblemente más palpable que el hecho de que sean un grupo de Montijo (Badajoz) afincado en Cataluña, es que la cumbia les gusta de verdad. Sin dobleces. Sin posmodernismos. Como fan, lo cierto es que a veces cuesta entenderlos. Por eso son tan grandes.

 

Foto: Sala Caracol – David Azurmendi