La moda de las adquisiciones e integraciones entre operadores de telefonía y redes está pegando fuerte en todo el mundo. Las de Orange con Jazztel y Vodafone con Ono son las enésimas historias de amor en un sector que vive un auténtico culebrón.

La primera gran operación de la que oímos hablar en el último par de años, una vez que el español era ya un mercado maduro, fue la compra de Ono por parte de Vodafone. Ahora mismo, las cuentas de la empresa española ya se han incorporado a las de la multinacional británica y la compañía resultante dispone de una oferta integrada que aprovecha los activos de ambas firmas.

Vodafone compró a Ono y Orange se hizo con Jazztel para luchar por el segundo puesto, pero hay mucho más movimiento en el mercado español que está por llegar

En la estela de este movimiento se produjo el acercamiento de Orange y Jazztel, que también ha acabado en boda. Todo para pugnar por el segundo puesto en el mercado español.

Por si no fuera poco, no ha dejado de haber runrún en torno a otros operadores de menor tamaño, como Yoigo -que aspira a mantenerse en un cuarto puesto cada vez más disputado- o MásMóvil -que ambiciona quedarse con los accesos de banda ancha de los que se tiene que desprender Orange tras la compra de Jazztel-. Sin olvidar que Euskatel acaba de anunciar su salida a bolsa, en medio de los rumores de integración con otros operadores regionales como R y Telecable que se llevan escuchando desde hace años.

El miedo a una eventual concentración del mercado en unas pocas manos, lo que socavaría la competencia, está en la calle. Pero, ¿es España un país demasiado activo en fusiones de telecos?

El panorama internacional

La última compañía en reconocer un affaire secreto ha sido Vodafone; el grupo ha admitido estar en conversaciones con la gigantesca cablera estadounidense Liberty Global para “intercambiar activos”. Por el momento, su comunicado no arroja más luz sobre el alcance o el precio de la operación, pero descarta que se vaya a producir una “combinación” de las dos empresas.

No obstante, los ejemplos cunden ahí fuera. Otro muy reciente y muy sonado es el de Charter Communications, otra cablera gigantesca de EEUU, que ha cerrado un acuerdo para adquirir Time Warner Cable por 195 dólares la acción, con lo que la operación supondría un desembolso en torno a 55.000 millones de dólares (rozando los 50.000 millones de euros al cambio actual).

Con los acuerdos entre Charter y Time Warner Cable, por un lado, y Dish y T-Mobile, por otro lado, el mercado estadounidense camina claramente hacia la integración

También es reciente, aunque no esté cerrado, el interés de Dish Network -de televisión por satélite- y T-Mobile -operador de telecomunicaciones- por fusionar sus negocios en Estados Unidos. Un ejemplo de la urgencia que siente el sector por aglutinar todas las facetas posibles para poder contar con ofertas convergentes, que integren televisión, internet y telefonía.

Sólo con estos dos ejemplos da la impresión de que Estados Unidos camina hacia una concentración tremenda del mercado de las telecomunicaciones. Pero no es el único país en el que va a suceder.

El Reino Unido, su hermano pequeño en lo que a liberalismo económico se refiere, es otro desafiante campo de batalla. La compra de EE por parte de BT apunta en la misma dirección de la convergencia de servicios de telecomunicaciones. Mientras, la venta por parte de Telefónica del operador O2 a Hutchison Whampoa, que ya poseía a la firma Three -rival en el mercado-, indica que la concentración empresarial es una tendencia establecida en el panorama teleco.

Un sector bajo presión

El de las telecomunicaciones es un mercado que se ha caracterizado por su dinamismo en los últimos 30 años, cuando la tecnología ha ido de revolución en revolución. Pero, especialmente, desde la llegada de los smartphones, que han requerido un gran esfuerzo de innovación a los operadores para satisfacer las necesidades de los clientes.

Las fusiones y adquisiciones de compañías son un fenómeno necesario en mercados maduros y con una gran influencia de la innovación, que puede marcar las diferencias entre los contendientes. Entre las fuertes inversiones que hay que realizar para mantener y ampliar la red y la bajada de ingresos que se genera por la presión de la competencia en los precios, como apunta Mark Gilbert en Bloomberg, lo que queda claro es que con ser el cuarto o el quinto player no es suficiente.

España no es una excepción en la tendencia que se vive en todo el mundo. El tiempo del florecimiento de nuevos competidores ha quedado en la nostalgia que nos dejan nombres como Tele2, Wanadoo y Ya.com. En su momento fueron necesarios, porque con su osadía y su modestia obligaron al mercado a ofrecer precios más competitivos.

Ahora, con unos precios ajustados y muchos competidores sufriendo la erosión de la competencia, es el momento de las integraciones. Ya se verá si en un futuro, cuando exista algo parecido a un oligopolio que fije precios, surge otro operador pequeñito pero matón. Es el Circle of Life, como dicen en El Rey León.

 

Foto: Flickr – Pickdrops