En los alegres años cuarenta, tiempos que como todo el mundo sabe eran de gran paz y felicidad, los españoles estaban únicamente preocupados por una rivalidad acérrima. Ríase usted de la discusión Messi-Ronaldo. En aquellos tiempos felices, lo que estaba de moda era pelearse, a veces a navajazos, por decidir si el más grande era el torero mexicano Carlos Arruza o el cordobés Manolete. De Arruza no se acuerda nadie porque se mató en la carretera, pero a Manolete le coronó Islero para la posteridad a pitonazos.

Los españoles, un pueblo elegante y generoso, como todo el mundo sabe, a su muerte cambiaron la letra que había escrito Ramón Celares para su pasodoble. Allá donde decía “Manolete, Manolete, / sangre, llanto y emoción, / hoy tu tierra cordobesa / te venera como te aplaudió”, pusieron un mucho más sincero y didáctico “Manolete, Manolete / si no sabes torear pa’ que te metes”, que cantaban a voz en cuello en tendidos y tabernas.

La frase estaba llena de verdad y de hijoputismo, así que no podía sino triunfar y acabar convirtiéndose en dicho popular. A finales de los 90, esos Beatles sevillanos del agropop conocidos como No me pises que llevo chanclas, terminaron de fijarla en el imaginario colectivo con su “tiriri tiriri ti tri / que el toro va a salir”, que es lo que pensé yo cuando vi que Ada Colau sería la próxima alcaldesa de Barcelona.

El tiriri tiriri ti tri, tan marchoso y pasodoblero, quiere evocar en la canción al entrechocar de rodillas del matador, presuntamente borracho, cuando vio salir aquella media tonelada de monstruo armada con dos espadas de 70 centímetros. Nada más lejos de la realidad. Manolete, ni iba cocido, ni era drogadicto, ni leches en vinagre. Servidor de ustedes va siempre con el toro cuando ve una corrida, lo que es igual a ser del Rayo en la Liga BBVA: hay escasas alegrías. Pero no le restemos méritos a Manolete, que era bueno de cojones, ni se los restemos a Islero, coño. El tiriri tiriri ti tri que escuché yo cuando Ada Colau salió a la plaza no era el de sus propias rodillas, pues Ada Colau, como Manolete, tiene los arrestos como dos castillos de grandes.

El toro que va a lidiar Ada Colau pesa 2.550 millones de euros de presupuesto, es negro zaino y de embestir bajo y traicionero

El tiriri tiriri ti tri procedía de mis propias rodillas, pues he visto antes a bienintencionados lidiando con toros más grandes que ellos, y han acabado empedrando el camino del infierno, como decía Bernardo de Claraval. El toro que va a lidiar Ada Colau pesa 2.550 millones de euros de presupuesto, es negro zaino y de embestir bajo y traicionero.

La sabiduría es sabiduría, la diga San Bernardo o No me pises que llevo chanclas, y de ambos hemos aprendido que antes de tirarse al ruedo hay que saber torear. De Ada conocemos que es valiente, que se encadena fenomenal a las puertas de las casas y que le queda muy bien el verde, sabemos que cree mucho en LA GENTE, porque la LA GENTE es mejor que LOS BANCOS, que son muy malos porque echan a la gente a la calle. Todo buenas intenciones y poco capote.

Por lo pronto, la señora Colau ya ha largado su primera verónica: ha avisado de que hay que limitar el turismo en Barcelona, no sea que los malvados capitalistas traigan dinero del exterior.

Ada estaba muy ocupada ocupando como para ocuparse de llegar a la complejísima conclusión de que en este país nuestro, sin fábricas y sin investigación, vivimos del solecito y de las terracitas (aquí Bárbara Montes lo explica mucho mejor que yo). No se lo tengamos demasiado en cuenta. Cambio hace falta, no sé si este, pero cambio hace falta. Mientras nos aclaramos, mis rodillas seguirán con su tiriri tiriri ti tri.