La nueva app Skyüber, que no tiene relación accionarial alguna con el Uber original (sí, esa empresa que odian todos los taxistas), pone en contacto a viajeros con pilotos de aviones privados y avionetas para compartir vuelo.

A los periodistas se nos está yendo de las manos eso de comparar con la archiconocida Uber cualquier nueva empresa que ofrezca servicios online y que tenga cierto aroma a economía colaborativa (aroma, porque economía colaborativa de verdad hay poca, muy poca).

Tanto a la prensa internacional como la de aquí le ha dado por encontrar el Uber de x en cualquier sector de actividad (aplíquese con la misma ligereza al Spotify de x). Incluso se dedican líneas y líneas a elucubrar sobre si realmente hace falta un Uber para cualquier cosa y a analizar la creciente uberización de la economía en casi cualquier latitud. A los periodistas nos gusta mucho ir a lo fácil, y también ponérselo fácil a los lectores. Por eso utilizar símiles sobre algo que ha concentrado la atención mayoritaria durante un tiempo resulta tan tentador. Y Uber, claro, cumple con los requisitos.

En España, la compañía en cuestión se hizo conocida por poner en pie de guerra a los taxistas de Madrid y Barcelona con su app UberPop, que ofrecía un servicio demasiado similar al suyo (el mismo, vaya) pero a mucho mejor precio, resultado de no tener que cumplir con las normas a las que está sometido el gremio reglado y gracias a la baja remuneración de los conductores adheridos al servicio. Y el relumbrón se concretó cuando un juez decidió suspender su actividad en el mercado español, y porque ahora está en medio de un juicio para defender su modelo [si no conocen Uber y buscan en internet, confórmense con noticias al respecto: actualmente no se puede acceder desde España a ninguna página de su web, salvo UberEats, una aplicación que sigue funcionando].

El otro Uber que no es de Uber

Pero si a los periodistas nos gustan los atajos mentales y recurrimos con demasiada frecuencia (por imitación, quizá por dejadez) a estos símiles fáciles, a veces también los empresarios hacen lo propio y se suben al carro para que los clientes potenciales entiendan fácilmente a qué se dedican (o por puro oportunismo). Y es por ello que, si ustedes oyen hablar de que hay una nueva compañía que se llama Skyüber, lo primero que piensan es que se trata del Uber de los aviones. Y, en efecto, es así.

Skyüber, startup recién nacida y fundada por el emprendedor portugués Carlos Oliveira, no tiene (quién lo diría) vínculo accionarial o comercial alguno con Uber. Pero la inspiración es clara; no sólo la de la marca, también la del negocio. Skyüber pretende poner en contacto gracias a su aplicación a los pilotos de aviones privados o avionetas con viajeros dispuestos a utilizar esas plazas vacantes que quedan en los aparatos (lo mismo que hace UberPop con el servicio de taxi, pero para avionetas).

Tanto los viajeros como los pilotos han de darse de alta como usuarios en la aplicación. Los pilotos pueden así hacer públicos los itinerarios de vuelo que pretenden realizar y en los que hay algún asiento vacío. Y los pasajeros potenciales pueden obtener información sobre los vuelos privados que se van a realizar cerca de donde se encuentren. Según la compañía, el viajero paga sólo la parte alícuota que le correspondería de compartir los gastos del trayecto (combustible, tasas aéreas…) y si por alguna razón finalmente los costes fueran mayores a los calculados es el piloto quien debe asumir la diferencia.

En principio, los pilotos son quienes comparten información sobre los trayectos que tienen previstos por si a algún viajero le viene bien compartir el vuelo. Pero los pasajeros también pueden proponer trayectos y hacer una petición en la aplicación, y entonces algún piloto puede aceptar el vuelo y trasladarlo (esto es, el servicio en este caso se parece demasiado al de un aerotaxi).

“La aviación particular no es un club para millonarios. Somos gente realmente con pasión por la aviación. Es un hobby caro como muchos otros. Y con Skyuber los pilotos no comparte sólo un asiento vacío, también comparten una experiencia increíble con otras personas. Es una relación en la que todos ganan en un escenario de costes compartidos”, explica Carlos Oliveira, el fundador de la app.