Campeonatos, blogs, ferias, jornadas, guías, festivales… el cachopo (ese inmenso plato de carne rebozada y rellena de jamón y queso) está de moda. Tanto que algunos de sus más firmes defensores temen que estemos ante una auténtica burbuja económica.

El cachopo está de moda. No lo digo yo, es un hecho. Un hecho tan claro como que el artículo publicado en SABEMOS sobre cuatro de los mejores cachopos que se pueden comer en Madrid permaneció como el más leído durante varios días. Y aún de vez en cuándo (sobre todo en fines de semana) se cuela entre los más leídos del día o a alguna hora determinada. El interés que despierta este sabroso plato (básicamente dos filetes empanados y rellenos de jamón y queso) es casi tan grande como su desproporcionado tamaño.

Hablan del cachopo algunos de los críticos gastronómicos más famosos del país (con post dedicados en exclusiva en los blogs de José Carlos Capel o David Fernández-Prada, entre otros); también es objeto de análisis detallados dentro del sector y es una de las recetas que han de preparar los concursantes de Master Chef (con catastróficos resultados), o es uno de los platos que prepara alguno de los cocineros televisivos del momento.

Pero es que el fenómeno no se queda en cuatro anécdotas, sino que ha pasado a suponer una actividad económica en sí mismo. No solo es que en un mismo año se celebren, en la misma ciudad o la misma región, campeonatos de cachopos, jornadas gastronómicas del cachopo y festivales del cachopo. Es que son cada vez más las guías anuales para conocer cuáles son los mejores, y hasta se han diseñado rutas para probarlos todos

Es tan notorio el boom del cachopo que algunos de los que más saben de este producto, como el periodista y crítico culinario Rubén Galdón, consideran que estamos ante una auténtica burbuja del cachopo, y que por tanto esta acabará por estallar tarde o temprano. ¿Es esto posible? Solo hay que ver los datos de Google Trends para ver cómo el interés por este plato se dispara a partir de 2013.

Cada vez en más cartas

El diccionario del diario económico Expansión define una burbuja [especulativa] como “un fenómeno económico consistente en el incremento desproporcionado del precio corriente de algún activo o producto, de forma que dicho precio se aleja sustancialmente del valor teórico del mismo”. Al margen de bestialidades como aquellos cachopos con los que pueden comer seis o siete personas, euro arriba euro abajo, el precio de los mismos se ha mantenido más o menos entre los 15 y los 25 euros.

Es decir, que desde el punto de vista de los precios es difícil justificar que exista una burbuja. Sí que podría existir si analizásemos el fenómeno desde el punto de vista de la oferta. Hace apenas una década el cachopo era un plato que se podía comer solo en algunos restaurantes asturianos. Era conocido, sí, pero desde luego que no era comparable a una fabada o un pastel de cabracho, que está en todos los restaurantes regionales.

Hoy en día, sin embargo, son una inmensa mayoría los restaurantes, sidrerías y chigres que ofrecen ya no solo el tradicional cachopo de jamón y queso, sino que se han atrevido a innovar de todas las formas posibles: de cecina con queso de cabra, vegetariano (con setas en vez de carne), con picadillo, con lacón, de merluza, con queso cabrales… Yo mismo en un alarde de genialidad culinaria me atreví (junto con mi chica) a preparar el Hamburchopo.

Lo peor que podría pasar es que fuera cierto que existe una cierta burbuja alrededor de este suculento y contudente plato. Lo sería porque aunque no está cuantificada (que yo sepa), el cachopo es el responsable de una no despreciable cantidad de actividad económica no solo en Asturias, sino en aquellos lugares donde ha ido triunfando. Sería una pena que algunas de las muchas sidrerías y restaurantes asturianos que han ido abriéndose estos últimos tiempos tuvieran que cerrar porque se dieran cuenta que en realidad, el cachopo no le gustaba a tanta gente. ¿O sí?

FOTO: CÉSAR en FLICKR