Alrededor de 149.000 personas, una tercera parte de ellas civiles, han muerto tanto en Afganistán como en las regiones fronterizas de Pakistán desde 2001, cuando dio comienzo la ofensiva liderada por Estados Unidos contra los talibán, según se desprende de un nuevo informe.

El balance, elaborado la Universidad de Brown (Rhode Island, Estados Unidos) a través de los datos recogidos de diversos organismos internacionales, como Naciones Unidas, Cruz Roja y organizaciones no gubernamentales, incluye alrededor de 162.000 heridos graves en los dos países, así como la destrucción de infraestructuras y la exposición de millones de personas a enfermedades y malnutrición directamente causadas por la propia guerra.

El estudio incluye a las víctimas de las regiones fronterizas de Pakistán por considerar que los ataques registrados en estas zonas, donde existen sus propios grupos de talibán y de Al Qaeda, han estado siempre estrechamente relacionados con el conflicto de Afganistán y con el constante trasvase de milicias y refugiados a uno y otro lado de la frontera.

El informe, titulado Muertes, heridas y desplazamientos relacionados con la guerra en Afganistán y Pakistán 2001-2014, forma parte del proyecto Costs of War del instituto Watson de la Universidad de Brown y fue elaborado bajo la dirección de Neta C. Crawford, profesora de Ciencias Políticas de la Universidad de Boston y codirectora del propio proyecto Costs of War.

El informe Cost of War se publica desde 2011 mediante la colaboración de más de 30 economistas, antropólogos, abogados, trabajadores humanitarios y expertos en ciencias políticas, con la vocación de convertirse en “el primer análisis de conjunto de una década de guerras en Afganistán, Irak y Pakistán” y con especial incidencia en “las implicaciones de estas guerras en cuanto a víctimas humanas, costes económicos y libertades civiles·, señala la Universidad.

AFGANISTÁN

Para el caso concreto de Afganistán, el documento de este año (hecho público el pasado 2 de junio) registra la muerte directa causada por la guerra de al menos 26.270 civiles en el periodo 2001-2014, una cifra que se ha incrementado considerablemente desde 2007. Aunque las fuerzas de oposición, con mención especial a los talibán, “matan a muchos más civiles que las fuerzas militares afganas e internacionales”, desde 2012 se ha registrado un aumento del número de civiles heridos a manos de las fuerzas afganas y extranjeras. “Lo que importa no es quién mata a los civiles afganos, lo que importa es que están muertos”, ha advertido la autora del informe.

Aparte, el informe constata, a partir de las mismas fuentes internacionales, que alrededor de 30.000 civiles han resultado heridos de gravedad, muchos de ellos con amputaciones, como consecuencia de los combates. También registra la muerte indirecta de muchas personas por malnutrición, enfermedades y falta de acceso a servicios de salud como consecuencia de los desplazamientos internos y de la destrucción de servicios públicos y medioambientales.

En este sentido, el estudio recuerda que Afganistán se encuentra en “estado casi constante de guerra desde 1979”, lo cual ha afectado tanto al suministro de agua como a los servicios de salud. “Los afganos mueren por desnutrición, carencia de agua potable limpia, heridas y enfermedades”, destaca Crawford. “Las personas desplazadas de sus hogares son particularmente vulnerables a las muertes indirectas”, añade.

A principios de 2003, el Ministerio de Sanidad afgano, en colaboración con la Red Internacional de la Cruz Roja, las agencias de la ONU y otras organizaciones internacionales, desarrolló un Paquete Básico de Servicios de Salud con el objetivo de incrementar la atención médica a la población, en especial a mujeres y niños. Gracias a este programa, según el infirme, la mortalidad maternal e infantil se ha reducido.

No obstante, otros problemas incluso se han agravado. Es el caso de la incidencia de la tuberculosis, que aumentó entre 2008 y 2013, y de las discapacidades relacionadas directamente con la guerra, que ya suponen un 17 por ciento del total de discapacidades. La ansiedad, la depresión y el trastorno por estrés postraumático relacionados también con el conflicto bélico han alcanzado niveles de epidemia en un  país en el que apenas existen servicios de salud mental.

PAKISTÁN

En cuanto a Pakistán, la violencia armada ha causado también la muerte de “decenas de miles de personas”, entre ellas de al menos 21.500 civiles.

En este país, recuerda Crawford, se ha desarrollado toda una variedad de conflictos e incidencias armadas estrechamente relacionados con Afganistán, como los ataques de las fuerzas gubernamentales contra objetivos insurgentes, los bombardeos por parte de los aviones no tripulados estadounidenses (drones) o los ataques de los grupos milicianos contra las fuerzas gubernamentales y, “frecuentemente, contra civiles”. “Los civiles del noroeste de Pakistán y del resto del país suelen ser las víctimas de la violencia procedente de todas las partes enfrentadas”, afirma la investigadora.

Las estimaciones, tanto locales como internacionales, sobre las consecuencias de los ataques de los drones norteamericanos varían considerablemente, con una horquilla que oscila entre los 1.900 hasta los 3.800 muertos, dependiendo de las fuentes. La discrepancia es mucho mayor (del cinco al 73 por ciento) en lo que respecta a la muerte de civiles. “Lo que sí es cierto es que los ataques con drones afectan a los medios de vida de la gente, destruyen infraestructuras y, en consecuencia, contribuyen al desplazamiento, a la malnutrición y a las enfermedades”, advierte Crawford en su informe.

 

Neta C. Crawford

Desde 2004, de acuerdo con los datos del estudio, millones de paquistaníes han huido de sus hogares, como desplazados internos o como refugiados en países vecinos. Estos refugiados, según el informe, son “particularmente vulnerables a las muertes indirectas, pero es difícil estimar la mortalidad entre los desplazados internos en la región fronteriza paquistaní, donde el acceso de medios y trabajadores humanitarios está muy restringido”.

Los refugiados de cada uno de los dos países han cruzado la frontera del otro, y muchos de ellos carecen de provisiones básicas. En estas circunstancias, los ataques de los drones estadounidenses contra las fuerzas antigubernamentales huidas desde Afganistán y contra los talibán paquistaníes, así como el apoyo norteamericano a las fuerzas de Islamabad en su propia guerra contras los grupos opositores, “causan heridos y desplazamientos tanto en Pakistán como en Afganistán”.

Para agravar la situación, los grupos insurgentes han atacado reiteradamente, a su paso por Pakistán los vehículos de transporte de las fuerzas militares internacionales cargados de alimentos, combustible y equipos con destino a Afganistán, causando con ello “cientos de víctimas entre civiles, militares y policías”.

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