El lector de comics mainstream (esto es, los superhéroes de Marvel y DC primordialmente) no se define por qué protagonistas le gustan. Hulk, Capitán América, Batman, Superman… esos nos gustan a todos. Donde cada lector encuentra su zona de confort es en los segundones, los héroes caídos, los villanos a los que nadie hace caso, las colecciones que duraron doce irregulares números que nadie compró en los años sesenta. Dependiendo de si el lector tiene tendencia a paladear con gusto el ocultismo pop, los desfases cósmicos o la parodia desnortada, así coleccionará compulsivamente cada mínima aparición del Dr. Extraño, Estela Plateada o Plastic Man.

Ghost Rider, el Motorista Fantasma, no es exactamente un desconocido para el gran público: dos películas de mediano éxito protagonizadas por el inmarcesible Nicolas Cage y un aspecto reconocible incluso por los no iniciados en los complejos vericuetos del Universo Marvel (cráneo en llamas, cadenas, cazadora de cuero, moto demoniaca, soliloquios del infierno) le han convertido en una presencia recurrente en el imaginario pop desde que fuera creado en 1949 como jinete fantasma de western, y que luego -ya motorizado- fuera teniendo distintos receptáculos (desde el setentero Johnny Blaze al torturado Danny Ketch).

Marvel, sabiendo como nosotros que el carisma de su marca no está en sus primeras espadas sino en los héroes menores, decidió -quizás para contrarrestrar el enésimo e inútil lavado de cara con salfumán de todo el Universo DC- lanzar versiones actualizadas y que no rindieran cuentas con el laberíntico pasado de la editorial  de algunos de estos personajes. Ya hablaremos de los extraordinarios resultados obtenidos con algunos de ellos, como Hulka, Ojo de Halcón, Estela Plateada o Caballero Luna, pero hoy nos quedamos con el más radical y arriesgado de todos estos lavados de cara: Ghost Rider.

 

 

All-New Ghost Rider vuelve a cambiar al humano que contiene al demoniaco Espíritu de la Venganza, pero no es lo único que da un giro: el guion de Felipe Smith plantea cambios en su aspecto, ahora medio cibernético y con aspecto de casco (como si Daft Punk, en vez de homenajear a los ochenta más pochos, lo hicieran con los Slipknot más tremendos); y en el vehículo, que deja de ser una moto para convertirse en un rotundo coche americano clásico. El resultado no puede ser más refrescante: consciente de que los tiempos en los que el Ghost Rider era un Ángel del Infierno literal han pasado, Marvel encarga los lápices al talento emergente de Tradd Moore, que trata cada momento del comic (hasta los diálogos, hasta los instantes reflexivos) como si todo fuera una eterna escena climática de Fast & Furious. Rostros crispados, cuerpos en eterna tensión y una obsesión por detener en el tiempo los momentos más dinámicos, deformando la física de personas y escenarios hasta puntos que rozan la experimentación.

Por desgracia, el guion de este primer arco argumental de All-New Ghost Rider que publica en un toma Panini bajo el título genérico de Piloto Fantasma – Motores de venganza no siempre está a la altura, y el conjunto no pasa de ser una mediana historia de orígenes superheroicos. Pero las palabras son lo de menos y el texto no importa cuando el dibujo es capaz de transmitir tal fuerza, velocidad, ruido y furia. Una que nos recuerda que un cráneo en llamas siempre va a funcionar. Lo vistan como lo vistan.

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