“No existe una bala de plata que convierta a un sistema financiero en infalible”. Esta es la conclusión del economista de la Universidad de Amsterdam Dirk Schoenmaker en un reciente artículo. Sin embargo, sí que cree que los políticos deberían adoptar un enfoque “macroprudencial” para al menos ayudar a prevenirlas.

El pasado domingo 31 de mayo, el nuevo director del diario El Mundo, David Jiménez, publicaba Periodismo, nada más, su primera columna de opinión como máximo responsable del periódico. En este artículo, Jiménez hacía autocrítica con la profesión periodística, cooperante necesaria (siquiera por omisión) según su punto de vista de buena parte de los problemas de la sociedad española.

“¿Cuánto dinero habrían ahorrado los contribuyentes si hubiéramos investigado a las cajas de ahorros y sometido a sus directivos a las preguntas pertinentes, antes de que fuera demasiado tarde?”, se preguntaba de forma retórica Jiménez, como sugiriendo que parte del coste de la crisis se hubiera podido evitar o reducir si los medios y los reguladores hubieran estado más vigilantes.

Más allá de que escándalos como las tarjetas black o los salarios desmedidos suponen una anécdota frente a los más de 61.000 millones de euros empleados en el rescate al sector financiero, y más allá de la alegación obvia que descansa en el hecho de que rescates al sistema financiero ha habido en todos los países desarrollados desde el inicio de la crisis, lo cierto es que evitar nuevas burbujas financieras no parece algo que [los seres humanos] seamos capaces de hacer todavía, por muy buena voluntad que se pusiera. Es algo que los propios banqueros reconocen: No podemos prevenir las burbujas, sólo contener sus daños.

“No hay una bala de plata que convierta en infalible un sistema financiero”, advierte el economista de la Universidad de Amsterdam Dirk Schoenmaker, quien en un reciente artículo aboga, no obstante, por contribuir a la evolución del pensamiento con un diseño “apropiado de regulación financiera”. Los grandes ejecutivos de la banca reclaman a las autoridades una mayor regulación de sus actividades, conscientes de que la anterior desregulación está en el origen de los graves problemas sistémicos del pasado. Pero, ¿qué proponen los expertos?

Controlar el crecimiento de la deuda

En el origen de la crisis económica surgida en 2007 está el crecimiento basado en la deuda y el apalancamiento, y Schoenmaker propone limitar y regular precisamente lo que él llama “mecanismos amplificadores”. En los periodos de bonanza, el apalancamiento (es decir, la inversión a partir de deuda) permite maximizar los beneficios, ya que mientras los activos que se usan como colaterales suben de precio, este mecanismo beneficia a todos. El problema llega cuando la economía empieza a caer y, en consecuencia, el precio de los colaterales (pisos, garantías, negocios..).

“Las instituciones financieras no interiorizan los efectos de segunda ronda que las finanzas basadas en deuda tienen sobre los precios y las cantidades. Se generan procesos excesivamente procíclicos y externalidades que acaban ocasionando la intervención de las autoridades”, explica Schoenmaker. Es por esto que su apuesta pasa por llevar a cabo un enfoque integrado, un modelo que tenga en cuenta cómo la deuda y el apalancamiento amplifican las fluctuaciones de los precios de los activos. Es por esto que desde el inicio de la crisis se están imponiendo los llamados colchones de capital, o límites explícitos al exceso de apalancamiento en las entidades financieras.

La clave está no tanto en las entidades individuales, por más que sean sistémicas o no. El enfoque propuesto por Schoenmaker y algunos de los mayores ejecutivos del sector pasa por un enfoque integral que limite el exceso de deuda del conjunto. Una de las medidas inmediatas serían ratios máximos legales de apalancamiento para los bancos. Es decir, que en relación a sus activos sólo podrían endeudarse en una determinada proporción que limitara en todo caso el alcance de sus problemas. El problema de esta regulación es que puede pecar de excesiva y, por tanto, limitar o encarecer el acceso al crédito por parte de familias y empresas.

Eliminar incentivos al endeudamiento

El exceso de endeudamiento puede ser una práctica arriesgada, pero provechosa en los ciclos de crecimiento económico, como fue por ejemplo la burbuja inmobiliaria en España. Es un fenómeno investigado por los economistas del FMI, que reconocen también que las futuras burbujas no podrán ser evitadas aunque, quizás sí aminoradas.

En un reciente artículo, los investigadores del Fondo apuestan por reducir los incentivos al endeudamiento (por ejemplo, reduciendo la deducibilidad por compra de vivienda) y desregular el mercado de alquiler, de forma que sea un mercado con más peso en relación al de compraventa. También señalan la imposición de colchones de capital o ratios máximos de apalancamiento como herramientas que podrían limitar en el futuro los efectos de una burbuja del ladrillo (o de otro tipo de activo).