El fenómeno americano de los ‘grassroots’ llegó a España de la mano de las exitosas candidaturas de unidad popular, en cuyo triunfo han sido decisivos. El eje izquierda/derecha sigue siendo determinante pese a los esfuerzos de los partidos emergentes por imponer la lógica nuevo/viejo y arriba/abajo.

El año electoral más intenso desde la Transición salvó el domingo su segunda meta volante y provocó un cataclismo en el mapa político español como no se recuerda. En un solo día desaparecieron las mayorías absolutas del PP que han marcado el último ciclo político y fueron sustituidas por instituciones fragmentadas donde formaciones que hasta hace poco ni existían serán determinantes. Políticos, asesores, sociólogos y politólogos dan vueltas desde entonces al inédito escenario, tratando de arrojar luz ante un panorama que puede hacer de España un país ingobernable y del que cabe sacar una docena de conclusiones:

1. Ya no es sólo la economía. “El PP lleva años contándonos una única historia: la del cirujano que operó a un país en quiebra”, exponía el consultor político Luis Arroyo el viernes en el foro ‘Juego de Pactos’ organizado por la Asociación de Comunicación Política (ACOP) y la Universidad Camilo José Cela. Ese relato, que en otras épocas hubiera bastado para triunfar en un país que efectivamente comienza a recuperarse de una gravísima ‘enfermedad’ es inútil en un contexto en el que “todo es corrupción”. También el diputado popular Gabriel Elorriaga coincidía en señalar en ese foro que su partido tiene “problemas de estrategia y de programa” para dar respuesta a determinadas situaciones.

2. Hacia un bipartidismo renovado. La hegemonía de PP y PSOE languidece -aunque aún superan la mitad de los votos- y va camino de transformarse en otra dualidad, según el sociólogo presidente de ACOP David Redoli: la que formarían socialistas y populares junto a los partidos emergentes. La lógica de los pactos acercará a PP y Ciudadanos y a PSOE y Podemos generando ese “bipartidismo de nuevo formato” que marcará la política española de los próximos tiempos.

3. El eje izquierda/derecha sigue decidiéndolo todo. Podemos trató de imponer desde su nacimiento la dicotomía nuevo/viejo para presentarse como alternativa a los partidos tradicionales, calificándolos despectivamente como ‘casta’. Ciudadanos se sumó a la estrategia con un discurso más dulcificado y al final las elecciones se han desarrollado en la clave de siempre, según la asesora política Imma Aguilar: optando entre la izquierda y la derecha. El máximo reflejo de esto se ha visto en las batallas municipales de Madrid (Aguirre vs Carmena) y Barcelona (Trias vs Colau).

4. ¿Una tercera transición en lontananza? Ese es el destino de España a corto plazo, en opinión del citado Redoli. El país se encamina hacia una “nueva cultura de pactos” que supondrá el tercer gran punto de inflexión para la democracia española, “siempre en constante transición, como el resto”. Los otros dos fueron el paso de la dictadura a la monarquía parlamentaria y el protagonizado por Aznar demostrando que había madurez suficiente para la alternancia política.

5. La imporatancia de contar bien lo que se hace. Mariano Rajoy ha despreciado la comunicación y todo cuanto tiene que ver con ella desde que llegó a la Moncloa y lo está pagando caro. El papel de la secretaria de Estado del ramo ha sido muy técnico, sin apenas proyección pública. La portavoz del Gobierno también ha tenido un rol mucho más tecnócrata que político y la secretaria general del PP no ha podido serlo a tiempo completo. El propio presidente del Gobierno ha limitado sus comparecencias y en todo 2014 sólo concedió tres entrevistas. Debería enmendarse y comprender que tan importante como gestionar es explicar lo que haces. El storydoing que sí cultivan otros líderes políticos de éxito.

6. Ni los triunfadores hicieron todo bien ni los estrellados hicieron todo mal. Arroyo considera importante evitar la falacia post hoc ergo propter hoc y reconocer que la campaña del PP tuvo aciertos como el vídeo ‘Súmate a la revolución’ en medio de algunos fallos sonados como la denuncia de Esperanza Aguirre a la fiscalía porque se filtró una declaración de la renta que sus rivales políticos publican por iniciativa propia sin problema.

7. Nuevas campañas para la nueva política. El éxito de las candidaturas municipales populares se debe en gran medida a su capacidad para integrar e ilusionar a gente anónima que a su vez se moviliza de manera voluntaria y acaba lanzando una campaña global y viral determinante. Son los grassroots de Estados Unidos importados para un momento de gran politización en la sociedad española, el corolario que han tenido los movimientos sociales especialmente activos desde la irrupción del 15-M. El mayor ejemplo de ello se ha visto en la candidatura de Manuela Carmena, beneficiada de una estrategia “entre lo dirigido y lo espontáneo” y del “juego de contrastes” implementado con Aguirre, en opinión de Imma Aguilar.

8. ‘Cartelización’ de la contienda. En un escenario de declive de las marcas políticas como este, han cobrado mucho peso los candidatos, ‘cartelizando’ la campaña muy al estilo de América Latina. Se ha votado más que nunca a las personas, beneficiándose de ello los políticos que más cercanos han parecido al electorado, al margen de sus colores: Abel Caballero, Manuela Carmena, Javier Maroto, Ada Colau, Carlos Martínez

9. Ciudadanos, ¿flor de un día? El partido de Albert Rivera obtuvo unos resultados peores de lo esperado en una coyuntura muy favorable para ellos. Es difícil determinar si estaban sobredimensionados o si les penalizó una campaña irregular. En todo caso, la previsible polarización de las generales y la recuperación por parte del PP de su votante más fiel para esa cita hace que haya quien, como Redoli, pronostique un “desinflamiento progresivo” del partido naranja. Además, la desaparición de IU y UPyD será “total” en breve, según este experto.

10. El impresionante suelo del PP. En su peor momento de los últimos 20 años, con un líder como Rajoy que es, en palabras de Arroyo, “un horror en términos de opinión pública, uno de los presidentes peor valorados del mundo”, el PP es primera fuerza nacional en los ayuntamientos y fue el más votado en nueve de las 13 autonomías que el domingo celebraron elecciones. Tiene mejor suelo electoral que nadie para afrontar las generales, pese a su enorme desgaste.

11. No hay movilización masiva del electorado. Mucho se hablaba de que estas elecciones podían batir todos los récords de participación y al final registraron una abstención mayor que la de 2011, sin duda provocada por la desmovilización de parte del centro derecha descontento con el PP. Eso ha hecho que las fuerzas de la izquierda aglutinen más del 60% del voto, dejando a los partidos progresistas en mayoría en gran parte de España.

12. El independentismo pierde poder. Bildu ha cedido sus bastiones de San Sebastián y Guipúzcoa en favor del nacionalismo moderado de Íñigo Urkullu, el BNG ha sacado menos concejales que nunca desde 1995, CiU pasará a la oposición en el Ayuntamiento de Barcelona… Aunque es cierto que varias de las candidaturas populares que gobernarán cuentan con independentistas en sus filas, el debate soberanista no es la prioridad para ellas y la realidad es que el secesionismo ha retrocedido en términos generales.