Andoni Zubizarreta ha sido portero y ejecutivo de Athletic Club y FC Barcelona. Salió despedido del Camp Nou en enero y ahora la plantilla que formó está a dos partidos de ganar el Triplete. ¿Cómo vivirá este sábado la final de la Copa del Rey?

Cualquier otro habría flotado en una nube, pero él no. Andoni Zubizarreta llegó a Barcelona con 25 años y “la ilusión deportiva despedazada”. Él había crecido queriendo ser Iribar pero el Athletic tenía otros planes. El club de su vida se llevó una buena tajada y él, recién casado, firmó un contrato de ocho años muy bien remunerados con el Barça. Aún se sentía extraño el día de su presentación, caminando por las tripas del Camp Nou con su nueva camiseta, los tacos metálicos resonando por los pasillos del estadio vacío, cuando nada más pisar el césped se topó de frente con la pancarta de bienvenida que algunos de los escasos aficionados presentes habían escrito en mayúsculas: “ZUBI, VETE”. “Así, sin argumentos, sin concesiones, sin anestesia”, recordaba él mismo.

Zubizarreta, que defendió la portería del Barça exactamente esos ocho años, de 1986 a 1994, relató su carrera en Una vida entre tres palos y tres líneas, un texto incluido en la recopilación ‘Cultura(s) del fútbol’. Al margen del ‘Txopo’ Iribar, Zubizarreta cita una figura clave: Pello Unzueta, el entrenador del equipo de su pueblo, la UD Aretxabaleta, que le recondujo al fútbol. Tras probar como portero y delantero, el joven Zubizarreta se había decantado por el balonmano, pero Unzueta necesitaba un portero y, por más que de entrada le diera largas, supo persuadirle:

– Entrenamos una hora y, como estás fuera de forma, te descarto en un momento.

“Qué hábil”, recordaba Zubi; “cómo supo tocar las cuerdas de mi orgullo adolescente. Acepté el desafío y pronto estaba, de nuevo, frente al gran charco de agua, saltando al barro, buscando un balón entre un bosque de piernas de jugadores rivales”. Nunca ha dejado de agradecérselo.

Zubizarreta cree que “un orgullo herido es un excelente estimulante para mantener alto el deseo competitivo”

Zubizarreta ganó dos títulos de Liga en seis años con el Athletic y cuatro más con el Barça. Si tuviera que resumir su carrera azulgrana con dos fotografías, elige la de la mencionada pancarta y otra del estadio de Wembley, escenario de la primera Copa de Europa en la historia del club en 1992. Su despedida se gestó de manera precipitada, justo dos años más tarde, después de perder (4-0) ante el Milan la final del mismo torneo. Con la goleada aún caliente, y en el camino del hotel al aeropuerto de Atenas, el vicepresidente Joan Gaspart hizo realidad el deseo de aquella pancarta y vino a decirle: “Zubi, vete”.

Reapareció en escena un viejo conocido, que como se ve no es exclusivo de la juventud: “Un orgullo herido es un excelente estimulante para mantener alto el deseo competitivo”, dijo para explicar el principal motivo que le llevó a fichar por el Valencia: demostrar a Johan Cruyff que se había equivocado al despedirle. “Dice Jorge Valdano que el odio es una gasolina de gran rendimiento para maquinarias deportivas. Algo de esto me animaba en cada día de la pretemporada, en mis primeros partidos con la camiseta del rat penat”.

Valencia le recibió con gran cariño y él, en pleno ocaso, lamentaba en silencio responderles a veces con “actuaciones decepcionantes”. Jugó allí cuatro temporadas antes de retirarse. Le llamó Valdano, con el que había coincidido en el Alavés. Con un paréntesis de tres años como director general en el Athletic, ejerció de conferenciante para ejecutivos al frente de las oficinas de Make a Team en Barcelona y Bilbao. Su charla se titulaba ‘El especialista’ y exponía, entre otros puntos, su garrafal error contra Nigeria en el Mundial 98, su último torneo. Una forma muy visual de transmitir cómo se te viene encima un chaparrón de millones de españoles.

Douglas-Mathieu-Vermaelen es un Triplete

Aunque, para críticas, su último lustro en el Barça. En 2010 fue nombrado director deportivo por el nuevo presidente del Barça, Sandro Rosell. Su sucesor, Josep Maria Bartomeu, le despidió en enero, en plena resaca de una derrota que parecía apocalíptica y acabó siendo catártica. Después de perder en San Sebastián, y de unas declaraciones en las que señalaba a la directiva, Bartomeu se cobró su cabeza. El tercer “Zubi, vete”.

Durante casi cinco años, Zubizarreta ha sido objeto de numerosas críticas. La más repetida, que tardó cinco años en fichar un defensa central; y cuando lo hizo, se trajo a Mathieu con sobreprecio y a Vermaelen lesionado (debutó el pasado sábado, diez meses después de su presentación). Por si todo esto fuera poco, dejó escapar a Thiago y trajo a Douglas. También es cierto que el pasado verano reparó sin traumas la sucesión del mejor portero de la historia del Barça, Víctor Valdés y compró a Rakitic por un precio irrisorio al Sevilla, un club que acostumbra a vender muy caro. Siendo resultadistas, es el director deportivo de un equipo campeón de Liga que está a dos partidos de ganar el triplete.

Aunque lleve varios meses en silencio, cuesta imaginar que se esté tomando el final de temporada con distancia, o que los títulos de este Barça le hagan sentir redimido

¿Y qué pensará ahora Zubi? Hace años, en la oficina de Make a Team en La Moraleja, él mismo recordaba la primera pregunta que le habían hecho al criticadísimo Aimé Jacquet, seleccionador de Francia, nada más ganar el Mundial 98: “¿Este título le hace olvidar todo lo malo que ha vivido los años anteriores”. Jacquet fue rotundo: “No, eso no lo olvidaré jamás. Jamás”.

Zubizarreta rehúye a los periodistas. Está desaparecido, o apartado, según se mire: “La filosofía de vida que ha guiado mi carrera está inspirada en la figura del portero, ese jugador que viste con camiseta diferente del resto, que ve el partido sólo, desde una posición privilegiada, se dice, pero también distante”, escribió. Aunque lleve varios meses en silencio, cuesta imaginar que se esté tomando el final de temporada con distancia, o que los títulos de este Barça le hagan sentir redimido. Si algo ha demostrado a lo largo de su carrera es que es un tipo orgulloso.

Imagen | Flickr – Global Sports