Con más de cien millones de copias vendidas en todo el mundo, la saga de videojuegos Fifa, de Electronic Arts, es una de las más populares de la historia. Curiosamente, en este divertido entretenimiento electrónico no se puede aún llevar el Mundial al desierto a cambio de quién sabe qué coimas ni ver cómo los jugadores caen desmayados sobre el terreno de juego, no existe ninguna opción para eliminar de la partida a dirigentes cuasi octogenarios inasequibles al desaliento, no hay forma de enriquecer a directivos a costa de la sana afición de millones de personas, el mando no te permite provocar la muerte de un trabajador cada dos días para la construcción de estadios inverosímiles, ni está entre las opciones generar tensiones geopolíticas entre potencias. Quizá con la edición del próximo año…

“Imagina que el dinero es vello púbico y la Fifa es cera. Brasil generará millones, pero se lo llevará todo la Fifa, incluso de lugares en los que no sabías que había dinero”. La explicación, del humorista británico John Oliver, no es nueva. Su magnífico monólogo sobre esta “grotescamente cómica organización” fue emitido hace un año con motivo de la celebración del Mundial de Brasil.

Oliver recordaba entonces al público estadounidense cosas como la absurda construcción de un estadio en Manaos, en pleno Amazonas; los cambios en la ley para poder vender cerveza en los estadios (Budweiser, patrocinador del Mundial, acaba de reclamar ética a sus socios tras las detenciones, por cierto); la patente necedad que supuso adjudicar el Mundial de 2022 a Qatar (“sería como celebrar la Superbowl en un lago”), o la creación de tribunales especiales en el Mundial de Sudáfrica. Incluso nos recordaba algo, si no más grave, sí más doloroso para los amantes del celuloide: la película de infame recuerdo United Passions, con Tim Roth en el papel de Blatter. El film, un fiasco total, no llegó a estrenarse en salas españolas y parece difícil que vaya a hacerlo ahora que el final parece muy distinto.

 

Sirvan las reflexiones de Oliver para demostrar algo muy sencillo: lo único realmente sorprendente de las detenciones no es que haya presuntas irregularidades en todo lo que tiene que ver con las actividades de la Fifa. Lo insólito es que, después de tanto tiempo trabajando con una impunidad casi ridícula, se vean tímidas acciones encaminadas a poner en vereda a esta peculiar asociación sin ánimo de lucro.

A lo largo de la jornada de hoy, en todo caso, veremos a Blatter reelegido como presidente. Y es lo más normal. Si una red clientelar funciona para ganar elecciones en España, pese a que existan indicios claros de corrupción que perjudican a la mayoría de los ciudadanos, ¿cómo no va a funcionar como la seda una red en la que prácticamente todos sus integrantes se ven beneficiados de una forma u otra y los únicos que pierden dinero son los contribuyentes de los países por los que desfila el circo?

Con sus recientes declaraciones, Vladimir Putin básicamente se ha quejado de que Estados Unidos está molestando a una organización que le va a costar en unos pocos años 12.700 millones de dólares -un presupuesto que, por cierto, va a intentar reducir utilizando como mano de obra a la población carcelaria del país-. Si nos acogemos al tópico del “pan y circo”, la Fifa se dedica profesionalmente a que los gobiernos cojan el dinero del pan y lo inviertan en circo.

“El fútbol no es sólo una religión, es una religión organizada. Y la Fifa es su Iglesia. Su líder es infalible, anima a países de América Latina a gastarse dinero que no tienen en catedrales opulentas y, al final, va a ser el causante de un gran número de muertes en Oriente Medio. Pero para millones de personas de todo el mundo es el único guardián de lo único que da sentido a nuestras vidas”. Oliver lo dijo hace un año, nosotros lo hemos sabido siempre. Blatter volverá a tener en breve fumata blanca..

Ingobernable

“Lloro por la libertad de mi país cuando, en los primeros días de este exitoso experimento, veo corrupción entre muchos miembros de la Cámara de Representantes, donde se han despreciado los derechos del pueblo por promesas de cargos”. La frase es del presidente de los EEUU Andrew Jackson, después de sentirse estafado tras perder en las presidenciales de 1824 por lo que él consideró entonces un tamayazo.

Se refería al llamado Corrupt Bargain de 1824, el momento en el que Jackson, héroe de guerra y dueño de esclavos, perdería su primera oportunidad de ser presidente de EEUU. A pesar de haber conseguido mayoría en los principales colegios electorales, en la votación en segunda ronda se produjo un apoyo insólito: Henry Clay apoyó a John Quincy Adams y este, más adelante, lo convirtió en secretario de Estado, un puesto que por aquel entonces era considerado la antesala a la Presidencia.

Sirva la anécdota para despejar el panorama de la nueva gobernabilidad en España: todo esto ya ha pasado y volverá a pasar. Por más que haya debate sobre la conveniencia de unas u otras opciones políticas, finalmente habrá que buscar la base para acuerdos sensatos, las organizaciones volverán a funcionar y volverá a ponerse en marcha la gran máquina de erosión del radicalismo, una combinación entre poder y tiempo.

Cualquiera que dude de la eficacia de esta ecuación sólo tiene que pensar en la evolución de Daniel Cohn-Bendit desde sus tiempos de Dany el Rojo en defensa de la libertad sexual, hasta su larguísima y muy confortable etapa como europarlamentario. O incluso la diferencia entre el Obama candidato y el Obama presidente.

Con la actual situación política y económica vamos a ver poco radicalismos que no salgan gratis.

 

ACTUALIZACIÓN: El 2 de junio de 2015, días después de ser reelegido para el cargo, Sepp Blatter anunció su dimisión al no sentirse lo bastante respaldado.