Abre la tienda de aplicaciones de tu smartphone, siéntete ahogado por un inmenso mar de aplicaciones y ahora piensa en qué vas a descargar. Si tu opción es una app desconocida puede que estés instalando una aplicación zombie, de esas que no conocen lo que es actualizarse ni las mejoras de servicio.

“Uno de los factores que influyen para que una aplicación se convierta en zombie es la no actualización”, esto contribuye a que la app no sea rápida y eficaz, según cuenta Elena Herrero, responsable de desarrollo de negocio de Quadram a SABEMOS.

Es imprescindible tener al día una aplicación, mantenerla actualizada, adaptándose a los cambios que día a día sufre la tecnología y que llevan al usuario a tener nuevas necesidades. Sin embargo, aunque esto pueda parecer obvio para que las aplicaciones sean descargadas, lo cierto es que entre las cerca de 1,4 millones de apps que recogen las principales markets nos encontramos con que en la App Store se ha pasado de un 74% de aplicaciones zombie a un 83%. Estos datos indican que la tendencia va a la alza, que a pesar de que cada vez la oferta de apps sea mayor son muchas las herramientas que terminan bajo el calificativo de zombie.

Actualizaciones y comunicación, las claves para que una aplicación no se convierta en zombie

Una aplicación actualizada supone una mejor experiencia para el usuario, permite “corregir errores que puedan surgir, cambiar el diseño y adaptarse a la evolución de los sistemas operativos” señala Elena Herrero, que además recordaba que las aplicaciones zombie no solo tienen que ver con aspectos técnicos y de desarrollo, sino también con la comunicación. “Lo básico para que una app no pase a ser una aplicación zombie está en tratar de estar presente en las redes sociales y los medios de comunicación”. Darse a conocer, que la gente hable de la aplicación es algo imprescindible que hará, no solo que aumenten las descargas, sino que la app siga avanzando y desarrollándose, ofreciendo continuas mejoras al usuario.

Sin embargo tampoco hay que abusar de las actualizaciones. De hecho, desde Quadram no recomiendan recurrir constantemente a ellas, pues indican que “es mejor aunar todas las mejoras que queramos hacer” para después lanzar una actualización más completa. Además, los usuarios pueden sentirse molestos ante constantes cambios, por lo que es recomendable dejar pasar un tiempo antes de introducir una nueva actualización.

La sencillez, la velocidad y la seguridad son las tres características más valoradas en una aplicación, propiedades que difícilmente prestaría una app zombie. Pues a pesar de no presentar un peligro serio para los usuarios, estas aplicaciones desactualizadas posiblemente sean mucho más lentas, tengan un diseño poco atractivo e incluso un uso deficiente debido a los errores que podríamos encontrar y que dificultarían su utilización. Desde luego una app zombie lo que sí hace es ocupar memoria, por lo que contar con una de ellas instalada en el smartphone sería un error, sobre todo teniendo en cuenta el amplio mercado de aplicaciones que tenemos a nuestra disposición y en el que seguramente encontraríamos al sustituto perfecto.

¿Los zombies nunca mueren?

En medio de este mar de zombies no parece que haya nadie dispuesto a poner orden, ya que por ahora ni Google ni Apple establecen normas que lleven a estas aplicaciones a desaparecer de sus tiendas de apps, por otro lado algo lógico y “complicado” como asegura Elena Herrero. “Igual que Google es muy abierto y pone muchas facilidades para colocar aplicaciones en su tienda, con la App Store hay más complicaciones”, pues en el caso de Apple sí que hay una serie de requisitos que cumplir a la hora de introducir una app en su tienda,  un pequeño filtro de acceso que poco sirve para asegurarse de que los desarrolladores siguen apostando por la actualización y mantenimiento de la aplicación.

Además, eliminar las apps zombies, en el caso de que estas fuesen de pago o contasen con compras integradas, como bien nos comenta la responsable de desarrollo de negocio de Quadram, supondría tener que devolver a los usuarios el dinero que hubiesen invertido. Pero el problema no radica solo aquí, pues también hay que tener en cuenta que “partes de las compras van a las tiendas de aplicaciones”, por lo que mientras exita una mínima posibilidad de que alguien pague por y en una app a nadie le conviene retirarla del mercado