Hace tres semanas, en este hogar digital de acogida de un pluralismo sagaz (y perdónenme la presunción) que es SABEMOS, reproduje un vaticinio que hice a principios de febrero a cierta alta jerarquía de este Gobierno, convencida hasta las trancas de que la incipiente mejoría económica les entregaría en bandeja de plata una victoria electoral: “estos comicios los decidirán las emociones, no unas estadísticas que son como la goma de mascar”. Le recordé que los dioses ciegan a quienes quieren perder, y ellos parecían listos para ponerse a vender el cupó.

Le recomendé que, como hizo el Don Juan de Zorrilla, igual que habían subido a los palacios bajaran a las cabañas (la calle) para enterarse en directo de lo que muchos antiguos votantes peperos decían de ellos; hartos, sobre todo, del trágala de la corrupción lampante que ha elevado hasta una riqueza asombrosa a la mayor colección de granujas y prevaricadores criada en España desde Alfonso XIII, a sumar con la catarata de sacrificios que se ha exigido a la gente de base en nombre de la sacralizada austeridad, que ni siquiera defienden ya con su entusiasmo ni el FMI ni la propia Merkel.

Le dije: chupad asfalto, Metro, tabernas, mercadillos, taxis, soportales de tiendas del barrio de Salamanca donde duermen familias de la clase media arrastradas a la miseria, y tirad a la papelera los delirantes informes que os preparan los chupatintas de Arriola y sus demoscoperos, unos teóricos que ni distinguen entre culos y témporas. Una vez lo hayáis hecho, reconoced errores, pedid perdón y demostrar espíritu de enmienda. Y tal vez entonces…Sólo tal vez.

Hicieron exactamente lo contrario: vender arrogancia, autobombo, pedantería a raudales. Hablando en plata (y pido perdón por ello) patearon con botas doctor Martens unos cojones populares tan magullados que sus propietarios sólo esperaban la ocasión de retribuirles tanto desprecio hincando las espuelas en sus ijares hasta llegarles a los intestinos.

¿Y ahora qué? El Partido Popular tiene delante dos posibles caminos: a) Actuar como si fueran inteligentes, digerir el castigo, comerse su tonto orgullo, tomar nota, reconocer tropelías aunque las envuelvan en todos los celofanes que quieran y aprovechen para recordar que el PSOEcialismo ha hecho y hace lo mismo allí donde pisan la moqueta del poder, e improvisar un talante negociador que les lleve a aceptar hasta noviembre y mediante pactos medidas expansivas en su política económica, y b) Seguir igual, con la cantinela rajoyana de que han ganado, que el traspié se debe al inevitable desgaste producido por la crisis heredada, y poner velas a todo el santoral para que de aquí a las generales dos millones de españoles, al menos, abandonen las listas del paro. ¿Ustedes lo creen posible? Ni de coña. Pero me temo que se inclinarán por la opción B.

Un horrible síntoma que me trasladaron de Génova: el lunes, Rajoy despachó sólo diez minutos y sobre intrascendencias, con la secretaria general, Dolores de Cospedal, y, desde las ocho hasta bien entrada la mañana, se encerró durante horas con Arriola. Tiempo suficiente para que el “líder” (las comillas ya me salen hasta sin querer) le comprara a ese mago del truco barato, ignorante y torticero, retahílas enteras de mulas ciegas.

Así que preveo un panorama desolador para el PP de aquí a las generales, con una izquierda crecida y camino de un nuevo “frente popular” pero que ésta vez no parece asustar ni a los banqueros, y una derecha fraccionada entre lo que ya huele a pasado (Rajoy y los suyos) y el efluvio a Nenuco de Rivera y quienes le siguen.

El PP espera salvar alguna pizca de su fenecido poder municipal y autonómico pactando con C´s

El PP espera salvar alguna pizca de su fenecido poder municipal y autonómico pactando con C´s, pero me juego lo que quieran a que ese centroderecha refrescante que encarna este último partido no se va a prestar a ello ni en Trebujena del Pisuerga. Mucho menos en Madrid, donde una muy meritoria Cifuentes estuvo a punto de salvar los muebles.

¿Qué podría Ciudadanos ganar con ello? Dejando que el PP se hunda en su propia impotencia, esa formación, tan joven y hecha por jóvenes, saben que el próximo Gobierno de España será de una izquierda heterogénea; pero también que esa travesía del desierto, quizá breve, les servirá para hacer una OPA sobre los deshilachados restos populares y quedarse solos, como un verdadero partido de derecha con tintes socialdemócratas, y libres de la purria corrupta que éstos arrastran como un cometa hace con su cola.

Rivera ya enunció la coartada ideal para descartar alianzas: sólo pactará con dirigentes electos por las bases, mensaje que en general ha caído en la gente de a pie como tupida lluvia en un secarral sediento. ¿Y se imaginan ustedes a Arriola recomendando a Rajoy que convoque un Congreso Extraordinario del PP para elegir quién debe ser su candidato a la Presidencia para noviembre? Yo, ni en mis mejores sueños para el saneamiento de España. Más bien veo al gurú alargando la mamandurria que le proporciona su rasputinismo, y al impermeable gallego aferrándose a dos manos al sillón. Todo lo más, encargará un par de novenas al Jesús del Gran Poder para que, por arte de birlibirloque, lleve a los electores a arrepentirse y a retornar al redil.

Al tiempo.

PD.- Hace un par de semanas, dediqué mi primer Periscopio a tomar a solfa el trabajo que estaban haciendo las empresas demoscópicas sobre la intención de votos. Parecían bailar una antigua yenka. Pero, no: respondían a resabios indecisos de la sociedad. A medida que ésta fue tomando decisiones firmes, también ellas fueron centrándose y, al final, acertaron de lleno. Me la envaino.