La ventaja de tener una ganzúa es que puedes abrir todas las puertas. El problema es que nadie te garantiza que vaya a gustarte lo que te encuentres al otro lado.

El partido de Albert Rivera ha conseguido unos resultados sensacionales, si nos atenemos a su bisoñez y a la mala suerte que han tenido en situaciones como la de las listas de Móstoles y el candidato a alcalde de Ciudad Real. Sólo puede sentirse decepcionado quien se hubiese dejado llevar por unas expectativas irracionales. 

 
El otro día preguntaron a mi hija, con muy mala leche, si quería más a su abuela por parte de padre o a su abuela por parte de madre. Ambas estaban presentes. Ella respondió que las quería a ambas por igual. Yo me sentí orgulloso, le di un beso y le dije que esa era la respuesta correcta. Pero, en mi fuero interno, agradecí que de su respuesta no dependiese la investidura de una de las dos abuelas.
 
En la Comunidad de Madrid, Ciudadanos va a ser determinante haga lo que haga. No puede no retratarse. Si permite que gobierne el PP de Cristina Cifuentes le abandonarán los votantes que pedían una nueva fuerza capaz de plantar cara al bipartidismo. Si permite que gobierne Ángel Gabilondo con el apoyo de Podemos, se frustrarán los votantes que veían en Ciudadanos a una derecha civilizada y nada corrupta. 
 
Cosas similares sucederán en ciudades como Alcorcón, Málaga o Ávila, donde la situación es similar. 
 
En realidad, es una situación sin victoria posible, un lose-lose, un kobayashi maru. Si el escorpión muerde a la rana se hundirá con ella. Si no lo hace, demostrará que, en realidad, nunca fue un escorpión.