Keanu Reeves está solo en casa. Su encantadora mujer y sus hijos se han ido a pasar unos días fuera. Está tan ricamente concentrado en sus cosas de arquitectura cuando, de repente, dos lozanas muchachas, empapadas, se presentan en su bonito hogar para hacerle protagonizar primero una película porno y, más tarde, una de terror. Estos son los mimbres de Knock Knock, el nuevo film de Eli Roth, que abandona momentaneamente el slasher más radical para jugar a Haneke y arrojar una fábula moralizante que esposas de todo el mundo aprobarán con una gran sonrisa.

Es la segunda incursión de la actriz nacida en Cuba y formada en España en el género de terror, después de El Callejón de Antonio Trashorras, y la aparente consolidación de su carrera en EEUU, donde tiene en cartera otro prometedor título, mucho más comercial, en marcha. Se trata de Arms and the dudes, el nuevo film de Todd Phillips (Resacón en Las Vegas) protagonizado por el omnipresente Miles Teller (Fantastic Four, Divergente, Whiplash) y por el ganador de un Oscar Jonah Hill. 

El film está basado en una fascinante historial real narrada por Guy Lawson en Rolling Stone. Narra la historia de dos jóvenes porreros veinteañeros que se aprovecharon de cómo la administración de George W. Bush estaba externalizando cada pequeño aspecto del Ejército de EEUU, enfrentado a dos guerras distintas, para conseguir un contrato de suministro de munición a Afganistán por 300 millones de dólares.

La historia de cómo lo hicieron es un testimonio increible sobre las consecuencias de las externalizaciones radicales y la pérdida de control en la cadena de suministro por parte de un Gobierno. Y carne de primera para una película tronchante en el que el apellido de Ana de Armas tendrá más sentido que nunca.