Cuando el pasado febrero la alcaldesa Rita Barberá inmortalizaba la Cridà de este año con su ya famoso discurso del ‘caloret’ no fueron pocos los miembros del PP que se apresuraron a decir que aquel surrealista espectáculo ayudaría a ganar votos a la Alcaldesa de Valencia. El optimismo ha durado tan sólo tres meses.

La reacción de aquellos políticos populares no era tan descabellada. Hasta ese momento Rita Barberá había demostrado una y otra vez ser un monstruo político indestructible. Una política capaz de desarmar de un sólo golpe a la oposición y que tenía completamente tomado el pulso a su ciudad. Para generaciones enteras Barberá era el único rostro que se conocía al frente del ayuntamiento. Sus seguidores la tenían casi como un miembro más de su familia, sus detractores, también, no en vano la familia no se elige y no siempre nos cae bien.

Por ello, y a pesar de ser la voluntad popular, los valencianos se preparan para el auténtico shock que supondrá la salida del ayuntamiento de Rita Barberá. Los 105.275 votos que han apoyado su candidatura le permiten ser la política más votada, pero los 103.500 que ha perdido en la comparación con los comicios de 2011 le impedirán formar mayoría estable.

El favorito para sustituirla es Joan Ribó, el candidato de Compromís, que se erige como la segunda fuerza política de la ciudad con 95.499 votos y 9 concejales. Un pacto con PSOE y Valencia en Comú formará un gobierno estable con 17 votos frente a los 16 de cualquier otra suma posible. Un esquema que se repite en muchas poblaciones de la Comunidad Valenciana.

Adiós al gobierno de las capitales provinciales

La caída del PP se ha extendido al resto de las provincias. Los populares han ganado las elecciones en el ayuntamiento de Alicante, a pesar de los escándalos de Sonia Castedo, pero sacando la mitad de votos que en 2011.

La ciudad es el ejemplo perfecto del final del bipartidismo en la Comunidad Valenciana. El PP ha conseguido ocho concejales, y detrás tiene a tres partidos políticos empatados con seis actas de concejal: PSOE, Guanyar Alacant y Ciudadanos. Los dos primeros de esta terna sólo necesitan el apoyo de Compromís, que ha conseguido tres concejales, para lograr la ansiada alcaldía.

Tampoco parece que vaya poder retener la alcaldía de Castellón. Sus ocho concejales no dan una mayoría estable ni aunque lograra un pacto con ciudadanos, con lo que un tripartido de izquierdas con PSOE, Compromís y Castelló en Moviment les dejaría fuera.

La pérdida de La Plana es un duro golpe de imagen del PPCV. Es el antiguo ayuntamiento del President de la Generalitat Valenciana, Alberto Fabra, y su diputación ha sido bastión de poder de los populares durante décadas.

Xàtiva da la espalda a Rus

Alfonso Rus confió toda su futuro político a los vecinos de la localidad que llevaba 20 años gobernando y estos le han dado la espalda. El ya exalcalde de Xàtiva ha conseguido cinco escaños en el consistorio sebatense, pero ha caído más de un 50% en votos.

Superado por PSOE y Esquerra Unida, que se bastan para gobernar sin más apoyos, el futuro del PP de Xàtiva, una formación leal a Rus que ha desafiado a su partido matriz colgando carteles sin el logo del partido, pasa por la formación de una gestora y su disolución. Alfonso Rus ya es historia antigua en la ciudad en la que lo fue todo.