Albert Rivera logra los 1.500 concejales que se marcó como objetivo y ve consolidada la “tercera vía” con la que pretende superar a PP y PSOE en noviembre. Su partido será clave para decidir el Gobierno de la Comunidad de Madrid y podría determinar también los Ejecutivos de Castilla y León, Murcia y La Rioja.

El sueño de Albert Rivera está desde ayer un paso más cerca de cumplirse, aunque ese paso fue ligeramente más pequeño de lo esperado. Ciudadanos no logró entrar en todos los parlamentos autonómicos –se quedó fuera en Castilla-La Mancha, Navarra y Canarias– e irrumpió con menos fuerza de lo previsto en Valencia y Madrid, si bien será decisivo en esta última región. Sí logró y con creces alcanzar la meta de los 1.500 concejales y colocarse como tercera fuerza municipal de España, triplicando los apoyos conseguidos en las europeas y beneficiándose de que Podemos no concurría con sus siglas. El millón y medio de votos obtenidos llevó a Rivera a proclamar que se ha “puesto la base” para ganar las próximas elecciones generales.

Rivera logra una gran implantación en Cataluña, superando al PP en las cuatro capitales

El líder del partido siguió la jornada electoral desde las seis de la tarde en un hotel madrileño junto a los miembros más destacados de su dirección y a los candidatos de la capital y la comunidad, Begoña Villacís e Ignacio Aguado. Rivera tardó en salir a hablar, hasta tener clara la magnitud de sus resultados, que al final le proporcionaron un buen grado de implantación municipal: 48 mayorías absolutas y 21 relativas para un total de 1.527 actas municipales, obteniendo representación en todas las provincias. Particularmente positiva fue la cosecha en Cataluña -superó al PP en los ayuntamientos de las cuatro capitales, siendo segunda fuerza en Tarragona y obteniendo un total de 176 ediles- y en la región madrileña -44 de las 45 listas presentadas sacaron algún concejal-.

Rivera sacó pecho y vio ratificada la viabilidad de su “tercera vía”, un proyecto de “centralidad” que supere la división de España “en bandos de rojos y azules” e impulse la regeneración democrática. El líder de la formación naranja -que varias veces fue interrumpido al grito de “presidente, presidente” por los cientos de militantes que acudieron a celebrar con él los resultados- tiene ahora por delante la tarea de decidir (o no) el color gubernamental de decenas de ayuntamientos y de un puñado de autonomías.

La encrucijada de gestionar el éxito

Ciudadanos está ante la misma encrucijada que el otro partido emergente, Podemos: la de gestionar un éxito que le pone entre la espada de facilitar ejecutivos de los partidos tradicionales frente a los cuales ha nacido y la pared de aparecer como una formación que obstaculiza la gobernabilidad. Su célebre decálogo anticorrupción será la línea roja que presenten en cada institución, exigencia que ya está retrasando la investidura de Susana Díaz en Andalucía y que incluye la obligación de celebrar primarias en los partidos.

Cifuentes sólo podrá gobernar si logra el apoyo de los 17 diputados de Ignacio Aguado

Ciudadanos es la única formación nacional que se ha mostrado dispuesta a negociar y hablar con todos los rivales, siempre con el matiz de que sus exigencias regeneradoras son irrenunciables. El PP tendrá que batirse el cobre con ellos si quiere mantener el Gobierno de Madrid, donde los escaños de Cristina Cifuentes y los de Ciudadanos suman justo la mitad más uno del total. Además, el partido de Rivera puede ser determinante en Castilla y León, Murcia o La Rioja, históricos bastiones del PP que ayer vieron desvanecerse las mayorías absolutas.

El presidente del partido naranja debe tomar otra decisión adicional en las próximas semanas: la de si concurre a los comicios catalanes previstos para septiembre o, como parece cada vez más claro, se dedica ya en exclusiva a la política nacional presentándose a las generales. Una carrera de obstáculos que Rivera ha de afrontar desde hoy para continuar con ese “sueño” de cambiar España al que no deja de referirse citando a Luther King.