Con la 45ª reedición de este inmortal clásico de la sátira hispana de Luis Carandell, me doy cuenta de que quizás fue Celtiberia Show el documento que me hizo ver, en su momento -cuando leí su reedición de 1994, la 17ª ya- qué era España en realidad. Una España que se agolpaba en las calles, en los anuncios, en los carteles, y que no había cambiado demasiado desde los disparates carpetovetónicos que glosaba el periodista en su libro, publicado por vez primera en 1970.

Celtiberia Show es una avalancha de excesos casposos, de españolitos queriendo aparentar, queriendo ser más que simplemente españolitos, y con el triste resultado de costumbre. Fue este libro el que me hizo darme cuenta, veinte años después de su publicación original, que qué risa y qué atraso y cómo era la España del franquismo y el subdesarrollo, pero también cómo es el español moderno, y qué poco hemos cambiado.

Celtiberia Show es una suma de recortes, de panfletos, de publicidad y propaganda, de anuncios por palabras y selecciones de catecismos, de marcas registradas y avances científicos que resumen el carácter del español en, a grandes rasgos, su forma de ofrecerse al mundo.

Sea llamando a un mesón Las Cuevas Puta Parió, sea soterrando de cualquier manera las pulsiones que nos han llevado hasta estas circunstancias en las que nos encontramos (“asesino sí, pero no de personas, solo se dedica a las mujeres”), sea haciéndose un lío con las festividades sacras y anunciando en la hoja parroquial La Circuncisión de Nuestra Señora. Celtiberia Show, 45 años después, sigue hablándonos de lo que no siempre hemos sido, porque dejando a un lado lado la beatería analfabeta y el caciquismo militante -que eso no lo perderemos nunca-, hay algo en todos nosotros, un expresarse a gritos, un exhibicionismo impúdico de nuestras miserias y a mucha honra, que siempre ha palpitado en nuestro ADN.

Esta reedición cuenta con nuevo prólogo de un elemento celtibérico puro, Pablo Motos, pero no hace falta su firma para que Celtiberia Show sea actual. En el momento de escribir estas líneas no sé qué resultado habrán tenido las elecciones de ayer, pero hayan sido del signo que hayan sido, estoy convencido de que Luis Carandell ya daba algunas pistas para interpretarlas hace 45 años.