Idiota: Del griego ἰ διώτης, idiōtēs, de ἴ διος, idios (privado, uno mismo). Empezó usándose para un ciudadano privado y egoísta que no se preocupaba de los asuntos públicos.

Las campañas electorales exacerban las filias y fobias ideológicas de los ciudadanos y, a menudo, eso nos hace olvidar que, sea cual sea nuestra opción política, es responsabilidad de todos contribuir a la mejora de la salud de la democracia española, tan debilitada en los últimos años. No son pocos los políticos sin escrúpulos que han triunfado en las urnas y que pueden volver a hacerlo, debido a esta especie de “hooliganismo” acrítico que hace fortuna en buena parte de los votantes españoles cuando llega una cita electoral.

Frente a esta actitud, urge que asumamos nuestra responsabilidad como ciudadanos y votantes para, cada uno desde su visión de la realidad, premiar a quienes dignifican la política y castigar en las urnas a los que se lo merezcan por su incompetencia, desprecio a los ciudadanos o, en el peor de los casos, por haber cometido delitos o amparado a maleantes.

Solo así reforzaremos los cimientos de un modelo de convivencia basado en los viejos ideales europeos de libertad e igualdad como vertebradores del progreso. Un modelo que, con sus carencias y contradicciones, ha hecho que España sea, durante las últimas décadas, uno de los escasos islotes de paz y prosperidad en un mundo azotado por la guerra y la pobreza.

El voto supera, pues, cualquier tipo de reivindicación política partidista para convertirse en una cuestión de supervivencia colectiva, de apuesta por un futuro mejor para todos. Porque la triste realidad que nos rodea puede ser mucho más que una curva descendente en una gráfica de ciclos económicos.

Por ello, acudamos a las urnas el próximo domingo con alegría y siendo conscientes de la trascendencia de ese simple acto. Rindamos homenaje así, también, a los que se dejaron la piel por el camino para que estos días podamos participar del debate político, a menudo agrio, pero siempre necesario. Un intercambio de ideas que debemos seguir impulsando, de forma ya más sosegada, después  de la jornada electoral.

No hacerlo sería de idiotas.