Todas las encuestas apuntan a que los grandes partidos sufrirán un serio castigo en las elecciones autonómicas y municipales del domingo. Todas indican que el bipartidismo global llega a su fin en muchas comunidades y ayuntamientos. Todas castigan al PP, que perdería buena parte de su poder autonómico y local. ¿Todas? No. El CIS salva a Castilla y León de la quema popular hasta el punto de convertirse en el único feudo que podría revalidar con mayoría absoluta mientras otros sondeos coinciden en el triunfo del PP en esta Comunidad pendiente de un escaño para diferenciar una legislatura en solitario o en compañía de pactos con las nuevas fuerzas políticas que irrumpen en esta tierra.

No es de extrañar que históricamente los gobiernos del Partido Popular en España hayan mirado hacia Castilla y León para recompensar la fidelidad de sus votantes. En cada cita electoral, esta Comunidad Autónoma, compleja por sus diferencias provinciales, se pone de acuerdo para elegir su gobierno. Solo en los inicios de la vida autonómica el PSOE tuvo protagonismo con su primer presidente, Demetrio Madrid (83-86), al que le siguió José Constantino Nalda (86-87), para poner el punto final a la hegemonía socialista en Castilla y León. A partir de entonces, los nombres ya están en nuestra memoria reciente: José María Aznar (87-89); Jesús Posada (89-91); Juan José Lucas (91-2001) y Juan Vicente Herrera, desde 2001 y hasta ahora que vuelve a repetir como candidato popular.

Los dirigentes del PP se niegan a etiquetar a esta tierra como “granero de votos”, pero lo cierto es que se ha convertido en un auténtico seguro para los populares como ha reflejado la última encuesta del CIS. Este sondeo borra el color azul del mapa autonómico en España para salvar exclusivamente a Castilla y León de una derrota que le impidiera gobernar en solitario. No lo tiene fácil, porque no ganaría con la misma holgura que en anteriores convocatorias, pero sí le concede ese privilegio que las previsiones demoscópicas anulan en otras comunidades donde la tradición también marcaba un asentado dominio del PP.

La coincidencia es general en las diferentes encuestas que se han conocido, pero si nos quedamos con los datos que ofrece el CIS, el presidente Herrera conseguiría gobernar con los 43 escaños justos que marcan la mayoría absoluta. El arco, incluso, le concede la posibilidad de sumar hasta 44. El resto queda a gran distancia, con el PSOE también en caída libre logrando 20-21 procuradores y abriendo la puerta a Ciudadanos (8-10) y Podemos (9) como nuevos inquilinos de un parlamento donde se mantienen Izquierda Unida y Unión del Pueblo Leonés con un representante cada uno. Atrás queda ese dominio aplastante de años atrás, aunque se mantiene como feudo inexpugnable para el resto de partidos. Sin ir más lejos, hace cuatro años la formación de Juan Vicente Herrera logró 53 procuradores en lo que fue su mejor resultado.

Los tiempos del extinto ‘Clan de Valladolid’

Castilla y León ha sido una cantera continua de donde han salido diferentes y notables cargos públicos del Partido Popular en diversas responsabilidades. Cuando Aznar dejó esta Comunidad para liderar el proyecto del PP nacional se llevó consigo el denominado ‘Clan de Valladolid’ en el que figuraban, entre otros, Miguel Ángel Rodríguez, Miguel Ángel Cortés, Pío García Escudero, las parejas Ana Mato-Jesús Sepúlveda y Pilar del Castillo-Guillermo Cortázar, o Carlos Aragonés, por citar los ejemplos más manejables que después tuvieron su protagonismo con importantes cargos de responsabilidad. Como tampoco podemos olvidar al actual presidente del Congreso de los Diputados, Jesús Posada, que fue también presidente de Castilla y León, al igual que Juan José Lucas, ex ministro y ex presidente del Senado, del que todavía hoy es vicepresidente.

¿Y dónde radica la clave de esta fidelidad? La explicación puede estar en el carácter recio y conservador del castellano, que se refleja también en los principales ayuntamientos. En esta última legislatura, el PSOE solo ha gobernado en Soria y Segovia, aunque parece que esta tendencia podría cambiar a partir del lunes al menos en cuanto a la necesidad de formar gobiernos con apoyos de otros partidos. Lo que sí refleja este aplastante dominio del PP es la voracidad con la que han ido cayendo los distintos líderes socialistas que pretendieron romper el orden establecido; todos y cada uno de ellos han caminado por el desfiladero del fracaso para dejar la primera línea de la vida política o buscar otras alternativas. El último ejemplo fue Óscar López, ex secretario de organización del PSOE, que acabó fulminado en las anteriores elecciones y ahora se consuela como portavoz del Senado. En su momento fue una apuesta ambiciosa de Ferráz respaldada por José Blanco. Tampoco cuajó. Antes cayeron otros tantos: Jesús Quijano o Ángel Villalba, al que Zapatero le recompensó su esfuerzo baldío con la presidencia de FEVE. Hoy ya están fuera del escenario.

 

Óscar López

Claro, que la persistencia del PP en Castilla y León también tiene un precio y en esta ocasión lo ha tenido que pagar el propio Juan Vicente Herrera. El presidente se llegó a definir como un hombre con “más pasado que futuro político” para adelantar su deseo de no repetir como candidato. Pero en política, las circunstancias cambian y el PP manejaba diversos supuestos en los que solo tenía opciones de repetir victoria si el candidato era, de nuevo, el incombustible Herrera. La apuesta más segura podía sonar a proyecto agotado y poner en bandeja el argumento a la oposición, pero esta campaña ha mostrado a un candidato enérgico y activo, que afronta un intenso futuro inmediato con las incógnitas sobre el resultado del domingo, los obligados cambios que tendría que hacer en su gobierno por la salida de diferentes consejeros y el relevo a la vista en el partido en Castilla y León. Todo ello con el denominador común de su victoria. Sólo falta definir si será más o menos clara. Pero, de nuevo, victoria segura.

Imagen | PSOE en Flickr