La banca española acabó 2015 con su tasa de mora más baja de los últimos 15 meses (un 12,51%), un signo claro de recuperación; sin embargo, los analistas muestran que parte de la morosidad real de algunas entidades está disfrazada por ayudas públicas o su propia contabilidad.

Tras más de seis años de subida prácticamente ininterrumpida la morosidad de la banca empieza a cotizar por fin a la baja. El cáncer que durante la crisis económica ha minado los recursos de las entidades financieras españolas (ya que la mora supone consumir capital propio) finalizó 2014 con una tasa del 12,5% y en marzo siguió descendiendo hasta el 12,08%.

La tasa de mora de la banca española no obstante, si atendemos a los datos públicos facilitados por las propias entidades, no llegaría en ningún caso a estas cifras que refleja el supervisor bancario. Los dos principales bancos españoles (Santander y BBVA) sufrían a final de 2014 una morosidad del 5,19% (7,38% solo en España) y del 4,10% (6% en España) respectivamente. En unos niveles similares se mueve Bankinter, una de las entidades más solventes en España, con un 4,56% de sus créditos considerados dudosos. Les seguirían las cuatro entidades más medianas Caixabank (9,7%), Sabadell (12,17%), Bankia (12,9%) y Popular (13,78%).

Solo haciendo una media aritmética de los porcentajes de estas entidades, que suman cerca del 80% del sector en España (un método en todo caso incorrecto, ya que no ponderaría el peso relativo de cada entidad, pero que a efectos prácticos sirve), ya no sale ni de lejos la media que el Banco de España asegura que registra el sistema financiero español. ¿Por qué ocurre esto? Fuentes del sector consultadas por SABEMOS aseguran que la banca maquilla su morosidad real en sus comunicaciones públicas y en su estrategia de cara al exterior.

“No es posible que si el Banco de España habla de un ratio de mora de unos 12 puntos la mayoría de las entidades, incluidas las más grandes, estén por debajo de la media”, evidencia un directivo de una de las cuatro mayores entidades españolas, y que señala que de una forma u otra, buena parte del sector ha conseguido disimular el grado real de impagos y créditos dudosos de sus carteras.

Una de las formas más directas para rebajar la morosidad, completamente legal y con luz y taquígrafos, fue el traspaso de activos inmobiliarios tóxicos al Sareb, el conocido como banco malo, a inicios de 2013. Al traspasar una gran cantidad de activos, en su mayoría con algún grado de mora, las entidades afectadas lograron reducir su ratio de créditos dudosos respecto del total de activos. Algo que reflejaron los datos del propio Banco de España en los primeros meses de 2013.

Los analistas muestran otros ratios

Los pobres mortales se conforman con la información que publican las propias entidades, pero los inversores profesionales disponen de los analistas y los bancos de inversión para poder acceder a lo que realmente ocurre en los balances de los bancos. Y lo que muestran estos análisis son cifras de morosidad considerablemente más altas que las reconocidas públicamente. En un Informe Sectorial del 9 de marzo de 2015, el equipo de análisis de Caixabank desnudaba uno a uno a sus seis principales competidores (ver gráfico inferior).

Las cuentas que hacen desde Caixabank muestran unas entidades en su mayoría con una morosidad mayor de lo publicado por ellas mismas. En el caso del Santander, cuatro puntos porcentuales por encima, y en el BBVA tres puntos. Mención aparte merecen los casos del Popular y del Sabadell. En el caso del primero porque su ratio de mora es el más alto de todos: un 18,61% respecto a sus activos en cobertura, cinco puntos por encima de lo que contaron públicamente.

El Popular ha sufrido este mismo martes una rebaja de su calidad crediticia por parte de la agencia Fitch, que lo ha afianzado en la categoría de bono basura (de tipo especulativo debido a su riesgo). No son los únicos críticos con la situación de los balances del Popular. Un reciente informe del banco de inversión Credit Suisse del 10 de abril rebajaba el precio objetivo de la acción del banco presidido por Ángel Ron (de 4,2 a 3,3 euros por acción), agravando la imagen de uno de los valores ya más castigados durante la crisis.

Según los analistas suizos, el Popular tiene ante sí un camino más difícil debido a que prevén que tenga que hacer un mayor esfuerzo en provisiones, algo que el resto del sector ya completó en 2012 y 2013. De acuerdo con los números de Credit Suisse, a pesar de que los niveles de morosidad son los más altos, con diferencia, el nivel de cobertura de las carteras (es decir, de reservas de dinero ante posibles pérdidas) está en la banda baja del sector: apenas un 44%, frente al 67% del Santander o el 61% de Bankia. Es de todos los analizados, el único banco que no registra una reducción de sus activos dudosos en el último año. Además, ven en la entidad mayores costes estructurales y una menor capacidad de obtener ingresos.

Un EPA para tapar agujeros

En el caso del Sabadell hay otra casuística. Los propios analistas de Caixabank muestran los datos de morosidad con o sin contabilizar los efectos del Esquema de Protección de Activos (EPA) del que se beneficia el banco tras la adquisición de la CAM a manos del FROB. El banco catalán adquirió toda la CAM, teóricamente saneada ya, por solo un euro, y sin embargo recibió también un conocido como EPA; es decir, un sistema mediante el cual la entidad adquiriente tiene cubiertos por parte del Estado un porcentaje mayoritario de las posibles pérdidas de una cartera de créditos concreta.

Estos EPA, considerados por expertos del sector como auténticos rescates encubiertos a los bancos, les han permitido hasta ahora enmascarar una parte sustancial de su morosidad real. En el caso del Sabadell serían hasta 5,7 puntos porcentuales (del 12,17% al 17,86%) siempre según las cifras expuestas por el informe de Caixabank. Lo que permiten los EPA en la práctica es una menor exposición al riesgo inmobiliario, en la medida que algunos de los activos con más riesgo están precisamente garantizados en un 80% por el FROB. Caixabank, por su parte, se beneficia de un EPA por la compra (también por un euro) del Banco de Valencia, entidad a la que se le inyectaron 5.500 millones de euros para sanearla.

Distinto al resto es el caso de Bankia. El banco nacionalizado y presidido por José Ignacio Goirigolzarri hizo en 2012 un ejercicio de prudencia máxima tras el rescate, incrementando los niveles de cobertura hasta los más altos del sector y con un reconocimiento de morosidad subjetiva por encima de la media (un 45% de la mora reconocida es de este tipo, según el Credit Suisse). En teoría, la entrada de un activo en la consideración de moroso es un acto tasado y automático (a partir de 3 meses de impago); sin embargo, existe la posibilidad contable de sumar la llamada mora subjetiva, asociada a los créditos subestándar, una modalidad intermedia que permite la regulación española.

“El considerar a alguien como dudoso sin estar impagado aún siempre tiene componentes más subjetivos”, explica un antiguo alto cargo de uno de los principales bancos españoles. Sin embargo, en su opinión, esta opción tiene que dar resultados homologables en todas las entidades ya que “dado el tiempo de crisis que llevamos y los múltiples análisis hechos, ya estará bastante bien hecho” en el conjunto del sector. Donde sí ve más espacio para la arbitrariedad es en el momento en que estos créditos dudosos se desclasifican como tales, ya que esto puede producirse o bien con la adjudicación de inmuebles (las daciones en pago), lo que depende de políticas más particulares.

También es más subjetivo el traspaso de los créditos dudosos a fallidos (cuando ya se dan como irrecuperables), algo que según explica “a veces se usa para adecentar las cifras de mora”. Y es que en el momento que has declarado ese crédito como fallido ya no contabiliza como moroso, y por lo tanto la ratio se reduce.

FOTO: FLICKR