La agencia de rating Fitch acaba de emitir una nota en la que anuncia rebajas de notas en hasta 16 entidades financieras españolas, entre ellas Santander, BBVA y Caixabank. A Bankia y Popular les degrada la calificación de su deuda a bono basura. No es que el sistema se desplome, es que ya está en marcha el Mecanismo Único de Resolución.

En apenas un momento, el tiempo que tarda en hacerse pública la información, la calificación crediticia de 16 entidades financieras españolas se ha visto degradada. La agencia de rating Fitch ha revisado los niveles de apoyo público con el que contarían, siquiera implícitamente, los distintos sectores bancarios en Europa, Estados Unidos y Suiza. “Fitch cree que las iniciativas políticas, regultorias y políticas han reducido sustancialmente la posibilidad de un apoyo público” para los bancos de estos países, por lo que ha aplicado rebajas generalizadas.

Así, Fitch ha emitido sendos comunicados (ver archivos adjuntos más abajo) dos dos decisiones distintas. En uno de ellos ha anunciado la revisión de la calificación crediticia y la consiguiente rebaja a nivel de bono basura de cinco bancos y cooperativas de crédito: Bankia (de BBB- a BB+), Banco Mare Nostrum y Liberbank (de BB+ a BB) y Banco Popular y Cajamar (de BB+ y BB, respectivamente, a BB-).

En el otro comunicado anuncian la rebaja del nivel de apoyo de otras 11 entidades a la hora de contar con un rescate público. No es una revisión que afecte a sus ratings crediticios, pero sí que es un aviso a los inversores sobre la fortaleza de una entidad. En concreto Santander, BBVA, Caixabank, Unicaja, Kutxabank, Ibercaja, Abanca, Banesto, Laboral Kutxa, las cajas rurales Navarra, Sur y la Sociedad Coopertiva de Crédito han pasado de un nivel máximo de 5 sobre 5 al actual de 3 sobre 5.

“Un apoyo externo extraordinario ya no puede esperarse en estos casos”, señalan los analistas de Fitch, que ya en marzo del año pasado anunciaron su intención de revisar la nota de la banca en función del hipotético apoyo soberano con el que pudieran contar. Es decir, que los acreedores sénior de estos bancos (los bonistas garantizados, por ejemplo) no podrán contar a partir de ahora con la posibilidad, como implícitamente pasaba hasta ahora, de que el Estado rescate a una entidad financiera. ¿Por qué? Porque ya está en marcha el Mecanismo Único de Resolución (MUR).

¿Se acabaron los rescates?

En enero de este año entró en vigor el conocido como MUR, un protocolo de actuación de obligado cumplimiento para los países del euro con el que se pretende reducir al mínimo el coste para el contribuyente de los rescates al sector financiero. La tradición. Por caro que aparentemente haya salido al contribuyente español, el modelo a seguir a partir de ahora se ha inspirado en el que se llevó a cabo en el caso de BFA-Bankia.

Parte del espíritu del MUR es aplicar pérdidas a aquellos inversores que no estén garantizados por los fondos de garantía estatales. Es la lógica con la que se aplicaron pérdidas totales a los accionistas de la salida a Bolsa de Bankia y con la que se impusieron los canjes forzosos por acciones (con quita incluida) a los preferentistas de BFA. Es lo que se conoce en el argot financiero como bail in (algo así como rescate interno), en contraposición al hasta hace nada hegemónico bail out, que en esencia suponía rescatar a los bancos condinero público como mucho imponiendo pérdidas a los accionistas.

Esta nueva forma de actuar es parte esencial de la Unión Bancaria europea. Tal como explica un alto funcionario de Bruselas a SABEMOS, “entre las condiciones del rescate español figuraba desde el comienzo la necesidad del burden sharing. El modelo de bail in del rescate español se ha aplicado desde entonces a otros supuestos, y figura ahora en la normativa de Ayudas de Estado y en la Directiva sobre reestructuración y resolución de bancos en crisis”, añade.

Mejor si no paga el contribuyente

Aunque en un sector con intereses tan atomizados como el financiero en ocasiones no es fácil discenir cuál es el interés general, la doctrina europea señala que, de forma general, la prioridad es que el contribuyente (es decir, toda la ciudadanía en su conjunto) no pague, o como mínimo pague lo menos posible. Esto supondrá entonces, en teoría, imponer pérdidas en otros colectivos particulares, que a partir de ahora se ven afectados por estos cambios legales. Y es aquí donde cobra sentido la revisión de las calificaciones efectuada por Fitch, una agencia cuya misión es informar a los inversores sobre el riesgo de cada entidad.

“Desde el punto de vista de Fitch, la directiva europea de resolución bancaria y el Mecanismo Único de Resolución han progresado lo suficiente como para anticipar ya un modelo de resolución bancario que exigirá a los acreedores sénior una participación en las pérdidas, si fuera necesario, en vez de o antes de recibir una ayuda pública”, explican desde Fitch. La aplicación completa de la directiva de europea de resolución (conocida como BRRD) tendrá que estar plénamente operativa en enero de 2016, por lo que será traspuesta a la legislación española “en los próximos meses”.

Si los inversores privados han de ser quienes paguen a partir de ahora los rescates, entonces invertir en un banco es un ejercicio más arriesgado de lo que era hace unos meses. Esta es pues la lógica detrás de estas rebajas de calificación anunciadas por Fitch, y todo un aviso a los mercados de lo que se avecina: Señores inversores, sepan que la deuda que adquieran podría no ser devuelta si el banco necesitase recapitalizarse en el futuro.

Rebajas en toda la zona euro

No todo son malas noticias para la banca española. A la vez que afirma las rebajas de rating, Fitch constata que el panorama “es positivo” tanto para Bankia como para el Banco Popular, y “estable” para el resto. “De todas formas, los riesgos subyacentes permanecen, por ejemplo si el desempleo se mantiene tozudamente alto y el mercado inmobiliario sigue deprimido a pesar de los signos de mejora”, añaden desde la agencia.

Los bancos españoles no son los únicos que han sufrido rebajas en sus notas. Tal como informa Fitch, las revisiones de calificación crediticia se han generalizado este martes por toda la banca: Seis landesbanken alemanes, un banco holandés, cuatro portugueses, dos entidades norirlandesas, nueve italianas y las mayores de Austria, entre otras.

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