Durante el primer semestre de 2014, y solo en concepto de fusiones y adquisiciones, se movieron en todo el mundo casi 400.000 millones de dólares en empresas tecnológicas y startups. Desde 2001 no había tantos movimientos corporativos. Ha llegado la hora de invertir… o no.

No hay muchos artículos sobre empresas tecnológicas o startups que no remitan a la crisis de las puntocom de inicio de siglo. Todo lo referente a inversiones o movimientos financieros con este sector pretende tener un reflejo de lo que sucedió durante el año 2000 y siguientes. Compras, ventas o fusiones son interpretadas como posibles movimientos especulativos. Ante esta situación, ¿se debe invertir o no?

La principal baza para los inversores, y con la que están de acuerdo la mayoría de analistas, es que se trata de un sector en continua evolución. Y no solo eso. Es palanca de cambio para industrias como la del motor o la energía, donde grandes compañías se apoyan de manera decisiva en pequeñas y grandes startups para progresar en su crecimiento.

Asimismo, otro de los aspectos fundamentales tiene que ver con la rentabilidad. Pese al runrún persistente que evoca al año 2000, los expertos aseguran que las inversiones en empresas tecnológicas siguen siendo más seguras que los productos financieros propiamente dichos. Poder obtener una alta rentabilidad, pero proyectando unos riesgos menores con respecto al sector financiero, sigue siendo un reclamo. A esto hay que sumar que, situados en un contexto de dinero barato, quizá sea un momento idóneo para arriesgar hoy y no esperar a mañana.

La competencia dentro del sector tecnológico es la semilla perfecta para los inversores

Competencia extrema. Algo que podría representar un problema se convierte en un aliciente para los inversores. Como se ha podido demostrar con WhatsApp, en menos de cinco años una empresa puede llegar a valer 16.000 millones. ¿Esto qué provoca? Entre otras cosas que las empresas de la competencia, o segmentos afines, tengan que mejorar, innovar más y desarrollar mejores productos y servicios. Por lo tanto, un mercado altamente canibalizado y donde no hay lugar para las compañías a medio gas, conduce a una limpieza corporativa que aclara la vida a los inversores. De esta manera, y según diversos estudios, el hecho de que 3 de cada 4 startups no salgan adelante provoca una sensación de gestionar la cartera inversora de manera prudente.

En esta lista de motivos sobre por qué es el momento de invertir en una empresa tecnológica o startup, hay otra característica fundamental en este mercado: es global. Es decir, invertir en una compañía como Alibaba o Xiaomi (chinas) es invertir en un concepto global de mercado, y eso que el fabricante del gigante asiático todavía no ha cruzado del todo la Gran Muralla. Por lo tanto, este tipo de compañías no están demasiado expuestas a fluctuaciones geográficas o crisis locales. Por ejemplo, en contraposición, las energías renovables en estos momentos en España pasan por un momento delicado a nivel de inversión y regulación. Sin embargo, una empresa tecnológica donde los servicios se pueden desarrollar en la nube en otro continente a miles de kilómetros, genera que el crecimiento pueda ser ilimitado.

Por último, y punzando el corazón en modo romántico, uno de los motivos por los que puede ser positivo invertir en este tipo de empresas tiene que ver con la idea de “formar parte de la historia”. Empresas como Apple o Amazon han conseguido entrar en el imaginario colectivo, navegar sobre mitos empresariales, ¿a quién no le gustaría formar parte de la historia?

Mejor no invertir

Los motivos para invertir están bastante claros. Alta rentabilidad, un mercado global y una fuerte competencia. Ahora bien, en negro y blanco, todo tiene una contraposición por la cual invertir en empresas tecnológicas o startups de ese segmento puede no ser buena idea.

En primer lugar hay que destacar las eternas dudas sobre los planes de negocio y la rentabilidad, no tanto a nivel de inversión, sino sobre facturación de las empresas. Es decir, algunos de los famosos unicornios, por ejemplo, consiguen ser valorados en más de 1.000 millones de dólares sin demostrar cuál será su vía de ingresos, y eso puede originar mucha desconfianza.

En este sentido, muchas de las startups se ven atrapadas en infinitas rondas de financiación sustentadas sobre una idea. Ideas volátiles, ideas de futuro, ideas sobre ideas… ideas que al final solo son eso. Además, a veces son ideas que no están amparadas en estudios de mercado reales y, lo que es peor, lo hacen sin planes de marketing efectivos sobre los que escalar una vez que inicien su andadura.

La falta de inversores en un proyecto puede ser algo que haga sospechar sobre la viabilidad

Otro aspecto por el cual se debería meditar mucho la inversión en una empresa tecnológica es precisamente la falta de los mismos. Si una startup no tiene gente interesada en poner dinero es que algo no funciona. Por eso, que los inversores den la espalda a un proyecto es mal síntoma.

Ahora bien, sobre todo lo contrario también advierten los analistas tener cuidado. Es decir, las empresas de capital riesgo pueden invertir llevadas por el calentamiento financiero, pero eso no debe suscitar al equívoco de que una startup vale lo que cuesta. El caso más claro lo representan esos llamados unicornios ya citados. Con un valor superior a los 1.000 millones, la mayoría simbolizan una desmesura a la hora de invertir.

Ante esta situación, la única certeza es que no hay nada que garantice el éxito, y en la mayoría de las ocasiones solo la experiencia lleva a tomar la mejor decisión.

Imagen | Flickr – Steve Jurvetson