Nuestros candidatos se medirán en las urnas el próximo domingo y atrás quedarán los debates televisivos, las paellas en los parques, los abrazos a niños y ancianos y otros ridículos actos electorales que, durante estos días de campaña, nos han hecho dudar de la salud mental de algunos de los que piden nuestro voto. Acallada la estridente megafonía, el ciudadano decidirá en silencio a quién conceder su confianza para los próximos cuatro años.

Es tarea difícil y, por eso, en SABEMOS hemos querido elaborar esta lista básica de recomendaciones que pueden ayudar a nuestros lectores a superar satisfactoriamente el trance, contribuyendo a una mejor marcha de nuestros municipios y comunidades. Allá van:

1.-  Infórmese del reparto de competencias de las distintas instituciones que se conformarán después de las elecciones. Parece una obviedad, pero con frecuencia se confunden los papeles de las administraciones que nos gobiernan y eso puede conducir a error a la hora de premiar o castigar a candidatos y partidos.

2.-   Sea consciente de sus necesidades y de las de sus conciudadanos y compruebe que se reflejan en el programa de su candidato.  No es necesario que suscriba en toda su extensión ese documento, al fin y al cabo el candidato tampoco lo hará si gobierna, pero por lo menos asegúrese de que la melodía de promesas suena bien a su oído.

3.-Olvídese, aunque sea por un momento, de su ideología y prejuicios y trate de hacer un análisis objetivo de la situación de su municipio o comunidad. ¿Cómo han sido sus últimas experiencias en el centro de salud u hospital?, ¿y las de sus familiares?, ¿cuentan sus hijos con buenas oportunidades de formación?, ¿existen ayudas en su municipio y comunidad para los vecinos más desfavorecidos?, ¿hay políticas activas de empleo?, ¿qué trato reciben los ancianos?, ¿su barrio cuenta con las infraestructuras necesarias para procurar una buena calidad de vida para usted y los suyos?, ¿es hoy más feliz que antes de la llegada al poder de quienes lo han ejercido en los últimos cuatro años?..

4.- Repase las veces que los partidos que ahora piden su voto han contactado con usted o le han pedido opinión en los últimos cuatro años. El voto es fundamental en democracia pero no es la única vía, ni siquiera la más importante, de participación ciudadana en política. Esa participación pasa por que instituciones y partidos establezcan cauces de comunicación fluidos con la población, a través de organizaciones de representación colectiva o de presencia directa en las calles. Si no han recabado su opinión hasta semanas antes de las elecciones, dejarán de hacerlo cuando éstas concluyan.

5.- Utilice Google para buscar en las hemerotecas posibles escándalos y casos de corrupción relacionados con su candidato y el partido al que representa. Busque también cuál ha sido la actitud del que pide su voto ante esas situaciones. Recuerde que cuando hablamos de corrupción política nos referimos a personas que han robado su dinero, el de sus familiares y el de sus conciudadanos. Hablamos de delincuencia organizada; unas veces presunta, otras prescrita y, en más ocasiones de las que nos gustaría, probada y condenada.

6.- Sumérjase en las redes sociales y soportes digitales para profundizar en su búsqueda de información sobre los candidatos y sus partidos ya que, con frecuencia, los grandes medios tradicionales son juez y parte en la carrera electoral. Su línea editorial les hace velar y destacar noticias o emitir opiniones interesadas que, a menudo, no aportan conocimiento sino ruido que confunde y dificulta el ejercicio libre y responsable del derecho a voto. Desconfíe también de Sabemos y de este articulista, contraste puntos de vista aprovechando las posibilidades que ofrece internet.

7.- Pasee por las calles de su municipio y converse con sus vecinos y familiares sobre la evolución del entorno en el que viven durante los últimos cuatro años. No sólo del entorno físico sino también del paisaje de libertades y derechos colectivos que, más allá de polémicas y debates ideológicos, son los que se incluyen en la Declaración Universal de Derechos Humanos y en nuestra Constitución.

8.- En el caso de que exista algún medio de información pagado con impuestos, compruebe que cumple su función pública y enriquece el discurso colectivo mediante la representación equilibrada de la pluralidad de ideas que conviven en su municipio o comunidad. Si no es así, alguien se aprovecha del dinero de todos con fines particulares y, quizás, merezca un castigo democrático.

9.- Observe el lenguaje gestual de los candidatos pues a veces aporta más información  que las palabras, más moldeables por sus nutridos equipos de comunicación. Para ello, recomendamos eliminar el volumen durante sus apariciones televisivas y escudriñar los rostros. ¿Prestaría dinero a alguien así?, ¿le dejaría a cargo de sus hijos durante una escapada nocturna con su pareja? Haga caso también de su instinto.

10.- Repase su conocimiento sobre el destino de sus impuestos. Si no cuenta con esta información o le resulta difícil acceder a ella es que sus gobernantes actuales no han hecho bien su trabajo. Quizás no sea para ocultar malas prácticas sino solo por incompetencia. En ambos casos, es grave pues se le está hurtando una información fundamental sobre el destino del dinero que usted aporta para la construcción de una sociedad más próspera y democrática.

Y terminamos esta lista con una última recomendación que no se incluye en el decálogo anterior por no deformar la redondez de la cifra:

No vote a Edurne. El día anterior a las elecciones se habrá celebrado el Festival de Eurovisión y, con bastante probabilidad, España no habrá ganado, a pesar del virtuosismo interpretativo y el aspecto saludable de nuestra representante. No busque en la mesa de papeletas una con el nombre de la canción “Amanecer”, que con tanta elección uno se confunde y más si acude a la mesa electoral a horas muy tempranas, tras una noche de fiesta eurovisiva regada con risas y alcohol.

Sea por ese motivo o por el dolor de cabeza que puede causar una decisión tan trascendente como es elegir qué papeleta se introduce en una urna, tómese una aspirina con el desayuno, es mano de santo. Y cruce los dedos.