Seguramente esa España tampoco tenga Facebook, Instagram, ni cuelgue sus andanzas laborales en Linkedin. La España de Miguel Delibes, ubicada en gran parte alrededor de los años 60, no se aleja demasiado de la España de Mariano Rajoy, Cristiano Ronaldo o ‘Master Chef’.

Hace apenas unos meses se cumplía una efeméride literaria con la que sacar pecho, aunque al hacerlo aparezcan las vergüenzas. Cinco años han pasado de la muerte de Miguel Delibes, maestro de de las letras castellanas que supo reflejar como nadie la simpleza de una España marchita y moribunda que estaba a años luz de lo que pasaba a su alrededor.

Pero al relucir viejas glorias aparecen nuevos despropósitos. Así, se ha sabido que en las próximas revisiones de los planes de estudio en secundaria se podría retirar su obra debido a la compleja literatura de sus textos. Quizá haya un interés en que no se lean libros como Las ratas, donde se muestra una sociedad involucionada y lejos de la esencia pública que debería haber tenido España en los años 60. O quizá se pretende mostrar que la dimensión real de las cosas caben en una foto de Instagram o 140 caracteres de Twitter.

De este modo, ¿dónde encajan Miguel Delibes, España y las redes sociales? Hace unas semanas Twitter se incendió por enésima vez. De hecho, parece una red social bañada en gasolina con tanta quemazón. La cuestión es que hubo una disputa tuitera de esas que glorifican cambiar el mundo. Podemos contra Ciudadanos o viceversa. Unos contra otros, los otros contra los unos, un sinvivir. Acusaciones de crear una campaña de desprestigio en esta red social mediante engaños, robots, videos y diamantes. Un caos incomprensible.

Ante esta situación, ciertos analistas de prestigio ya pronosticaban una repercusión mediante el voto en las próximas elecciones municipales y autonómicas. Asimismo, especulaban sobre estas disputas en Twitter acusando a algunos de ser más guerreros y otros de recibir palos. ¿Pero de verdad puede influir de alguna manera?

Con el dato de las últimas elecciones generales en la mano, estuvieron llamados a la urnas 35 millones de españoles. De ellos, ejercieron su derecho al voto 24 millones. Analizando algunos de los últimos informes sobre redes sociales, aunque todo hay que cogerlos con pinzas -porque no siempre se facilitan los datos- en España habría entre 3,5 millones de cuentas de Twitter, con el rango más bajo, y unas 5,6 millones de cuentas en el estudio más alto.

Si atendemos a que Twitter reconoce y manifiesta que casi el 10% de sus perfiles son falsos, que hay un gran porcentaje de cuentas duplicadas (personas con varios usuarios), estamos hablando de que no hay más de 4 millones de españoles con Twitter. Eso sin contar con las cuentas abiertas pero que no se usan, o tienen una utilización residual. Por lo tanto, menos de un 10% de los electores estuvieron expuestos a ese cruce de mensajes entre políticos, militantes, trolls y viceversa.

La verdadera España de Delibes

¿Dónde pudieron ver esa polémica los españoles insocializados sin Twitter (el 90% de electores)? En el parte de La1, o en cualquier telediario que tuviera a bien darlo, la radio, o si algún medio generalista lo recogió como anécdota. Esa, como todas las disputas y banalidades que incendian Twitter cada semana y que para unos cuantos (10% de electores) creen que cambiará el sentido político y social de España.

¿Pero cuál es la España real? Posiblemente esté más cerca de Las ratas. Esa pequeña obra en volumen y grande en dimensión social, describe casi 50 años después la misma España furibunda y agotada en las tierras castellanas que retrata el escritor vallisoletano.

Su personaje principal, el Nini, pega un golpe en la frente a quienes creen haberlo inventado hace unos años. El Nini, un niño bergante y rapaz, sin ir a la escuela ni tener mayor oficio que andar por el pueblo, bien podría ser un Nini de los de ahora, de esos que se cuentan a miles.

¿Única coincidencia? Por desgracia no. Uno de los actuales dramas sociales en España tiene que ver con los desahucios. La cifra se acerca de forma peligrosa al sonrojo nacional, pero Delibes ya dibujó en Las ratas una situación igual, concretamente la que viven el propio Nini y su padre, el Tio Ratero, cuando les quieren echar de la cueva donde viven felizmente. ¿Y quién les echa? Pues el mandamás del pueblo, que sin piedad ni corazón, solo atiende órdenes del gobernador local si quiere seguir en su cargo.

Las ratas… ratas que son sustento para los habitantes de esta desubicada localidad castellana. Sustento. ¿Cuántos miles de personas se ven abocadas en estos momentos a asistir a los comedores sociales y los banos de alimento como hace 50 años?

Millones de personas sin Twitter. Millones de personas viviendo en la España real, esa que da y quita mayorías absolutas. La España de Miguel Delibes, la que no representa el 10% del electorado.

Imagen | Flickr – Andreas Eldh