Seis de cada diez nuevos empleos se crean en la banda salarial baja. La polarización de la ocupación, es decir, la cada vez menor proporción de sueldos medios, es un hecho en España, según un reciente estudio de servicio de estudios de La Caixa.

La clase media española está en crisis. Así se desprende al menos de los datos publicados por el servicio de estudios de La Caixa, que en un reciente informe cuantifica la creciente polarización del empleo. Este fenómeno se define por la pérdida de peso relativo de los contratos de la banda salarial media, en favor de aquellos que son considerados altos y bajos. ¿Qué explica esto? Los autores apuntan al efecto de las nuevas tecnologías, que han disminuido la demanda de empleos con tareas rutinarias (encuadradas mayoritariamente en franjas medias), al tiempo que se ha incrementado la demanda de trabajos de mayor creatividad o habilidades.

Economistas como Sara de la Rica, catedrática en la Universidad del País Vasco e investigadora de Fedea, han demostrado que el fenómeno de la polarización laboral se observaba ya en el intervalo transcurrido entre 1997 y 2012 “tanto en el periodo expansivo como en el recesivo”. De todas formas, el patrón de esta polarización fue distinto en el periodo de 1997 a 2007, ya que en ese lapso “coincidente con la fase exansiva, las ocupaciones de bajo salario se expandieron en términos relativos a los empleos de salario medio, y también en relación a los empleos mejor pagados”, tal como concluyen en este paper de septiembre de 2014.

El investigador de Fedea Florentino Felgueroso también ha escrito sobre la polarización ocupacional (no confundir con polarización salarial y social, que no son equivalentes). En mayo de 2011 ya escribía sobre el fenómeno y constataba también una tendencia de las ocupaciones hacia aquellas o bien con una alta cualificación o bien con una caualificación elemental. La idea básica es que “las nuevas tecnologías de la información y comunicación erosionarían la demanda de trabajo para actividades cognitivas y manuales que impliquen tareas de administración y producción repetitivas”.

El problema es que la polarización se está acelerando en la salida de la crisis. Tal como muestran las cifras de La Caixa Research correspondientes a finales de 2014, seis de cada diez nuevos empleos que se crean en España se sitúan dentro de la franja salarial baja. Hace un año estos empleos con sueldos bajos representaban apenas algo más del 40% sobre el total, lo que muestra que la polarización de la ocupación es un proceso que se ha acelerado en el último año, el de supuesto inicio de la recuperación económica (ver gráfico inferior).

Frente al cada vez mayor peso de los salarios bajos en la creación de nuevos puestos de trabajo, aquellos situados en la franja más alta suponen un 30%. Son las ocupaciones de sectores en los que corresponden sueldos medios las que menor peso tienen en la recuperación del empleo: apenas uno de cada diez nuevos trabajadores tienen un salario medio. Este es un fenómeno, dicen, que tiene una relación obvia con la crisis económica (fuerte destrucción en el sector de la construcción, que está en la banda salarial media), aunque no sólo es achacable a la crisis del ladrillo: “Si este sector se excluye del análisis, la pérdida del empleo (…) es del 20%, una caída que sigue siendo de calado y que supera con creces la pérdida de ocupación” en otras franjas de salario, aseguran.

El progresivo avance de la desigualdad salarial ha ido reduciendo cada vez más el porcentaje de los trabajadores que, en teoría, representan los niveles medios de salarios. Según los datos recopilados por La Caixa (ver gráfico inferior), la porción de ocupados en sectores con salarios en esta franja salarial se ha reducido en un 35% durante la crisis, y ya son solo dos de cada diez sobre el total de población empleada.

Los analistas de La Caixa constatan con su investigación “un cambio en el patrón ocupacional en la economía española, con un retroceso importante del empleo en la banda salarial media. Considerando que uno de los principales riesgos de la polarización del empleo es el aumento de la desigualdad, es crucial potenciar una oferta educativa que permita aprovechar las oportunidades que brindan las nuevas tecnologías y reemplazar, así, los puestos de trabajo medios que se pierden por otros nuevos de mayor calidad”, concluyen.

Desigualdad creciente que afecta a la política

España es el país, junto con EEUU, en el que más ha crecido la desigualdad en los últimos años. Lo constatan instituciones internacionales como la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la OCDE. Los sueldos de la gente más pobre caen (un 14% de media anual entre 2007 y 2010) y los de la gente más rica también, pero apenas un 1%.

La desigualdad creciente y la polarización son fenómenos complejos, quizás poco investigados aún y sobre los que existen diversas explicaciones sobre sus causas. Tal como sostiene en un reciente artículo el sociólogo Jorge Galindo, miembro del think tank Politikon, “la raíz del hueco que se está abriendo en la sociedad española es más el deterioro de las clases bajas que cualquier otra cosa”. A unas conclusiones similares llega otro investigador (José Fernández-Albertos), quien en otro artículo “España es más desigual que nuestros vecinos europeos no porque las distancias entre clases medias y clases altas sean muy grandes, sino sobre todo porque las clases medias son en términos relativos mucho más ricas que las clases bajas, y los años de crisis han agudizado estas diferencias”.

El debate sobre la desigualdad se ha instalado con creciente presencia en medios de comunicación e instituciones. Precisamente la recién nombrada Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales, la economista Esther Duflo, es una de las grandes investigadores mundiales en temas de pobreza y las estructuras que perpetúan estas situaciones entre los países. En el último año, el libro de economía más vendido en el mundo ha sido El Capital en el siglo XXI, de Thomas Piketty, una explicación histórica sobre por qué el sistema capitalista genera una desigualdad estructural por su propia forma de funcionar.

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