Durante los últimos días ha tenido lugar una de las tradiciones anuales de la televisión americana, una de esas cosas que sirven para recordarnos que estamos ante una industria y no solo una creadora de contenidos, una que -además- modifica de manera indudable la imagen televisiva año tras año. Me refiero, por supuesto, a los upfronts .

Para explicar lo que son y significan los upfronts hay que empezar explicando algo que quizá puede parecer chocante pero que es en el fondo lógico: la televisión en Estados Unidos no es como la de España. En realidad cada país tiende a tener sus ordenamientos e idiosincrasias propias con lo que no hay dos modelos similares, pero en el caso estadounidense la auténtica sorpresa llega para el espectador que nunca ha pasado de cosumidor pasivo de sus productos al descubrir que la organización televisiva estadounidense no se parece a la de la televisión española sino, si acaso, a la de nuestra radio.

Organización USA

De entrada, las frecuencias de emisión son propiedad de la agencia federal (FCC) que controla lo emitido por tratarse más de permitírselo que de cedérselo. No sólo eso, la principal diferencia es que estas posibilidades de emisión se otorgan a emisoras por todo Estados Unidos que son las que luego pueden decidir si permanecer independientes, unirse a otras, venderse a un conglomerado de emisoras o incluso a una cadena. Todo ello con las leyes antimonopolio para evitar que se barra a los competidores de las zonas por el simple mecanismo de adquirir emisoras y con regulaciones obligando a unos porcentajes de programación local que hacen inviable las largas tiradas de programación que tenemos nosotros.

Un resumen medio de un día en la programación USA: comienza a las 00h, con la despedida de los últimos programas nocturnos y la entrada de programación hasta aproximadamente las 5h en las que se suele ofrecer un pequeño noticiario de madrugada. Los programas de la mañana de las grandes cadenas llegan de 7h a 9h en promedio. Durante toda la mañana van yendo y llegándose distintos magazines y culebrones dejando libre espacio intermedio para las noticias y los programas locales.

Rara vez llegan más allá de las 16h y es muy extraño que vuelvan a emitir nada antes de las 18:30h, hora en la que las noticias locales dan paso a las nacionales de las grandes cadenas antes de dar paso a otro pequeño hueco local que lleva al inicio del prime-time, la hora más importante de las cadenas, que ocupa de 20h a 23h (y que en cadenas como la FOX es casi lo único que se emite a lo largo del día). Luego, otro pequeño espacio para noticias locales y los magazines nocturnos, los lates que llegan, los que llegan, hasta esas 00h donde se cierra el círculo. Este sería un día normal en una de esas cadenas de cualquier lado de América, esa su relación con las grandes cadenas que operan en abierto, las llamadas Networks, la CBS, NBC y ABC y también la FOX y en menor manera The CW. Cadenas generalistas que están sometidas a estas restricciones.

Por supuesto, no es la única forma de ver la televisión en Estados Unidos. También hay canales de cable a los que la FCC no puede tocar y que emiten todo el día. Algunos incluso son premium, es decir, hay que contratar aparte su contenido para tener acceso a él. Por clarificar con ejemplos: las primeras serían como Canal Cocina mientras que las segundas serían la HBO. Los primeros cobran una pequeña parte de su integración en los paquetes de proveedores de cable, los segundos cobran directamente por suscriptores. Suscriptores que tienen que haber adquirido un paquete de cable básico para poder contratar el premium de turno. Por supuesto no son los dos únicos modelos al margen de las generalistas. Lo primero que viene a la cabeza, supongo, son los portales de emisión mediante streaming o VOD (Vídeo en demanda) de contenido. El nombre que surge es Netflix, pero no es el único. También HULU, Yahoo o Amazon tienen sus propias ideas. Además de este sector en crecimiento está el padre de todas las alternativas a la programación televisiva: La Sindicación.

Antes del cable ya había productoras de contenidas aprovechando esos momentos de desconexión de las grandes empresas

Antes del cable ya había productoras de contenidas aprovechando esos momentos de desconexión de las grandes empresas o a las cadenas que decidían mantenerse al margen de ellas, estas productoras les ofertaban programas en Sindicación. Programas creados fuera de este sistema que suelen hacerse con muy pocos medios, películas y repeticiones de capítulos antiguos de series y ocasionalmente alguna serie que las grandes cadenas no han querido o que han sido cancelada por ellas pero las productoras han decidido sacar a la venta por su cuenta y riesgo. Parece una locura, sobre todo pensando en el bajo presupuesto que se maneja, pero entre las primeras podemos contar Star Trek: La Nueva Generación o Hércules y Xena y entre las segundas Lassie o Los vigilantes de la playa (que solo se convirtió en un éxito cuando dejó la NBC), además de una gran cantidad de dibujos animados que abarcan desde Los osos amorosos a G.I.Joe pasando por PatoAventuras, Thundercats o la emisión original de Mi pequeño poni.

Porque ese es otro factor a tener en cuenta al hablar de las series en Estados Unidos: Rara vez pertenecen a las cadenas. El propietario real es la productora, sobre todo la productora principal. Ella es la que negocia con la cadena el precio por capítulo en primera emisión o la cantidad y extensión de capítulos que pueden repetir, también es la que paga a los actores y se lleva el dinero de la sindicación interna, buena parte de la internacional y -por supuesto- las ventas en formato físico. Precisamente por eso están cambiando también las cosas en las cadenas, cada vez más partes de un engranaje de conglomerados que busca un beneficio global. Y es que de la organización de cadenas y programas estadounidenses se podría hablar con mayor extensión pero nosotros queremos realmente hablar de los upfronts.

Los upfronts propiamente dichos

Como las cadenas tienen que venderse a los dueños de esas emisoras y, por supuesto, a los encargados de contratar la publicidad, que es lo que las da de comer, ajustaron un sistema de presentación de novedades que sirviera, a la vez, para aprovechar su éxito. La programación más competitiva comenzaba en septiembre, hacía un parón navideño y volvía sobre febrero para acabar en mayo. De esa manera se dejaban los tres meses de verano como una tierra de nadie en la que las repeticiones y la programación más ligera se expandía. A la vez se hacían unas mediciones especiales que se unían a los famosos controles que la empresa Nielsen realiza durante todo el año. Durante dos semanas, cuatro meses al año, Nielsen hace unas encuestas en papel, más extensas, a un público más amplio, con la finalidad de que sean más fiables aún. Los meses de noviembre, febrero, mayo y julio eran los elegidos y de ahí que la programación muchas veces se ajustara a ellos colocando los estrenos de programación, los regresos desde la última pausa y los finales de media temporada o, como en el mes en que nos encontramos, los finales de temporada y quizá hasta de serie.

A lo largo del año se realizan diferentes campañas publicitarias, de promoción o de emisión de programas especiales que mejoren esas audiencias. y de su aprovechamiento. De modo que durante la tercera semana de mayo, la última de esos sweeps, la industria d la televisión se da cita en Nueva York para explicar sus proyectos para el año siguiente. Eso significa que ahí se revelarán -generalmente unos días antes, por aquello de las filtraciones- qué series tendrán una nueva temporada y cuales se cancelarán así como las series elegidas de entre todos los pilotos que la cadena ha estado considerando durante el año para emitirse. Más importante aún, explicarán la primera versión de su calendario de estrenos, la organización para la semana de lanzamientos que permitirá hacerse una idea mejor de lo que pretenden y a lo que se enfrentarán unos y otros.

Las cancelaciones y renovaciones han cambiado también con los años

Las cancelaciones y renovaciones han cambiado también con los años, desde las situaciones más sencillas de los inicios de la televisión y su función como apéndice y extensión de la radio hasta las distintas revoluciones sufridas en los años sesenta, setenta u ochenta, esta última con la estabilización de los primeros canales de cable y la aparición al final de la década de la FOX. Desde los años noventa la multiplicación de canales y posibilidades para ver y disfrutar no solo lo emitido sino también lo almacenado, además de la evolución de los monolitos culturales que van tragándose a unos y otros, haciendo que los baremos de éxito y fracaso cambiaran con ellos.

En los viejos tiempos era la audiencia directa la que importaba, su éxito o fracaso podía significar caer al final de la temporada. O, si los datos eran muy malos, incluso antes. La llegada de la FOX supuso una revolución al animar a los anunciantes a que se fijaran más en los consumidores jóvenes. Algo que Fred Silverman ya había intuido cuando decidió cambiar la cara de la televisión en los años setenta pero que no se consiguió implantar hasta que no empezó a haber competencia de otras cadenas y diversiones a los que los jóvenes desertaban. Después de eso la segmentación por nichos del público comenzó a ser más habitual. Y ahora, con tantos cambios y posibilidades, ya son muchas las situaciones que pueden surgir. Incluyendo que las productoras bajen el precio a la cadena a cambio de otra temporada más que les permita entrar en el negocio de la sindicación. Si hace unos años hacía falta el equivalente a 5 temporadas completas para llegar a ser sindicada, unos 100 capítulos, ahora estamos en cuatro y bajando: de esos 88 vamos poco a poco hacia unos 60. Y muchos show, además, se pueden ayudar de las apariciones y repescas en otras cadenas o portales. Es el caso de Community, cuya sexta temporada se ha desarrollado en Amazon.

Del mismo modo la importancia de que las productoras sean del mismo conglomerado va subiendo, incluso en cadenas en las que son resultados de dos uniones como The CW, resultado de que dos canales generalistas lanzados en los noventa con la intención de seguir el camino de la FOX decidieran fusionarse. Uno era la UPN, propiedad de la Paramount y en el mismo grupo que la CBS, el otro era The WB, propiedad de la Warner. De manera que las dos productoras tienen que estar representadas en el canal aunque eso signifique renovar series de la CBS que no tienen tanta audiencia. Aunque al final lo más importante acaba siendo la media de la propia cadena. Para los niveles de la NBC un programa puede tener mucha audiencia comparado con uno de la CW o poca al compararlo con uno de la CBS. En realidad lo importante es ver cómo lo hace en relación al resto de la cadena y del hueco de programación que tiene que defender.

Este es un resumen de qué son los upfront y para qué sirven, pero ¿cómo han ido este año? Mañana más

Imagen | Flickr – Daveynin