Si usted pertenece al 95% de los españoles que no entiende la huelga de futbolistas, incluso después de leer el brillante resumen de Ana Tudela , le voy a añadir algunas dudas más.

El pasado miércoles 6 de mayo amanecí con la noticia de la huelga, que entonces parecía ser por razones fiscales. Yo consideraba entonces que no era aceptable que los futbolistas decidiesen que si no se hacía una ley fiscal para ellos paraban la liga.

Las reivindicaciones eran dos: en primer término, la tributación de los derechos de imagen. Todos tenemos derecho a nuestra propia imagen, sin embargo pocos pueden explotarla comercialmente, porque a los demás no nos pagan por hacer anuncios o imprimir nuestro nombre en una camiseta. Sin embargo, los futbolistas tienen derecho a percibir un 15% de su sueldo en concepto de derechos de imagen. Estos derechos se pueden ceder a una sociedad, pero eso no significa que estén desfiscalizados; es decir que no haya que pagar impuestos por cobrarlos.

La cesión a una sociedad vinculada, en la que se tiene algún tipo de participación o control, del derecho de imagen, o de cualquier otra cosa, hay que hacerla a precio de mercado. El precio de mercado es lo que un tercero, es decir alguien ajeno al prestador, paga por esos derechos, por ejemplo un club de fútbol. Por otra parte, una sociedad debe tener un mínimo de entidad para prestar los servicios. Todo esto, entre otras cuestiones, es lo que regulaba el artículo 16 de la ley del impuesto de sociedades -actual artículo 18- que fue reformado en profundidad en el año 2006. Esto significa que si la gestión de los derechos no se hace fiscalmente bien puede resultar hasta más cara en términos fiscales que cobrar directamente los derechos de imagen a título personal.

Hay quienes se han quejado de todo esto, pero el control de las operaciones entre socio y sociedad está en el plan de control tributario y se aplica a todo tipo de contribuyentes; como algún otro contribuyente ha comprobado recientemente quejándose también amargamente de que lo “perseguían”. De alguna forma, la crítica es quejarse de tener que pagar los elevados tipos del IRPF superiores a los del impuesto de sociedades. Además, en muchas sociedades se deducen todo tipo de gastos. Ahora bien, sólo se pueden deducir los gastos que estén correlacionados, es decir sean necesarios, para obtener los ingresos y no el consumo personal. Pero las personas físicas no somos sociedades y deducir gastos indebidos no dejar de ser un fraude.

La convocatoria de huelga de la Asociación de Futbolistas Españoles señala que esto no tiene nada que ver con los impuestos

Aun así, hay quienes ni siquiera se pueden deducir prácticamente gastos: los que obtenemos rendimientos del trabajo. Aquí existen una serie tasada de gastos como las cotizaciones a la seguridad social o las aportaciones a un sindicato. Estos gastos están en esta lista del artículo 19.2 de la ley del IRPF.  Ésta es la segunda reivindicación: muchos jugadores tienen un agente. El agente trabaja para el jugador y no para el club, no es un ojeador ni un manager. Esto significa que si un club le paga, o bien es una liberalidad y no un gasto necesario (no es deducible para el club), o bien, en realidad el club está pagando al jugador un plus para que pague a su agente. En ese caso, ese plus es un rendimiento del trabajo del jugador, que no se podrá deducir el pago en su IRPF. Esto significará que una misma renta tributará dos veces. Quizás haya una solución a esta situación sin cambiar la ley, pero está claro que no la conocen todos los asesores… De todas formas, es muy complicado justificar un trato especial para futbolistas sólo por esto, y por eso mis compañeros de la Organización Profesional de Inspectores de Hacienda han pedido al Ministerio de Hacienda que se mantenga firme.

En cualquier caso, la convocatoria de huelga de la Asociación de Futbolistas Españoles señala que esto no tiene nada que ver con los impuestos. Los jugadores manifiestan estar descontentos con el Real Decreto-Ley 5/2015 por el que se regula la gestión “conjunta” de los derechos audiovisuales de los clubes de fútbol. ¿Tienen algo que decir en este tema los jugadores? Ellos opinan que sí, pero no se ve en qué. Un jugador como cualquier empleado cobra un sueldo y no un porcentaje ni de los derechos audiovisuales ni de la taquilla del estadio. Si un jugador quiere cobrar por esos conceptos, en lugar de un sueldo fijo, debería haberlo incluido en su contrato.

Lo que hace todo esto aún más surrealista es que el Real Decreto Ley 5/2015 es una norma muy favorable para los clubes de fútbol: al forzar que los clubes negocien conjuntamente sus derechos audiovisuales se está creando legalmente un monopolio que obtendrá mayores ingresos de las televisiones. Antes, las televisiones al negociar individualmente con cada club tenían mucho más poder. Esto tiene dos consecuencias: en primer término, que los derechos de la liga española se podrán negociar internacionalmente con más facilidad. La segunda conclusión es que si los derechos son más caros para las televisiones, el precio del fútbol para los abonados subirá. Parece que decir que el Gobierno sube el precio del fútbol es demagogia, pero cuando se fuerza legalmente un monopolio, ésa es la consecuencia, que el consumidor lo paga más caro. Parece que de este dinero, los futbolistas quieren su parte…

No sé qué les parecerá mejor: si la inevitable subida de precio en las retransmisiones deportivas, una huelga para cambiar las leyes, fiscales o de derechos audiovisuales; que se pare la liga antes de su final, o que algunos de los mejor pagados de España se consideren mal pagados e injustamente tratados…

No voy a concluir este artículo con una crítica a la conciencia social de los futbolistas porque hace unos días me enteré de que Cristiano Ronaldo donaba 7 millones de euros a los niños damnificados por el terremoto del Tibet. Es mucho dinero, incluso para uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos. Afortunadamente, en todo esto, a veces hay noticias que no sólo reconcilian con los cracks del fútbol sino con el género humano.

Francisco de la Torre es inspector de Hacienda y autor del libro ¿Hacienda somos todos? Impuestos y Fraude en España (Debate, 2014)