Me siento una especie en extinción, algo así como el último Tigre de Tasmania –por cierto, se llamaba “Benjamín”- a punto de estirar la pata.

Todo el mundo habla de universos y, si miro al cielo estrellado, me explican que se refieren a poblaciones de interés para las encuestas. Una constelación de líneas, barras multicolores, quesitos como el que gané en una gloriosa partida de “Trivial” al responder correctamente la pregunta: “¿Cómo eran conocidas las revueltas populares urbanas del s XIX que reclamaban una revolución democrática?”.

Y todo porque me aburro cuando leo informaciones sobre tendencias de intención de voto, partidos más valorados, calificaciones de líderes… Quiero decir con esto que me la sopla toda esta feria mediática de profecías autocumplidas.

Sí, ya sé que soy raro, que todos vosotros os levantáis cada mañana esperando las conclusiones de la última encuesta que será -justo ésa- la que cambie el signo de vuestro voto. Que lo de trabajar, comer y tal no son asuntos tan importantes frente al resultado obtenido por las campañas de comunicación y alianzas mediáticas de los distintos partidos en esta feria persa de no se sabe qué.

Hay periódicos que, en los últimos tiempos, limitan su aportación informativa a replicar porcentajes facilitados por los “sigmas”, “metroscopias” y “CISes” de turno. Debe de ser eso lo que llaman periodismo de datos, tan de moda, como si antes la actividad periodística se sustentara en danzas tribales, piedras mágicas, viajes de peyote o consultas a la bruja Lola. Ya, ya sé que no estoy siendo justo: hay que reconocer que el periodismo de datos está produciendo unas infografías muy vistosas. Y no es poco, aportar algo de belleza a este país tan ríspido (esta palabra la aprendí de Juan Cruz).

El caso es que, puestos a dedicar tanto espacio a las previsiones sobre el futuro –en realidad, intentos mal disimulados de construir ese futuro- propongo a los medios que dejen que sean las empresas demoscópicas las que editen sus propios medios. Y que éstos, si es posible y no resulta mucha molestia, se dediquen a informar más y mejor sobre la realidad del país, cuyo conocimiento profundo nos permitiría emitir nuestro voto con mayor rigor, tras un proceso de reflexión en silencio. Sí, silencio, ese concepto tan en extinción como el Tigre de Tasmania o como yo mismo.

En fin, ya por concluir, la respuesta a la pregunta que figura en el primer párrafo es “bullangas”…o, por lo menos, eso decía la tarjetita. Os lo comento por si os sirve para ganar alguna partida de “Apalabrados”, que no quiero quejas sobre la inutilidad de mis textos.

Imagen | Álvaro Pérez