Aunque en nuestro idioma se usa mucho menos, siempre me ha fascinado el metafórico sentido que los anglosajones dan a su expresión mental disorder : el de enfermedad mental. Sin embargo, y como sabemos bien los diletantes que devoramos cultura pop sin pausa ni miedo a la indigestión, el desorden no solo no es sinónimo de dolencia sino, precisamente, que puede conllevar algo de ese caos necesario para no volverse loco del todo. A partir de hoy en SABEMOS, cada lunes, miércoles y viernes nos asomamos a mi desorden mental: comics, libros, videojuegos, programas de televisión, música y basura pop más o menos inclasificable y en píldoras arbitrarias. Porque de inclasificar se trata. Bienvenidos al desorden mental.

El recién llegado sello Sapristi Comic de Roca Editorial -peculiar coincidencia ésta, por cierto: editoriales que se nombran con interjecciones de sorpresa brugueriana, como también sucede con la previa ¡Caramba! Comics– ya apunta maneras con unos pocos lanzamientos iniciales. Bajo la genérica y jugosa promesa de publicar solo “buenas historias bien dibujadas” arranca con un trío de novelas gráficas de autores de renombre en el mercado internacional pero casi inéditos en nuestro país. La primera de ellas es Matar a mi madre, un absorbente homenaje al cine negro tradicional tramado por un auténtico clásico: Jules Feiffer, venerable dibujante de ochenta y pico años con una impresionante carrera a sus espaldas.

Feiffer sabe de lo que habla cuando habla de cine negro y comic de género: fue uno de los ayudantes de Will Eisner y coguionista de nada menos que The Spirit, el mítico tebeo que tan a su manera reflejó en viñetas la cosmogonía del cine criminal, de la femme fatale al villano en la sombra, del héroe de una pieza al sidekick zumbón, de los abismales callejones a los night-clubs llenos de claroscuros. Es decir, que aunque haya esperado tantos años para plasmar su primera visión en solitario de ese universo inimitable (entre medias no es que haya estado cruzado de brazos: su mítico humor gráfico en prensa le hizo merecedor de un Pulitzer y su maravilloso corto animado Munro ganó un Óscar de la Academia en 1960), el resultado está lleno de cariño y devoción por sus fuentes. En un formato enorme, casi tabloide, Feiffer va narrando la convulsa historia de una niña que quiere matar a su madre, y de cómo esta, ayudante de un costroso detective privado, va desentrañando los misterios que rodean a una cliente misteriosa. Las décadas pasan en Estados Unidos, desde la Depresión a la Segunda Guerra Mundial, y los caminos de estas tres mujeres se van entrelazando, acompañados de multitud de hombres tan peculiares como un boxeador que quiere bailar claqué o una estrella de cine con mucho que ocultar.

El trazo tembloroso y escandalosamente libre que siempre ha caracterizado a Feiffer parece adueñarse de una historia que tiene muy claros sus referentes -clásicos literarios como Dashiell Hammett o películas como Perdición- pero que no se queda en mero homenaje: este cómic tiene humor vitriólico, personajes descritos a base de certeros hachazos, diálogos frenéticos y musicales, una edición cuidada por parte de Sapristi y, como mínimo, una promesa cumplida con creces: Matar a mi madre es una historia extraordinaria, extraordinariamente bien dibujada.