Es muy difícil pararle cuando se emociona. No se exalta, o no mucho, pero sí enfatiza. Y cuando el tema le molesta (no la pregunta, el tema), gesticula mucho, sus manos enloquecen acompañando sus palabras, y las explicaciones se vuelven interminables, acompañadas de decenas de ejemplos llanos, de símiles de estar por casa. Y, como digo, no hay quien le pare.

A José Luis Zoreda (Palma de Mallorca, 1950), vicepresidente del lobby Exceltur -que agrupa a una treintena de grandes empresas turísticas-, ahora mismo el tema que le molesta (el tema, no las preguntas) es el del boom del alquiler vacacional de viviendas y la actividad de portales como Arbnb o Homeaway que lo comercializan.

Durante la entrevista no deja de preguntarse, y de preguntarme, si es justo, legítimo, lógico… que los hoteles tengan que cumplir más de 300 normas y el alquiler vacacional por días con el que compite no se someta a ninguna. Un agravio que es donde él encuentra la explicación de la diferencia de precios entre uno y otro producto. Un agravio que es donde él encuentra la razón de por qué tantos turistas prefieren casa y no hotel.

Ahora sí, ¿el turismo va bien?

Ahora sí. Este año podemos decir que el turismo está mejorando su rentabilidad empresarial, quizá el principal indicador del sector, mucho más que la afluencia de turistas. Ahora bien, cuando uno analiza las causas de por qué se produce esta mejora de afluencia de viajeros y la consiguiente mejora de rentabilidad, hay que tener en cuenta que existe un viento a favor y una serie de causas exógenas que empujan para que esta realidad se esté consolidando.

Este año va a ser mejor que 2014 no sólo en afluencia de turistas, sino también en mejora de rentabilidad empresarial, que para nosotros es el indicador fundamental

Pero quizá la noticia más importante para nosotros no es que se batan récords de afluencia de viajeros extranjeros, sino el repunte de la demanda interna, que es cada vez es más consistente. Esa recuperación nos está permitiendo retomar esa gran pata del negocio que nos faltaba estos últimos años. El principal mercado turístico para España somos los propios españoles viajando por España. Este mercado se había debilitado mucho y ahora se está recuperando. Todavía no estamos en los niveles de 2007, pero esta capacidad compensatoria de la demanda española está repuntando en algunas zonas de interior.

¿Esa recuperación de la demanda del turista español servirá para paliar los efectos del fin del boom de llegadas de extranjeros cuando se produzca?

Es muy bueno que haya una afluencia extranjera creciente, aunque este fenómeno tiene sus luces y sus sombras, porque lleva emparejada una caída del gasto medio. Facturamos más y hay más ingresos en divisas, pero necesitamos que venga cada vez más gente para mejorar esos ingresos. Mientras, la demanda española había caído, y ahora esta recuperación de la demanda española es un elemento compensatorio por si en algún momento la evolución de la demanda extranjera se invirtiera. Jugar con los ciclos y que una demanda compense la otra es muy importante. Si se alinean las dos a favor, genial. Pero hemos pasado unos años en que sólo la demanda extranjera permitía que la caída de la demanda española no se notara de manera tan contundente en los resultados empresariales.

 

 

¿En el turismo de los récords aún hay margen para la preocupación en el sector?

Todo depende del grado de autocomplacencia que uno tenga. Y también de qué lugar de España se analice. Estos récords de afluencia de turistas extranjeros están muy polarizados: en el turismo urbano, se notan especialmente en Barcelona y en menor medida Madrid, y en el vacacional, se nota en el litoral e islas. Pero España es más que estos lugares, así que el margen de recorrido de mejora es aún grande en otras zonas, sobre todo del interior. El peso que tenga la recuperación de la demanda española será muy importante en estos casos.

Sol y playa hay en muchas partes del mundo. Intentemos apartarnos de la imagen de que somos un país barato que vende buen tiempo. Intentemos brindar experiencias

En paralelo, se suelen celebrar los récords de afluencia sin analizar cuándo llegan los turistas. Si los récords se produjeran porque cada vez fueran más largas las temporadas turísticas, sería mucho mejor. Pero si el récord se consigue concentrándose en junio, julio, agosto y septiembre, ojo porque los récords tienen como contrapartida negativa estar sobrecargando los destinos.

Esta situación nos debería empujar a un rediseño estratégico de una nueva gama de productos y servicios turísticos, adaptados cada vez más a nichos específicos, no necesariamente querer aspirar a que somos de todo para todos durante todo el año. Deberíamos aspirar a un reposicionamiento gradual o crear una gama complementaria de productos dirigida a nichos determinados que puedan viajar en otras épocas del año fuera de la temporada alta.

¿Qué nichos nos convendrían más?

Depende de para qué zona de España. En función de los recursos que tiene cada destino, hay que ver cómo con gracia y con chispa se consigue inventar una gama de productos nuevos, y sin obsesionarse con que todos los turistas tengan que venir por el sol y playa. El sol y playa es un concepto genérico que, por sí, lleva al commodity, y el commodity se vende por precio. Sol y playa hay en muchas partes del mundo. Intentemos apartarnos de la imagen de que somos un país barato que vende buen tiempo. Intentemos brindar experiencias gastronómicas, experiencias culturales, senderismo, shopping… En definitiva, distintos microsegmentos para poder ir mejorando el ingreso medio de cada uno de los turistas que recibamos.

 

El sector va de récord en récord, hay quien no entiende que parezca que ustedes siempre le ven las orejas al lobo.

Se nos puede ver como catastrofistas. El sector no para de crecer, no dejan de llegar más turistas, no paramos de generar más divisas, somos la locomotora económica. Sí. ¿Por qué seguimos diciendo que tenemos retos competitivos? Porque el 70% de la actividad del turismo español está posicionada en un negocio que depende mucho del precio, que es muy sensible al precio. Tenemos que aportar otros atributos a nuestras propuestas de productos y servicios. Ofrecer algo más que haga que el turista extranjero que viene no se vea en la tesitura de plantearse ir a Turquía sólo porque es más barato. Hay que convencerle a ese turista de querer seguir viniendo aunque venir a España sea un 10% más caro.

Antes se alquilaban vivienda vacacional una semana, dos semanas, un mes… Pero ahora hay una ‘hotelización’ de las viviendas, porque se alquilan por días. Y ésa es una actividad totalmente distinta

El Foro Económico Mundial dice que el turismo español es el más competitivo del mundo. ¿Lo es?

Sin duda nuestros datos macroeconómicos reflejan una radiografía de éxito. Los indicadores que el Foro mide brindan una excelente radiografía. En efecto, tenemos de las mejores infraestructuras aeroportuarias, ferroviarias, sanitarias, de telecomunicaciones… Sin duda. Y esa parte que es fundamental y que te da una imagen de seguridad como país es clave. Somos muy competitivos en ese sentido. Pero desde nuestro punto de vista también tenemos retos que no se contemplan en el informe del Foro Económico Mundial, como es la necesidad de transformación de destinos, de revalorización de la gama de productos… Así conseguiremos que esos datos de competitividad macroeconómicos sean sostenibles en un plazo de diez años.

En resumen, ¿cómo de bueno va a ser 2015?

Este año va a ser mejor que 2014 no sólo en afluencia de turistas, sino también en mejora de rentabilidad empresarial, que para nosotros es el indicador fundamental.

¿Y los famosos turistas prestados –los que han dejado de ir al norte de África por la inestabilidad política- han venido para quedarse?

No lo sé. Nuestras estimaciones es que en los últimos tres años han venido a España entre 6 y 8 millones de turistas que habrían ido a otros países si no hubiese habido esa inestabilidad política. ¿Volverán estos turistas a viajar a esos países del norte de África? Pues probablemente volverán aquellos que tienen el precio como elemento fundamental para decidirse, aquellos que buscan sólo las vacaciones de sol y playa más baratas que haya. Estos son los turistas que sí que nos han prestado y que difícilmente se quedarán. El gran argumento que jugarán estos países [del norte de África] para borrar de la memoria del turista la inseguridad va a ser ofrecer descuentos de precio del 30 y el 40%. Y eso hará que perdamos a parte de los turistas que ahora vienen, a esos que sólo se mueven por precio.

Una guerra en alquiler

El sector turístico está un poco alborotado, o incluso en pie de guerra, contra el alquiler vacacional y las plataformas online que lo comercializan (Airbnb, Homeaway…) ¿Hay motivo para tanta batalla?

Para empezar te diré que me alegro que los medios estéis dejando de utilizar el eufemismo de “economía colaborativa” para referiros a este fenómeno. Ésa es la gran trampa, la gran falacia, sobre una realidad social y económica que hay que regular. Probablemente ha sido culpa del propio sector turístico más tradicional no haber percibido mucho antes el reto, el riesgo, que suponía el crecimiento exponencial de una oferta de alquiler de alojamiento absolutamente irregular, no regulada, y que no tributa. Una oferta que no habría tenido este vigor sin las plataformas online que, amparadas en resquicios y vacíos legales, han sabido encontrar un espacio para que esta realidad coja una velocidad.

Probablemente ha sido culpa del propio sector turístico más tradicional no haber percibido mucho antes el reto, el riesgo, que suponía el crecimiento exponencial de una oferta de alquiler absolutamente irregular y que no tributa

No estamos en contra de los alquileres turísticos, que llevan décadas realizándose en zonas turísticas y urbanas. Pero el problema es que ahora ha cambiado el tipo de actividad. Antes se alquilaba vivienda vacacional para temporadas cortas y medias: una semana, dos semanas, un mes o, el que podía permitírselo, incluso por tres meses. Pero ahora ha crecido otra actividad diferente, una hotelización de las viviendas, porque se alquilan por días. Y ésa es una actividad totalmente distinta. Antes no existía una competencia con el hotel porque eran productos diferentes, ahora sí. Ahora miles de pisos se ponen en alquiler en una modalidad hotelizada y se comercializan en un régimen irregular.

El aspecto fundamental que impulsa este fenómeno es el precio. Existe ese mantra de que la gente alquila viviendas para conocer a su anfitrión y que se lo lleve de tapas, pero es falso o aplicable a una parte mínima de los casos. El resto opta por ese alquiler porque el apartamento cuesta entre un 25 y un 30% menos que los hoteles de la zona de una categoría equivalente, y porque ofrece la oportunidad de reducir también el gasto en destino al disponer de una casa.

El sector turístico habla de competencia desleal, de intrusismo y de agravio comparativo por la diferente regulación de una y otra actividad. Pero a priori parece razonable que haya diferente regulación para actividades distintas.

Pero entre cero e infinito hay un término medio. No se está pidiendo que se apliquen al alquiler vacacional las más de 300 normas que tiene que cumplir un hotel. Pero entre 300 y cero… El coste de cumplir esa reglamentación y no hacerla es de entre 30 y 40 euros al día. A los hoteles les cuesta entre 30 y 40 euros al día (o más, dependiendo de la categoría) cumplir la normativa, y al alquiler vacacional, cero, porque no tiene cumplir nada hoy por hoy. Imagina un edificio en el que en el cuarto derecha hay una pensión y en el cuarto izquierda una casa que hace alquiler vacacional. La pensión tiene que incluir en su precio unos costes un 25 o un 30% superiores a los que tiene que asumir la vivienda en alquiler. ¿Es eso legítimo? ¿Es lógico? ¿Es justo?

Queremos que se cuestionen esos mantras que hablan de economía colaborativa, porque esto es una economía lucrativa y a lo que tenemos que aspirar es a que sea economía productiva

Existe el mito de que el alquiler vacacional genera nueva demanda. Pero, según algunos estudios, no generaría más que un 10% de nueva demanda. El resto son clientes sustitutivos que ahora priman este tipo de apartamentos, pero que hubieran ido a otros tipos de establecimiento. Por otro lado, en EEUU, que nos lleva varios años de ventaja en este aspecto, ya se están estudiando las externalidades negativas del fenómeno. Se están produciendo graves problemas de convivencia por el diferente uso que se le dan a pisos de un mismo edificio, unos residencial y otros lúdico. Y también está generando una deslocalización de residentes, porque a los propietarios les resulta mucho más rentable alquilar unos días al mes la vivienda a turistas que tener un inquilino permanente.

 

 

¿Y cómo tiene que abordar el fenómeno la Administración?

No queremos que se prohíba el alquiler vacacional. Queremos una regulación más estricta que no sólo implique pagar impuestos, que tampoco se hace, sino que determine cuáles son las obligaciones del oferente y cuáles las del intermediario. Queremos que se cuestionen esos mantras que hablan de economía colaborativa, porque esto es una economía lucrativa y a lo que tenemos que aspirar es a que sea economía productiva.

El cliente es el que elige cuál de las dos ofertas prefiere, ya sea por precio o por cualquier otra cuestión. No se le puede culpar.

Lo que estamos intentando es reflexionar sobre cómo regularlo. No es una pataleta. Es que esto es uno de los principales retos que tiene el sector turístico español si se nos va de las manos. Porque no afecta sólo al alojamiento, habría que ver qué impacto tiene en empresas de transporte como Alsa servicios como Blablacar, o cómo afecta al taxi un servicio como Uber. Esto ni genera empleo, ni genera impuestos, ni genera actividad económica. No queremos que sea vea como un conflicto entre hoteleros y apartamentos, sino que se reflexione si este fenómeno es bueno, y en qué condiciones lo es, para el desarrollo de una España turísticamente más atractiva, más sostenible, que mejore los impuestos, que mejore el empleo… Es que una plaza de alojamiento reglado crea siete veces más empleo que una plaza de alojamiento no reglado.

Hay un conflicto entre una oferta que obligatoriamente es más cara porque tiene que cumplir una serie de requisitos y otra que, por no cumplir nada, es mucho más económica. ¿Esto es justo?

Yo sigo ejerciendo de abogado del diablo: en principio, parece justificable que cualquier persona pueda rentabilizar su casa o su segunda residencia mediante alquiler vacacional.

No. No. No es así. Igual que no se puede instalar una carnicería en el segundo piso de un edificio, ni una carbonería en el quinto, ni una industria química en el centro de la ciudad. No lo puedes hacer, por ley no se puede hacer. Se puede alquilar la vivienda, pero como actividad residencial, pero no alquilarla por días o por horas, eso es otro negocio, ésa es otra actividad. Está muy bien reclamar derechos para todos, pero entonces que los hoteles tampoco tengan que cumplir ninguna legislación. Pero no, eso no puede ser. Esto hay que regularlo de una manera adecuada para el que ofrece la vivienda y que haga corresponsable al que intermedia.

Desde el sector turístico se sospecha que una parte del parque de viviendas de alquiler vacacional estarían gestionadas por falsos particulares, que estaría gestionada realmente por empresas.

No es una sospecha. La mayoría están gestionadas por empresas. Este fenómeno no es un intercambio de sofás, sino que es una economía lucrativa que requiere que se paguen impuestos y que se proteja al consumidor. El argumento de que no compiten con el hotel no es cierto. La inmensa mayoría de la demanda de alquiler vacacional no es nueva demanda creada, sino que es sustitutiva de la demanda del hotel. Hay un conflicto entre una oferta que obligatoriamente es más cara porque tiene que cumplir una serie de requisitos y otra que, por no cumplir nada, es mucho más económica. ¿Esto es justo?

Quizá sea entonces excesiva la normativa sobre el alojamiento reglado.

Ya, y en la España de los 17 califatos, ¿vamos a ver el milagro de que en todas las comunidades autónomas se reduzcan las exigencias a los hoteles de 300 normas a 100? No.