Habíamos hablado ya la semana pasada de que dedicarse a la política es una actividad sospechosa, para la que hay que ser un ladrón o un insensato. Quizás debí haber matizado “con éxito”, como muy bien me señalaron en Twitter. Qué a tiempo que la campaña para las municipales comenzase ayer, porque eso me permite hablar del necio más grande que existe en el mundo político: El Pegador de Carteles.

Así, con mayúsculas.

El Pegador de Carteles viene en muchos tipos y colores, del azul gaviota al magenta loser. El más conocido o Pegador Alfa es el que ayer estaba esperando a que dieran las doce de la noche junto a un barreño de plástico rodeado de cámaras. Llegada la hora bruja, el Pegador Alfa hundiría su escoba comprada en los chinos en la repugnante cola diluida e intentaría algo que jamás, nadie, nunca en toda la historia de la humanidad ha logrado con éxito, que es parecer digno y candidatable mientras restriega un instrumento de limpieza contra el reverso de un papel. Tras múltiples intentos y después demostrar el papel que no está dispuesto a colaborar, el Pegador Alfa requerirá la ayuda de tres o cuatro Pegadores Beta que ansían puesto de consejero en la nueva Arcadia clientelar a la que les va a llevar su líder.

Finalmente el cartel estará listo para pasar a la posteridad durante quince días, y el Pegador Alfa pasará a la parte que todos estaban esperando: el momento en que, hundimiento en barreño previo, pasa la escoba por su sonriente y muy photoshopeado careto, frotando varias veces y con ahínco al ritmo de los flashes y del himno pegajoso del Partido, que alguno de las nuevas juventudes habrá recordado cargar en su móvil. Tras mucho frotar y tras mucho mirar a ambos lados para asegurarse de que ningún fotógrafo deje de captar su entrega y disposición a la lucha, el Pegador Alfa se irá a la cama dejando su impronta para la posteridad en un tablero de contrachapado.

Sí, amigos, porque ya no se pueden pegar carteles en las paredes. Eso es algo maligno, que ensucia y propio de cantantes de electro latino. Ahora el muro de contrachapado se guarda y los Pegadores Beta espolean a la empresa a la que han contratado con tu dinero para que coloquen preciosas y caras lonas de PVC por las farolas de tu ciudad, para que tú no tengas ni la más mínima escapatoria visual. Así es todo higiénico, elegante y diez veces más caro. Aunque aún no han entrado en escena los auténticos necios de toda la historia. No es el Pegador Alfa, calentito en su cama, de la que descenderá bien entrada la mañana siguiente para leer el Marca y comerse una buena porra. Tampoco el Pegador Beta: al fin y al cabo se le ha prometido un carguito o dos, y además puede marcarse un Correa y hacer un apaño con las subcontratas. Avispados los quiere el Presidente de Honor, que en gloria esté. No. El auténtico pringao, el necio total, el pagafantas de toda esta historia es nuestro amigo el Pegador Omega. El peldaño más bajo de la escala alimenticia, la última trompa del órgano. Ya saben.

El auténtico pringao, el necio total, el pagafantas de toda esta historia es nuestro amigo el Pegador Omega

El Pegador Omega ya no tiene que patear calles repartiendo octavillas, porque las maravillas de la tecnología han vuelto esa tarea obsoleta. En su lugar llega a casa, abre el PDF que le han mandado desde la sede del partido a su email, y se pone a copiar y pegar los tuits, los eslóganes, las fotos y el resto del argumentario que le han preparado los Pegadores Beta. Así, el Pegador de Carteles auténtico, dará el codazo en su timeline de Twitter, en su muro de Facebook, en el Instagram, en el Vine y en el ascensor de su bloque durante los próximos quince días; hasta que todos nos aprendamos de memoria hasta el último poro de la piel, hasta el último pelo de la nariz del candidato y queramos vomitar de tanto CAMBIO, de tanto AHORA, de tanto UNIDOS y de tanta polla en verso.

¿Y por qué hace eso el Pegador de Carteles Omega? Pues una de dos, porque se ha creído las tonterías del cartel o porque cree que esto es el primer paso para su ascenso en el ecosistema que, algún día, le llevará a él a ascender a Pegador Alfa y desayunar leyendo el Marca y comerse una buena porra a costa del contribuyente.

En cualquiera de ambos casos, necio.