Lo que se conoce como las tripas del barómetro que el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) presentó el pasado jueves arrojan resultados sorprendentes. El principal de ellos es que el 17,7 por ciento de los más de diez millones ochocientos mil ciudadanos que en 2011 se decantaron por el PP dice que piensa votar a Ciudadanos en las próximas elecciones generales. De esta forma, el partido de Albert Rivera puede pescar con éxito en un caladero de casi dos millones de antiguos votantes de Mariano Rajoy.

El dato explicaría dos cuestiones: en primer lugar, la fulgurante irrupción de Ciudadanos en el mapa político español (se sitúa en cuarta posición y pisa los talones a Podemos); y, en segundo término, el interés de los populares por dinamitar las perspectivas electorales de Albert Rivera, pese que éste es la llave para que Rajoy mantenga buena parte de su poder autonómico. Nada menos que siete regiones y tres de las grandes capitales dependen de que el partido mayoritario se entienda con la fuerza emergente, según refleja el sondeo dado a conocer el jueves. Es evidente, y así lo reflejan los sondeos oficiales, que el partido de Rivera está infringiendo un daño enorme a los populares, según reconocen en la sede de la calle Génova.

En el barómetro de enero –el penúltimo del CIS con estimación de voto para las elecciones generales-, el trasvase de sufragios entre el PP y Ciudadanos se quedó en el 3,7 por ciento. Es decir, algo más de 400.000 votantes de Rajoy en 2011 confesaban entonces su intención de respaldar a Rivera. El centro demoscópico oficial otorgó en enero a C´s el 3,9 por ciento de los votos. Ahora alcanza el 13,8, una subida de casi diez puntos que se debe fundamentalmente, como demuestra el Centro de Investigaciones Sociológicas, al apoyo de antiguos electores del Partido Popular.

 

La pregunta que se hacen los estrategas de la calle Génova es si Ciudadanos ha tocado techo y, a partir de ahora, comenzará a caer, como le pasa a Podemos, que creció muy rápido y después se ha desinflado. Los sociólogos de cabecera del Partido Popular revisan los datos demoscópicos de las huestes de Pablo Iglesias para buscar respuesta a esa cuestión. Y, en efecto, se han encontrado con alguna: el descalabro de Podemos se debe, en parte, a que no hay tanto trasvase de votos del PSOE, IU y UPyD hacia la formación morada.

En el barómetro de enero, el 26,1 por ciento de los antiguos electores del Partido Socialista, el 40,8 de los de Izquierda Unida y el 22,9 de los de Unión, Progreso y Democracia recocieron que sus sufragios iban a caer en el saco de Podemos en las próximas elecciones generales. Tres meses después, el 15,5 por ciento de los ex votantes del PSOE, el 37 por ciento de los de IU y el 11 por ciento de los de UPyD admiten su fuga al partido de Pablo Iglesias. De esta forma, Podemos, que en enero obtuvo el 23,9 por ciento de los sufragios, ha pasado al 16,5 de abril.