Por Pilar Jurado

Paolo Vasile, que es un hombre del que sorprende su profundo conocimiento del mundo de la ópera, ha decidido apostar por el futuro y la divulgación de un género que hubiese podido parecer incompatible con la programación de una televisión diseñada para las mayorías. Ha sido capaz de poner en marcha la campaña de comunicación a favor de la ópera más impresionante que recuerdo haber visto en este país, con ediciones especiales de sus principales programas, autopromociones con conocidas arias de fondo y la emisión en directo de La Traviata a través de sus plataforma digital.

Tras la profunda crisis que hemos sufrido en los últimos años, que va más allá de lo meramente económico y en la que la música clásica se ha visto inmersa de forma muy dramática, se comienzan a evidenciar los cambios fruto de la obligada metamorfosis que ha tenido que realizar este sector para adecuarse a una era digital que invade todas las parcelas de nuestra existencia y que ha variado la percepción del mundo que nos rodea.

Lo que ayer sucedió en el Teatro Real y que Joan Matabosch, su director artístico, denominaba como una “fiesta de la ópera” es mucho más que eso, es la entrada real en el siglo XXI. La inauguración de The Opera Platform, plataforma de ópera digital financiada por la Unión Europea y liderada por Opera Europa que integra a quince de los más importantes teatros dedicados a este género, tiene como objetivo dar a sus programaciones la máxima difusión. Tanto Joan Matabosch como el director general del Teatro Real, Ignacio García-Belenguer, se mostraban exultantes en medio de toda esta vorágine que inicia una nueva dimensión operística, de la que ellos son sus máximos impulsores.

Y como el destino siempre hace de las suyas conmigo, me ha permitido ser partícipe de todo este momento con esa sutileza a la que me tiene acostumbrada. Ayer volví a disfrutar de las “no casualidades” de mi vida y el universo quiso que viviese de una manera diferente este día de celebración, siendo protagonista del reportaje de uno de los programas de Mediaset, lo que me permitió durante más de tres horas introducir a las cámaras en los entresijos de un teatro de ópera efervescente y poder hablar in situ con los artífices de esta maravillosa locura.

El Teatro Real para mí es mucho más que un teatro de ópera

El Teatro Real para mí es mucho más que un teatro de ópera, es en cierto modo mi casa, el edificio que albergaba el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid, en el que pasé gran parte de mi niñez y juventud, el lugar en el que aprendí lo mucho que hay que invertir de uno mismo y la disciplina que hay que aplicarse para poder adquirir los conocimientos y la técnica necesarios para ser un profesional de la música clásica.

Desde su remodelación se convirtió en uno de los santuarios operísticos europeos mejor dotados técnicamente y mi vida quedó nuevamente ligada a él por ser parte del elenco de la ópera con la que se inauguró. Nada podía hacer presagiar, en aquel momento, que nuestra unión sería mucho más intensa y que la fortuna me tenía designado un lugar más destacado en la Historia de este coliseum del arte vocal. Catorce años después, tras recibir su encargo para componer una ópera, me convertí en la primera mujer que estrenaba en el Teatro Real.

Por ello, es muy difícil expresar con palabras la emoción que sentí ayer tarde cuando observaba, desde los espectaculares ventanales de su sexta planta, esa Plaza de Oriente abarrotada mirando hacia el Teatro, con los espectadores sentados en un provisional aforo que habían preparado frente a su fachada principal. Y aún fue más intenso ese sentimiento al bajar e integrarme en el conjunto multicolor que invadía todo el espacio circundante y entre los que se podía respirar ilusión.

La ópera, esa amalgama sublimada y -como dice Vasile- “un poco forzada” de todas las artes, siempre ha estado rodeada de glamour y pasiones. No sólo no tendría que perder esos preciados ingredientes de su esencia, sino que debería poder impregnar un poco a esta sociedad que habita en un mundo tan anclado al pavimento. Pero en la ópera además de vestirse de gala, ahora toca vestirse de futuro.