Pistoletazo de salida a la campaña de los comicios municipales y autonómicos. Como suele ser habitual, el gatillo lo apretó el Centro de Investigaciones Sociológica (CIS) con sus barómetros y encuestas preelectorales. En este arranque, los dos partidos mayoritarios llegan con diferente estado de ánimo. El PP, a la baja, se asoma al abismo de perder buena parte del inmenso poder autonómico logrado hace cuatro años, sino hay entendimiento con Ciudadanos. El PSOE, en alza, recupera la hegemonía de la izquierda, que no es poco. Pese a todo, el bipartidismo (la suma de votos de las dos fuerzas mayoritarias) recupera posiciones y roza el cincuenta por ciento de los votos.

Dos tipos de encuestas fueron presentadas ayer por el CIS: por un lado, el barómetro de abril, con estimación de voto para las elecciones generales y valoración de líderes; y, por otro, los sondeos preelectorales en las trece comunidades autónomas que están citadas con las urnas, además de siete grandes municipios y Ceuta y Melilla.

En cuanto al barómetro de abril, un importante dato destaca sobre el resto: el PP comprueba cómo se esfuma la ventaja sobre el PSOE que mantenía en barómetros anteriores. En enero, el último mes con sondeo de estimación de voto de los que hace el CIS, la diferencia era de más de un cinco por ciento. Ahora, los socialistas pisan los talones a los populares. Sólo están a 1,3 puntos. Y a eso, en la teoría demoscópica, se le llama empate técnico.

El PP ha caído 1,7% respecto a la encuesta de hace tres meses, mientras el PSOE ha crecido 2,1 puntos en el mismo periodo. A la vista de estos datos, es evidente que los populares no logran sacar réditos de los mejores registros económicos, al tiempo que son penalizan por los casos de corrupción en los que se han visto envueltos en este tiempo (coletazos de la tramas Gurtel, Bárcenas y Púnica, sobre todo). El escándalo Rato y las cintas comprometedoras del PP valenciano no tienen influencia en el sondeo, pues el trabajo de campo del CIS es anterior al estallido de estos casos de corrupción.

Los socialistas, por su parte, se aprovechan del tirón de Susana Díaz -que ganó con solvencia las elecciones autonómicas en Andalucía-, mientras parece que no les pasa factura las guerras internas y la lucha por el liderazgo en los principales asientos de la sede de Ferraz.

Una de las pocas alegrías que se pudo llevar ayer el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, se la dio el capítulo que el CIS dedica recurrentemente a la valoración de líderes. El jefe del Ejecutivo recupera posiciones tanto en valoración como en confianza, aunque todavía está lejos de Pedro Sánchez. Rajoy, con un 2,49 de nota media, no obtenía un registro similar desde principios del año 2013. El líder socialista, con un 3,59, registra su peor nota desde que llegó a la secretaría general del PSOE, hace casi un año.

Por otra parte, la principal consecuencia que se puede extraer de las encuestas preelectorales en las comunidades autónomas es que el PP sigue siendo la fuerza más votada en nueve de las trece regiones llamadas a las urnas y sólo en una de ellas –Castilla y León- obtendría la mayoría absoluta. Es por eso que los populares están condenados a alcanzar pactos con su supuesto aliado natural –Ciudadanos- si quieren mantener el poder. Es el caso de la Comunidad de Madrid, Región de Murcia, La Rioja, la Comunidad Valenciana y Castilla-La Mancha. En esta última autonomía se produce una situación peculiar: el PSOE es la fuerza más votada, pero el PP –con María Dolores de Cospedal, a la cabeza- podría obtener un mayor número de escaños. En Aragón, para superar a PSOE, Podemos, IU y la Chunta, los populares necesitarían, además, al PAR. En Cantabria, Baleares y Canarias, aunque el PP es el más votado, la posibilidad de pactos dependerá de fuerzas regionalistas, como Coalición Canaria o el partido de Miguel Ángel Revilla.

Los socialistas, por su parte, constituyen la fuerza más votada en tres regiones: Extremadura, Asturias y Castilla-La Mancha (donde el PP les supera en número de escaños). El PSOE podría gobernar en las dos primeras si alcanza algún tipo de acuerdo con Podemos.

Asturias es precisamente la autonomía donde el principal adversario de los socialistas no es el PP, sino el partido de Pablo Iglesias, al erigirse éste en segunda fuerza política en votos y escaños, por delante de los populares. Siempre según la encuesta del CIS, Podemos está a sólo cuatro puntos del PSOE en estimación de voto. En Extremadura, un pacto entre socialistas y el partido de Iglesias desalojaría del Gobierno al actual presidente de la Junta, el popular José Antonio Monago.

Navarra es la única comunidad con fuerza hegemónica de carácter regionalista, UPN. La fragmentación del voto en esta autonomía es tal que no resultará nada fácil saber a qué lado de la balanza caerá el Gobierno regional.

Fragmentación del voto municipal

En cuanto a los municipios analizados por el CIS, el PP -como fuerza más votada- podría formar gobierno en Madrid, Zaragoza y Valencia, siempre y cuando alcance algún tipo de acuerdo con Ciudadanos. En Sevilla estarían empatadas la coalición, por un lado, de PP y Ciudadanos, y, por otro, la del PSOE Ganemos Sevilla e IU.

En Barcelona, con el partido de Ada Colau como fuerza mayoritaria, la fragmentación del voto hará difícil cualquier tipo de pacto. Lo mismo ocurre en Vitoria, con el PP como partido hegemónico y a la espera de lo que hagan Bildu y el PNV, como segunda y tercera fuerza. En Santiago de Compostela, aun pactando con Ciudadanos, los populares -los primeros en sufragios- tendrán difícil formar gobierno si se unen el PSOE, el BNG y Compostela Aberta.