Varias lecturas han marcado la carrera de Guardiola, desde sus primeros años como futbolista hasta su etapa como entrenador de Barcelona y Bayern Munich.

Unos días antes de debutar en la vieja Copa de Europa, que un año después se convertiría en la moderna Champions League, Pep Guardiola pidió a su librero que le recomendara una novela. Le puso dos requisitos, no muy exigentes: que fuera un libro muy gordo y, a poder ser, “un poco romántico”. Su idea era leerlo durante nueve meses, de septiembre de 1991 a mayo de 1992; si todo iba bien, lo empezaría en Alemania y lo acabaría en Inglaterra. La elección fue Bella del señor, de Albert Cohen. Lo leería sólo durante las concentraciones europeas. El Barça regresaba a su competición maldita, un torneo reservado aún a los campeones de Liga. La anterior tentativa, en 1986, había acabado con una de las derrotas más dolorosas de su historia: la final perdida por penaltis en Sevilla ante el modestísimo Steaua de Bucarest.

Guardiola, que tenía 15 años cuando aquel disgusto, devoró las primeras páginas en Rostock -hogar del primer rival del Barça, el Hansa-, una ciudad a orillas del Báltico que sólo unos meses antes pertenecía a la República Democrática Alemana. Como la UEFA aún no había actualizado su mapa político, el segundo rival fue el Kaiserslautern, campeón de la Bundesliga en la República Federal. Gracias a un cabezazo salvador de Bakero, Guardiola pudo seguir leyendo en Lisboa (Benfica), Kiev (Dinamo) y Praga (Sparta). En el avión a Londres, sede de la final contra la Sampdoria, aún le faltaban 200 de las 600 páginas. Tuvo que apresurarse y hasta saltarse la siesta en el hotel de Saint Albans para cumplir su promesa poco antes de poner rumbo al estadio de Wembley. “El final, tan bello, me provocó una piel de gallina que me llevé hasta el autocar”, explicó. Su compañero Txiki Begiristain bromeó con el esfuerzo: “Ese fue el motivo de que la final llegara a la prórroga. Si Pep no hubiera leído el libro, con los 90 minutos nos habría bastado para ganar”.

Un año más tarde, en la primera edición de la Champions, el Barça cayó a las primeras de cambio contra el CSKA de Moscú y Guardiola no pudo repetir la experiencia. La temporada siguiente eligió para su ritual El beso de Peter Pan, el segundo volumen de las memorias de Terenci Moix. Le acompañó hasta la final de Atenas, pero allí el Milan aplastó al Barça (4-0). La ciudad de los prodigios, de Eduardo Mendoza, cruzó el Atlántico con él rumbo a su primer Mundial, Estados Unidos 94. Y se declaró admirador del poeta Miquel Martí i Pol, que años después le dedicó su Llibre de les solituds.

‘Los puentes de Madison’ multiplicó sus ventas en catalán después de que Guardiola lo recomendara en televisión

Guardiola, la joven estrella del Barça, leía. Era todo un acontecimiento. En una entrevista para la televisión catalana, le preguntaron en qué andaba enfrascado. Respondió: Los puentes de Madison County, la novela de Robert James Waller llevada al cine por Clint Eastwood, y añadió que le estaba gustando. Su breve declaración multiplicó las ventas de la edición catalana, de la que se hicieron varias reimpresiones. Paradójicamente, mientras que el aficionado medio le consideraba poco menos que una eminencia, el ‘cultureta’ le miraba con cierto desdén por elegir obras populares. Él mismo siempre ha querido “desmitificar” ese aura intelectual, en público y en privado. Su amigo el escritor y director de cine David Trueba le define como “un lector y un espectador bastante común, nada relamido” que concluye sus lecturas con una frase tópica: “Yo no sé lo que pensarán los que entienden, pero a mí me ha encantado”.

El primer libro que recuerda haber leído es Mecanoscrit del segón origen, una novela juvenil de ciencia ficción escrita en 1974 por Manuel de Pedrolo. El Guardiola veinteañero, deslumbrado por La vieja sirena, señaló a José Luis Sampedro como su novelista favorito. Ahora, el Pep cuarentón se queda con Operación masacre, del argentino Rodolfo Walsh, como libro preferido. Se trata de una ficción periodística publicada en 1957 sobre el fusilamiento de varios civiles sospechosos de apoyar la Revolución Libertadora en José León Suárez, provincia de Buenos Aires. Walsh fue un autor tan incómodo que resultó asesinado -“desaparecido”- en 1977, en plena dictadura militar. Operación masacre dejó a Guardiola “tocado de verdad” por su crueldad y su belleza: “A uno le gustaría ser y comportarse en la vida como el señor Walsh. Eso es coraje y lo demás son tonterías”.

Guardiola reconoce que compra más libros de los que lee, por no hablar de los que le envían. En sus estantes tampoco faltan títulos de empresa, un campo en el que él mismo ha sido objeto de estudio. Incluso su amigo Jorge Valdano analizó su liderazgo en un compendio editado por el Ministerio de Administraciones Públicas en 2006, justo antes de que empezara a entrenar al Barcelona B en Tercera División. En ocasiones, los resultados de estos textos para ejecutivos son más que discretos, con paralelismos forzados y presuntas disecciones de su método como técnico en las que no hay ni rastro del método. A Guardiola algunas le hacen gracia: “Dicen que hago cosas que yo no sabía”. Lo que no ha leído es Herr Pep, su primer año en el Bayern de Múnich contado por Martí Perarnau, al que dio pleno acceso para entrar y salir del vestuario, hacer y deshacer. No quiso saber nada del resultado final: se negó a leerlo antes de enviarlo a la imprenta y ha preferido no hacerlo después. Simplemente pidió al autor dos copias del libro, dedicadas: una para él y otra para su padre, Valentí. “Dijo que no lo iba a leer y sigue firme en su propósito”, aventura Perarnau; “creo que no le gusta leer sobre sí mismo”.

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