La historia no es sólo un rosario de fechas, pero las fechas nos ayudan a ubicarnos. El 5 de mayo de 1945, hace hoy justamente 70 años, las fuerzas estadounidenses entraron en Mauthausen, donde fueron recibidas con banderas republicanas españolas y con una gran pancarta en la puerta en la que se leía: “Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas libertadoras” .

El campo de Mauthausen había sido construido cerca de una cantera abandonada junto al río Danubio, en el norte de Austria. Se estima que tanto por el campo de concentración como por sus “subcampos” (como el de Gusen, un Kommando o campo auxiliar situado en la Alta Austria destinado al exterminio de los presos más débiles) pasaron casi 200.000 prisioneros entre 1938 y 1945 y fueron asesinadas casi 120.000 personas, una tercera parte de ellas pertenecientes a la comunidad judía.

Según las cifras oficiales, Mauthausen llegó a albergar a más de 7.500 españoles, de los que fallecieron al menos 4.500, la inmensa mayoría (casi 4.000) en Gusen. La primera tanda de medio millar de españoles llegó en vagones el 6 de agosto de 1940. Habían sido sorprendidos por la llegada de las tropas alemanas cuando malvivían en los campos de refugiados para republicanos, desde los que ayudaban a las tropas galas directamente con las armas o trabajando en la construcción de las defensas militares dentro de las llamadas Compañías de Trabajadores Extranjeros del ejército francés.

Inmediatamente después de la captura de los españoles, en Angulema y en otros puntos de Francia, la Embajada alemana en Madrid se puso en contacto hasta en dos ocasiones con el Gobierno español para instarle a hacerse cargo de estos miles de “combatientes rojos españoles” (rotspanienkämpfer), pero la dictadura de Francisco Franco, a través de su ministro de Exteriores, el cuñadísimo Ramón Serrano Suñer, se limitó a responder que no reconocía a ningún español más allá de sus fronteras y que, en su condición de “apátridas”, Alemania era libre para hacer con ellos lo que quisiera, a pesar de que, como demuestra la documentación, el Gobierno español conocía perfectamente lo que sucedía en los campos de concentración.

En este contexto, y a causa de la dejación de las autoridades españolas, entre 10.000 y 12.000 españoles de toda condición (mujeres, hombres, niños, ancianos) pasaron de golpe de refugiados políticos a prisioneros de la Gestapo, que los marcó con el triángulo azul invertido de los apátridas y con una S de Spanier en el centro.

Según el historiador Benito Bermejo, Adolf Hitler ordenó el 25 de septiembre de 1940 el envío de “los combatientes de la España roja” a “un campo de concentración”. Tras la orden de Hitler (que salió de Berlín justo al día siguiente de un encuentro entre el Führer y Serrano Suñer en la capital alemana), fueron llegando a Mauthausen-Gusen alrededor de 7.300 españoles, entre los que destacaba el grupo de Angulema, formado por unos 400 hombres. El 26 de agosto de 1940 falleció el primer español, quien fue inmediatamente homenajeado por sus compatriotas con un minuto de silencio. Se estima que la mayoría de las muertes de españoles se produjeron entre 1941 y 1942.

La dictadura de Franco declaró “apátridas” a los españoles y los dejó a la discreción de los nazis

Mauthausen se encontraba junto a una cantera de granito en la que trabajaban los prisioneros hasta su agotamiento final (los supervivientes recordaron durante muchos años la “escalera de la muerte”, los 186 escalones por los que se tenían que cargar los bloques de granito). Asimismo, Mauthausen fue clasificado en 1941 como el único campo de concentración de categoría III, reservada a los prisioneros “culpables de acusaciones realmente graves, incorregibles, asociales y convictos por causas criminales”.

Como consecuencia de esta función política del campo, los prisioneros de Mauthausen/Gusen padecieron las condiciones de detención más severas y unos de los índices de mortalidad más altos de todos los campos de concentración del III Reich. Aunque la mayoría de los prisioneros murieron fusilados y ahorcados, además de por hambre, enfermedades y malos tratos, la cámara de gas de Mauthausen tenía capacidad para matar a 120 personas a la vez y se utilizaba con frecuencia cada vez que llegaban los transportes de prisioneros, en una especie de “alarde” para impresionar a los altos dignatarios nazis que visitaban el campo.

La presencia de los españoles fue crucial en todo momento, tal como recoge el portal de Wikipedia. Cuando empezaron a llegar prisioneros procedentes de otros frentes, los españoles, en su calidad de veteranos, ayudaron a los recién llegados a sobrevivir, a resistir ante el nazismo a la espera de la llegada de los aliados y a recopilar pruebas para ayudar en los posibles procesamientos de los verdugos y para que las siguientes generaciones conocieran lo que estaba pasando. El caso más notorio es el del reportero gráfico Francesc Boix (Barcelona, 1920-París, 1951), el “fotógrafo de Mauthausen” y único español que pudo testificar contra los jerarcas nazis en el proceso de Nuremberg.

Cerca de 120.000 personas fueron asesinadas en Mauthausen, incluidos 4.500 españoles

Otro de los testigos, uno de los 25 que continúan con vida en la actualidad, es Ramiro Santisteban Castillo. Este cántabro, presidente de la Federación Española de Deportados e Internados Políticos y prisionero número 3.237 de Mauthausen, llegó al campo de concentración el 6 de agosto de 1940 con sólo 17 años de edad, junto a su padre y su hermano mayor.

“Allí conocimos lo que nunca antes hubiésemos podido imaginar. Los trabajos en la cantera o en otros lugares hasta caer agotados; el hambre; las enfermedades; los castigos crueles. Los hijos veían consumirse a sus padres; muchos iban viendo morir a sus compañeros de luchas, a sus paisanos. Otras veces simplemente desaparecían, enviados a un destino desconocido; entonces sospechábamos lo peor, y esas sospechas un día se revelaron ciertas”, recordaba hace unos años en un artículo publicado por el Buscador de Españoles deportados a Campos de Concentración, del Ministerio de Educación y Cultura.

“De los españoles que entramos en Mauthausen solamente unos dos mil regresamos a Francia en 1945, pero algunos lo hicieron en muy malas condiciones”, recordó. Su padre falleció en el Hospital de la Salpetrière de París a las pocas semanas de volver.

Después de 1945, Mauthausen permaneció bajo administración norteamericana y, posteriormente, fue utilizado como cuartel por el Ejército soviético. En junio de1947, Moscú entregó el antiguo campo de concentración al Gobierno de Austria para la construcción de un Memorial, que fue inaugurado dos años más tarde, con el nombre de Monumento público de Mauthausen.

En años posteriores, numerosos países y grupos de víctimas fueron agregando sus propios monumentos, hasta que a principios de los sesenta se instaló en su interior un cementerio para las víctimas del campo de concentración que se encontraban en los “cementerios americanos” en Mauthausen y Gusen y en las fosas comunes de las SS.  En 1970 se celebró la primera exposición permanente sobre Mauthausen en el edificio de la enfermería y en 2003 se construyó el Centro de Visitantes.

ACTO DE HOMENAJE EN MAUTHAUSEN

Transcurridos setenta años desde la liberación, las víctimas y sus descendientes siguen dispuestas a preservar el recuerdo. La asociación Amical de Mauthausen y Otros Campos, con sede en Barcelona, ha organizado para este próximo fin de semana un viaje a Mauthausen y a Buchenwald a fin de asistir a los actos organizados por los Comités Internacionales, en los que participan delegaciones de 21 países. En el viaje participarán 150 personas procedentes de Aragón, Valencia, Cataluña, Valencia, Madrid, Cantabria y Menorca, entre otros lugares, además de representantes políticos (entre ellos el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Garcia-Margallo) y alumnos de institutos de secundaria que participan del proyecto de Red de Memoria y Prevención del Fascismo, Nunca Más, que impulsa la Amical española.

Entre los actos previstos, que se llevarán a cabo en el Castillo de Hartheim, en Ebensee, en Gusen y ante el monumento español del campo Mauthausen, destaca la inauguración de una placa en la casa de Anna Pointer, la mujer que ayudó a esconder los negativos de las fotografías realizadas por Boix, que permitieron posteriormente conocer las atrocidades cometidas en el campo y ayudaron al propio fotógrago a intervenir como testigo en los juicios de Nuremberg, según informó este lunes Amical en un comunicado.

En el mismo comunicado, difundido con motivo del aniversario, Amical ha advertido de que “aún quedan muchas reivindicaciones pendientes, entre ellas el reconocimiento jurídico de las víctimas (tal y como se ha reclamado esta semana pasada en el Congreso de los Diputados), el reconocimiento de víctimas de la deportación a las familias,  el reconocimiento de lo que significó el exilio y la deportación en pérdidas de capital humano, político, cultural y social para pueblos enteros y para la sociedad española en general”.

Asimismo, ha llamado la atención sobre la necesidad de que se reconozca “la complicidad del régimen franquista y del régimen de Vichy, los pactos entre Franco y Hitler, que convirtieron en apátridas a los exiliados españoles y en víctimas de los campos de exterminio”. “No podemos olvidar tampoco que las víctimas fueron estigmatizadas y culpabilizadas durante más de 40 años, negando sus derechos y reconocimientos, a ellos y a sus familias, y prohibiéndoles constituir una  asociación de apoyo”, ha añadido.