Desde Europa no creen que las grandes compañías tecnológicas estadounidenses sean gigantes con pies de barro. Por eso, mojan el suelo del viejo continente para que no todo sea tan sencillo. ¿O es irreal?

Cuando el hambre y las ganas de comer se abrazan de forma pecaminosa suceden cosas extrañas. Así, desde hace unos meses parece que hubiera una especial persecución contra las empresas tecnológicas estadounidenses. Muchos lo resumen por el ansia de legislar cuanto antes de los nuevos comisarios y, de paso, de mandar un mensaje a los 28 estados miembros de la Unión Europea.

Pero, ¿es cierto que haya algún tipo de persecución especial contra los gigantes tecnológicos de Silicon Valley (y de otros lados)? Basta con echar un vistazo a la prensa europea para afirmar que sí. Día tras día, compañías como Google, Apple o Facebook aparecen en la prensa como los enemigos públicos. En parte es cierto. Es decir, Apple tiene problemas fiscales en algunos países, Facebook y la protección de datos no terminan de acertar en su maridaje y a Google directamente le acusan de existir.

Con esta situación encima del tapete, puede ser que detrás de todo esto haya más mito que realidad. Según unos documentos a los que ha tenido acceso The Wall Street Journal, de las últimas 30 iniciativas legislativas antimonopolio que ha llevado a cabo la Comisión Europea sobre 81 empresas, sólo 21 eran compañías con domicilio en Estados Unidos.

Además, en lo que se refiere a la parte monetaria, bien es cierto que representan el 48% del dinero recaudado por la CE en multas. Pero tiene truco. De esa cantidad (1.360 millones de euros), Microsoft se ha llevado casi la mitad: 561 millones. De esta manera, el gigante informático ha sido el único castigado realmente.

Los problemas reales

Vista la engañosa realidad de persecución contra los grandes gigantes estadounidenses, lo cierto es que hay una serie de problemas comunes que debe afrontar y unificar Europa con todas las empresas, no sólo las del otro lado del Atlántico.

Hay tres cuestiones que preocupan al nuevo ejecutivo europeo de forma prioritaria. El primero de ellos tiene que ver con los impuestos y la recaudación tributaria que deben soportar las empresas. En general éste es un problema ligado a cualquier tipo de actividad, pero las compañías tecnológicas han alimentado esta situación debido a su nula necesidad física de estar establecidos en un país concreto para prestar sus servicios.

Otro problema, histórico aunque ahora parezca dejar boquiabiertos a todos, tiene que ver con las situaciones de posición dominante. No es nuevo porque precisamente Microsoft lleva más de 20 años con la Unión Europea a cuestas, y acumula más de 2.000 millones de euros en multas por este asunto. Por ello, la situación que ahora mismo encarna Google no debería suponer sorpresa alguna aunque muchos, por espurios intereses, lo magnifiquen.

La tercera de las cuestiones tiene que ver con la protección de datos. Aquí es Facebook y las redes sociales quienes tienen más posibilidades de salir zarandeadas. Aunque cómo no, Google también está en el punto de mira debido a su inmensa gama de servicios donde se necesita de un registro personal.

6 de mayo y números

La clave de este asunto se dibuja en el horizonte del 6 de mayo, fecha en que la Comisión Europa quiere plantar las nuevas bases digitales para Europa. Así, entre las grandes preocupaciones está la asimilación de los OTT a las empresas de telecomunicaciones. Asimismo, y no se sabe si como aviso a navegantes, quieren proponer unas bases comunes para los 28 países miembros y, lógicamente, las empresas no europeas que hagan negocio.

Parece razonable la posición de la Comisión Europea de endurecer las normas para que todas las empresas tengan las mismas reglas de juego. Aunque la situación real no pone en ventaja a las tecnológicas de Estados Unidos.

Otros datos que aporta WSJ, por ejemplo, tienen que ver con las comisiones anticárteles que se han llevado a cabo. En este sentido, en las fechas comprendidas entre 2010 y 2014, se investigó a 231 empresas, de las cuales sólo 17 tenían base de operación en Estados Unidos.

Se da la misma situación con las cuestiones regulatorias en cuanto a fusiones. De los 67 casos estudiados sobre 145 empresas, 110 eran europeas y 35 americanas. Con estos datos, parece desmedido poner el foco únicamente en las 4 o 5 empresas que más ruido generan en los medios de comunicación. Europa vigila, parece ser, a todos por igual.

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