El número tres de Podemos abandona la dirección del partido tras criticar que el proyecto que ayudó a crear y consolidar se ha desvirtuado. Su protagonismo había decaído mucho en los últimos meses, a raíz de la polémica que suscitaron sus trabajos en Latinoamérica.

Pocos descensos a los infiernos de la política española han sido tan fugaces como el de Juan Carlos Monedero. Y, sin embargo, a nadie le pudo pillar ayer por sorpresa la dimisión del que fuera ideólogo de Podemos, hacedor junto a Pablo Iglesias del proyecto político que pretendió canalizar el descontento ciudadano con gobernantes e instituciones y que ahora ve gravemente comprometida su viabilidad como partido de mayorías.

El adiós de Monedero tiene mucho de metafórico, pues se produce no tras la polémica de sus trabajos en Latinoamérica y el ulterior expediente abierto contra él en la Complutense, sino en plena caída de la formación que ayudó a crear. Se va cuando las voces que empiezan a entonar el orteguiano “no era esto, no era esto” se multiplican, cuando la verticalidad hacia la que camina el partido está neutralizando el asambleísmo que le vio nacer, cuando las tensiones internas por decidir qué línea seguir comienzan a lastrar el funcionamiento ordinario de la organización, cuando el tacticismo que parece acompañar a cada decisión importante hace recelar a los puristas del movimiento. Se marcha, en definitiva, cuando cree prescindible al secretario de Programa y Proceso Constituyente en un partido que ya no defiende que en España deba haber un proceso constituyente. Monedero se va justo cuando Podemos, por primera vez desde su nacimiento, cotiza a la baja en las encuestas.

Lo cierto es que el profesor lleva meses despidiéndose, como si se estuviera yendo en diferido. Ayer contaba en Radiocable que últimamente, al dar muestras de su hastío de la política, ha tenido que escuchar repetidamente una pregunta que no soporta: “¿Es que no sabías dónde te metías?”. “Pues no”, respondía, “¿dónde está escrito que hacer política concreta implique firmar un salvoconducto para la mentira, para el engaño, para la traición, para las malas artes? Yo creo que en ningún lado”.

Las pistas definitivas las había dado en la presentación del libro-entrevista de Ramón Lobo ‘Conversación con Juan Carlos Monedero’, deslizando que no iría en lista electoral alguna -qué lejos quedaba el tiempo en que sonaba como alcaldable para Madrid- y señalando el distanciamiento del partido con sus principios fundacionales. Mucho más explícito fue ayer, llegando a decir que ahora para la dirección “es más importante un minuto de televisión” que participar en los círculos. Poco después de eso, presentó su dimisión y el secretario general la aceptó.

El ‘verso suelto’ no se somete a disciplinas

A sus 52 años, Monedero ha ejercido en Podemos de guía espiritual entre el ejército de mancebos voluntariosos que se unieron en torno a él e Iglesias, encauzando unos ímpetus que sabía reconocer. “Casi todo ha pasado ya” escribía el lunes Ignacio Urquizu en El País para explicar el declive de Podemos. Bien parece haberlo tenido presente Monedero todo el tiempo, no por ello dejando de alentar un proyecto en el que cree tanto como irrealizable lo considera. Quiso ayudar a cargar la piedra de Sísifo sabiendo que, al llegar a la cima, el premio sería volver a la base a empezar de cero.

Ahora se hace a un lado porque “uno tiene que saber dónde se mueve mejor” y desde luego la suya no es un alma hecha para la disciplina de partido, las relaciones de poder internas, las familias, los tejemanejes que por definición componen y compondrán siempre la esencia de las formaciones políticas.

Pero el romanticismo con el que se despide Monedero, erigiéndose rebelde e indomable bregador por inalcanzables utopías, no debe opacar el resto de circunstancias que rodean su dimisión. Es posible que ya estuviera desencantado antes de que se supiera que tuvo que hacer una declaración complementaria de la renta para evitar problemas con Hacienda. Es posible también que se hubiera generado antes de que trascendiera que ingresó 425.000 euros por asesorar a Gobiernos latinoamericanos en la creación de una moneda única, labor que se hizo en virtud de un contrato nunca presentado. Todo eso es posible, pero nunca lo sabremos porque nunca lo manifestó.

Ha sido después de estar en el candelero cuando el profesor ha hecho público su desencanto. “Falta compasión” en la política, dijo ayer también. Nadie puede pensar que Monedero la esperaba de sus rivales políticos, así que solo cabe colegir que la decepción le ha venido desde dentro, desde su partido, ese cuyas bases se plantearon revocarle en la época de mayor convulsión. Se había llegado a un punto en que ni Monedero estaba a gusto con Podemos ni Podemos estaba a gusto con Monedero.

El exnúmero tres del partido ha esperado a concluir el programa electoral, que se empezará a presentar el martes, para dar el portazo. Tras unos meses relegado a esa tarea poco vistosa y apartado de los platós que el año pasado copaba, ha decidido que hasta aquí hemos llegado. La semana que viene comienza una campaña electoral en la que su papel iba a ser muy secundario, como testimonial lo fue en la andaluza, y mejor retirarse a los cuarteles de invierno. Porque él se queda con Galeano antes que con ‘Juego de Tronos’. Y Galeano lo dejó dicho: “Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”.

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