BFA, la entidad estatal propietaria del 62,9% de Bankia, ha vendido en el primer trimestre de 2015 deuda pública española por importe de 1.600 millones obteniendo una rentabilidad del 40%. Aún cuenta con más de 6.000 millones de deuda a vencimiento.

El Banco Central Europeo (BCE), amarrado a sus estatutos, se negó a financiar directamente a los Estados en lo peor de la crisis. Por mucho que se disparasen las primas (la rentabilidad exigida a los bonos por encima de la deuda alemana), prefirió inyectar dinero barato en vena a la banca y que fuese ésta la que lo invirtiese allí donde estimase oportuno. Con la morosidad mordiéndole las entrañas y burbujas estallando aquí y allá, la banca no dudó. El dinero a un interés por debajo del 1% que recibía a espuertas del BCE no fue a alimentar la economía real a través del crédito. Se destinó en una parte importante a comprar deuda pública, es decir, a financiar a los Estados pero a un altísimo precio para algunos de ellos, como fue el caso de España.

A una inversión considerada históricamente como la más segura y por tanto con rentabilidades limitadas se le exigió durante muchos meses y por diferentes motivos (incluido un buen número de trampas de los mercados) la misma rentabilidad que se habría pedido por un crédito al consumo de una familia hipotecada. Más de un 7% se llegó a pedir al bono español a diez años en aquel fatídico verano de 2012. El coste de los intereses de la deuda se convirtió en un grillete de unos 30.000 millones de euros al año en los Presupuestos Generales del Estado.

El carry trade, que es como se llama esta operativa de coger prestado dinero barato y utilizarlo para comprar deuda con altas rentabilidades, sustituyó buena parte del negocio tradicional abandonado por la banca. Hoy, con la deuda española en mínimos históricos gracias en buena medida a que el BCE ha decidido al fin comprar directamente títulos (incluída deuda pública), los bonos comprados en aquella época de estrés que se inició en la primavera de 2010 son oro en los balances de las entidades. 

BFA, el hólding estatal propietario del 62,9% de Bankia, ha decidido lanzarse a sacarle partido. Según los resultados del primer trimestre, hechos públicos ayer, la dueña de Bankia ha vendido 1.600 millones de euros de deuda pública española, obteniendo una ganancia neta de 634 millones, es decir, casi un 40% de rentabilidad. 

8.000 millones a finales de 2014

Esto no acaba aquí. A finales de 2014 el saldo vivo de cartera de deuda a vencimiento de BFA era de 8.000 millones de euros, en su inmensa mayoría, deuda pública española. Según explicaron a Sabemos fuentes de la entidad, esa cartera que ha empezado a venderse ahora procede de las siete cajas que unieron sus destinos en BFA, germen de Bankia, desde mediados de 2010 (Caja Madrid, Bancaja, Caja de Canarias, Caja Ávila, Caixa Laietana, Caja Segovia y Caja Rioja). 

La intención es seguir vendiendo. Según el consejero delegado de Bankia, José Sevilla. “En el contexto actual y teniendo en cuenta el Quantitative Easing (la emsión de euros por el BCE para comprar deuda) es un buen momento para realizar plusvalías y sacar ventaja de la situación”.

Invertir en deuda española ha sido un fantástico chollo para la banca durante la crisis, un segundo y gigantesco rescate directo a sus dañados balances. En el caso del BFA, propiedad del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (Frob), es decir, pública, queda el consuelo de pensar que en algún momento y de algún modo la ganancia podría retornar al fondo común de las arcas públicas. De la deuda en manos de otras entidades no se puede esperar lo mismo. 

Bankia obtuvo un beneficio en el primer trimestre de 2015 de 244 millones de euros, un 12,8% más que en el mismo periodo de 2014. BFA, su matriz, obtuvo un beneficio neto de 919 millones. Sin la venta de deuda pública, el resultado se habría quedado en 285 millones.