El PP se ve vetusto, pasado de moda, incapaz de soltarse la melena y dar ese paso que demandan no sólo sus afiliados y votantes sino también la sociedad española.

Tito

La sola presencia de cualquiera de sus candidatos o dirigentes nos lleva sin remedio al siglo pasado, sus formas de vestir, de expresarse, su continua defensa de cosas indefendibles. Su mera posición es un recuerdo de lo que la sociedad quiere olvidar.

Estamos en una nueva era política, tanto en sus formas como en sus fines, y un partido tiene la obligación, si quiere sobrevivir, de adaptarse a las nuevas tendencias, lo cual no significa una renuncia a su espíritu e ideología. Alguien debería explicárselo a esa gente que dirige el, hasta ahora, primer partido del país.

Con más sombras que luces, aunque con bastante eficiencia, está consiguiendo que remontemos una de las peores recesiones económicas que recuerda España. Ellos, con medidas impopulares, duras y a veces rozando el esperpento, están consiguiendo que veamos cierta luz al final del túnel, lo cual no les dispensa de las sombras que les rodean. Pero, siendo justos, no sabemos si había otra manera de levantar cabeza.

No sé, a ciencia cierta, qué se nos viene encima con lo que parece que nos dará la nueva situación del mapa político. Es una incógnita si la división de los representantes políticos será útil o inútil para el país. Tal vez ganemos en transparencia , tal vez perdamos en eficiencia. Todo ello está por ver. Lo que, sin duda, no es conveniente para este país, es que partidos como el PP o el PSOE pasen a tener un papel irrelevante. Ellos, después de todo, han conseguido, con la inestimable y a veces tozuda ayuda de todos nosotros, que lleguemos a este puerto es que es mejorable, pero es nuestro.